El coronavirus de la bronquitis infecciosa. Un viejo conocido de los Veterinarios

El coronavirus de la bronquitis infecciosa. Un viejo conocido de los Veterinarios

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Manuel Pizarro Díaz
Catedrático de Anatomía Patológica.
Diplomado del European College of Veterinary Poultry Science.
Facultad Veterinaria, UCM


La bronquitis infecciosa (IB) es una enfermedad de las gallinas y pollos, que se describió por primera vez en los Estados Unidos en 1931, como una enfermedad respiratoria de los pollitos y la causa viral fue establecida en 1936.
Desde entonces, la enfermedad se identificó en pollos broilers, ponedoras y reproductoras de todo el mundo. En los años 50 del siglo pasado se comenzaron a describir diferentes cepas y serotipos, siendo en la actualidad numerosísimas. A partir de los años 60 ya se describieron los tres grandes cuadros clínicos a que dan lugar estos coronavirus atendiendo a los tejidos diana de los diferentes serotipos de virus: respiratorio, renal y reproductor.


Los coronavirus y el virus bronquitis (IBV)

El Grupo de Estudio de Coronavirus del Comité Internacional de Taxonomía Viral modificó en 2009 la  clasificación de la familia Coronaviridae, definiendo la subfamilia Coronavirinae, con tres Géneros: Alfacoronavirus, Betacoronavirus y Gammacoronavirus (correnpondían a los antiguos grupos 1, 2 y 3). Los géneros Alfacoronavirus y Betacoronavirus afectan a mamíferos y al Hombre, así entre los primeros se encuentran algunos coronavirus productores de diarrea en los cerdos, y entre los segundos el coronavirus productor de neumonía humana COVID-19 responsable de la actual pandemia. El género Gammacoronavirus incluye solo virus que afectan a las aves, por lo que en el mismo se encuadra el virus de la Bronquitis infecciosa aviar (IBV). Recientemente se creó un nuevo género, Deltacoronavirus.
El genoma vírico del IBV es uno de los ARN viral más grande identificado, estando compuesto por una molécula de ARN de cadena simple, con unas características que le permiten actuar como un ARN mensajero en las células infectadas. La mayor parte del genoma corresponden con el ORF 1 (gen de la replicasa). El ORF 1 codifica para proteínas no estructurales asociadas con la replicación del ARN y la transcripción. El resto del genoma del IBV codifica para cuatro proteínas estructurales: la glicoproteína S, la proteína M, la E y la N.

La tasa de recombinación del ARN en los coronavirus es muy elevada. Este mecanismo de recombinación del ARN es un fenómeno que sucede de manera similar a la replicación del ARN viral y dota a los virus resultantes de un mecanismo de intercambio genético que incrementa su diversidad. Es decir que da lugar a una progenie viral con secuencias genómicas diferentes; o lo que es lo mismo, nuevos virus con genomas modificados que le permitan infectar células diferentes y en algunos casos genera salto entre distintas especies de animales. Así pues, la recombinación puede dar lugar a la generación de diferentes especies de coronavirus o bien a diferentes genotipos de la misma especie.
Posiblemente esta es una de las principales causas de los fallos observados en los programas vacunales de control del IBV en pollos, que estaría relacionada con la continua aparición de nuevos serotipo/genotipos del virus. Así entre los primeros que se identificaron y de mayor interés en avicultura estuvo el serotipo Massachusetts (Mass), del que se obtuvieron la mayor parte de vacunas vivas atenuadas.

