Por Rubén M. Gatti

El estrés y el gato

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Introducción

A medida que avanza la medicina felina, se encuentran más trastornos relacionados con situaciones de estrés o displacer para algunos ejemplares de la especie.
 

En este punto, los gatos son muy parecidos a los seres humanos, porque frente a las mismas circunstancias negativas, algunos resultan más afectados que otros. Por ejemplo, frente a un estímulo ambiental, como la presencia de un extraño en su territorio, algunos se esconden, otros agreden, otros se lamen en forma persistente y otros van a saludar contentos.
 

Situaciones que producen estrés en el gato

Se han hecho infinidad de estudios tratando de determinar qué puede ser una situación de estrés en el gato. Se mencionan, por ejemplo, un propietario problemático, vivir con otros gatos, la ubicación y cantidad de bandejas sanitarias, la ubicación del comedero y bebedero, el cambio brusco de alimento, el cambio de la rutina, la ausencia del propietario, la invasión real o imaginaria del territorio, etc.
 

Pero estas situaciones no son estresantes para todos los gatos, sino sólo para aquellos que tienen un determinado carácter o temperamento sensible, de acuerdo a su genética y también a las experiencias por las que pudo haber pasado.
 

El estrés y el bienestar animal

El bienestar animal, definido a grandes rasgos como una situación en la que hay bienestar físicopsíquico, se ve obviamente afectado por el estrés. Toda situación estresante, si se perpetúa en el tiempo y el animal no tiene la capacidad de neutralizarla, producirá en algunos pacientes una alteración del bienestar psíquico (derivado en comportamiento anormal), y en otros, alteraciones físicas (distintas enfermedades orgánicas).
 

Consecuencias del estrés crónico en gatos sensibles

- Trastornos del comportamiento

- Trastornos orgánicos
 

Los gatos pueden presentar comportamientos anormales derivados de una situación de estrés o frustración. Por ejemplo, modificaciones en las rutinas o la ubicación inadecuada del comedero o bebedero pueden desencadenar la marcación territorial con orina, y la falta de higiene o el cambio del material de la bandeja sanitaria pueden producir la micción y defecación ectópica.
 

En algunas oportunidades, he observado gatos sanos que tras un cambio de alimento (por otro de mejor calidad) desarrollaban un cuadro de cistitis idiopática dentro de las 2 semanas siguientes, lo cual sólo se podría atribuir al estrés provocado por la moficación en la dieta.
 

Hay una diversidad de signos clínicos etológicos y orgánicos que pueden expresar alteración emocional,algunos muy evidentes y otros más sutiles, como se detalla en el siguiente cuadro: 
 

Algunos marcadores de alteración emocional en el gato

- Alteración de la conducta eliminatoria (orina y materia fecal).
- Diversos grados de agresión intra y extraespecíficos.
- Pica, ingestión o succión de lana u otros materiales.
- Signos bucales, como gingivitis.
- Signos digestivos, como vómitos y diarrea.
- Diversos grados de automutilación (dermatitis psicogénica)
- Enfermedad del tracto urinario inferior idiopática.
- Afecciones bronquiales.
- Alteración de la conducta materna (canibalismo, abandono de crías, etc.)
- Estados inhibitorios que generan disminución en la ingestión de alimentos y la actividad física, al principio durante el día, y luego en forma permanente
 


Vivir adentro y gatos sensibles

Durante muchos años he tratado con mis artículos y conferencias de propagar la idea de que el gato debe estar dentro de las casas o departamentos, el mayor tiempo posible de su vida. De esa forma, se produce una mejor socialización y también se genera un vínculo emocional muy fuerte con su propietario, lo que lo convierte en un mejor animal de compañía y, eventualmente, en el mejor paciente felino, tal como se ve en forma cotidia en el consultorio.
 

Pero, por otro lado, “algunos” de los felinos que viven de manera permanente adentro, pueden manifestar trastornos por distintos tipos de estrés ambiental. Estos gatos, evidentemente, tienen una sensibilidad especial que los hace reaccionar frente a situaciones en las que otros congéneres no reaccionan, aunque es posible que puedan manejar mejor su reacción al estrés en otras condiciones ambientales. y aquí surge otro componente de esta problemática que es el ambiente y su nivel de enriquecimiento. obviamente, a mayor sensibilidad al estrés de un individuo, es necesario mayor enriquecimiento del ambiente donde él vive.
 

En este punto, es lógico que se presente nuevamente la disyuntiva gato adentro vs. gato afuera. Es posible que ese gato sensible tenga en el exterior más formas naturales de amortiguar su sufrimiento o de manejar las situaciones estresantes, pero también tendrá muchos más riesgos para su salud y su vida, estará expuesto a distintos tipos de accidentes y enfermedades infecciosas y parasitarias, y en definitiva, vivirá mucho menos tiempo que aquel que vive adentro. Entonces, quizás sea necesario utilizar el criterio del mal menor y, sin ninguna duda, en este caso el mal menor es vivir adentro.
 

Desafíos de la medicina felina

¿Qué podemos hacer los veterinarios frente a esta situación? Por un lado, convengamos que todavía tenemos pocos conocimientos científicos sobre el problema. Sabemos que hay gatos sensibles, que resultan muy afectados por las situaciones de estrés crónico y que tarde o temprano desarrollarán un trastorno de comportamiento o una enfermedad orgánica. Por lo tanto, nuestro deber es amortiguar esas reacciones adversas al estrés y tratar de mantener la mejor relación posible entre el gato y su propietario.
 

En base a esto, hay que recordar un concepto básico en medicina felina: es imprescindible enriquecer el ambiente. Esto significa que una casa con gatos debe tener como mínimo, plataformas de altura, lugares donde esconderse y juguetes con lo que se pueda reproducir la actividad predatoria del felino, además de todos los implementos básicos (comedero, bebedero, bandeja sanitaria y varias camas) en cantidad suficiente y ubicados correctamente.
 

Tenemos muchos desafíos por delante. Por un lado, tratar de encontrar alguna forma de medir el grado de estrés que pueda sufrir un paciente felino, ya que en este momento no hay manera de hacerlo en el laboratorio con pruebas confiables.
 

En segundo lugar, identificar la probable etilogía de la situación de estrés que afectó a ese paciente, teniendo en cuenta que puede haber tantas causas como pacientes sensibles.
 

En tercer lugar, encontrar los mecanismos intrínsecos de la enfermedad o lesión predominante y, de esa forma, poder también contrarrestar la afección desde la farmacología. Por ejemplo, el día que se conozca la causa bioquímica de la cistitis idiopática felina o la dermatitis psicogénica, tendremos una forma más racional para abordar su tratamiento farmacológico.


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