Posteriormente se fueron identificando cientos de serotipos o variantes del IBV que se han descrito en el mundo, como el Arkansas (Ark), California 99 (Cal99), Georgia (GA98), Delaware (DE072) en los Estados Unidos. En Europa, se han identificado así mismo muchas variantes del IBV, en Inglaterra y Holanda se aislaron al menos cuatro serotipos diferentes, el D207 o D274, D212 o D1466, D3896 y D3128. Otras muchas variantes nuevas se han aislado en otros países europeos como Francia, Bélgica, Italia, Polonia y España. De importancia internacional en los últimos años del siglo pasado ha sido la variante llamada 4/91, también conocida por 793B y CR88, la cual emergió en la década de los 90 y alcanzó una distribución global. También ha tenido una gran repercusión en Europa una cepa que se describió en 2006 en China, posiblemente la variante de mayor significación a nivel mundial de este siglo que fue denominada como cepa QX, o cepa China, como era conocida por los avicultores.
A todo lo anteriormente expuesto hay que añadir que en avicultura se han utilizado a veces cepas poco atenuadas para controlar la enfermedad, así se han utilizado generalmente primovacunaciones con cepas muy atenuadas (por ejemplo la H120, cepa Holandesa derivada del serotipo Masschusetts, con 120 pases en embrión de pollo) pero de escaso poder inmunógeno, que tenían que ser complementadas con otras de mayor poder inmunógeno, pero a la vez con mayor poder patogénico (por ejemplo la H52, también del serotipo Masschusetts) empleada en el control de focos calientes. De esta forma, existen evidencias que los IBV detectados en algunos países, tales como China, derivan de cambios genéticos tanto de virus campo, como de los virus vacunales introducidos a través de las vacunas vivas usando cepas atenuadas.


La enfermedad (IB)

La IB es una enfermedad de distribución mundial. Afecta a pollos de todas las edades, aunque la enfermedad es más severa en los pollitos, con mayor mortalidad. El virus es altamente infeccioso, se disemina horizontalmente a través de aerosoles, material orgánico, agua de bebida y equipos contaminados. Se considera que no presenta transmisión vertical, aunque se ha observado la contaminación de la superficie de los huevos, por lo que puede ser una posible vía de diseminación en las plantas de incubación.
Los dos mayores problemas que plantea el control de esta enfermedad son:

  • La gran variabilidad del virus (como se ha comentado), lo cual hace que las vacunas sean protectivas para los animales hasta que emerge una cepa con características antigénicas diferentes, lo cual es demasiado frecuente.
  • Las diferentes formas clínicas que presenta la infección. Ya que se producen infecciones desde asintomáticas hasta realmente graves para los animales.

En cuanto a estas últimas, es decir las formas de enfermedad, y aunque los signos clínicos más evidentes y primero reconocidos son los correspondientes a cuadros respiratorios, estos pueden ser muy variables. Clásicamente se caracterizaron por tos, inflamación de senos, estornudos, ruidos traqueales al respirar, lagrimeo, letargia con plumas erizadas, así como descarga nasal y ocular. Las aves jóvenes se muestran deprimidas y se agrupan bajo la fuente de calor, apareciendo febriles. En los pollos mayores y en aves adultas los signos clínicos suelen ser menos acusados y puede que no se advierta la enfermedad. Incluso se han realizado estudios experimentales en los que se pone de manifiesto la importancia de otros factores en el desarrollo de la enfermedad clínica; así en ocasiones la sola inoculación de los virus no produce ningún signo clínico, si bien si se inocula a la vez una dosis adecuada de E. coli, o bien se someten los animales a stress por frio, se pueden desencadenar cuadros clínicos más o menos severos. De hecho muchos pollos mueren como consecuencia de infecciones secundarias por E. coli, cursando con evidente inflamación de sacos aéreos. La contaminación en las granjas también es un factor muy importante en la  severidad de lesiones, así en naves mal ventiladas, con alto contenido en CO2 o amoniaco típicos en el invierno, se suelen desencadenar cuadros respiratorios mucho más severos.

Así mismo y como ya se adelantó existen otros dos tipos de cuadros clínicos, según los virus, que en general son epiteliotrópicos muestren predilección por los riñones o el aparato reproductor. Los dos cuadros típicos:

  • Cuadro renal: aparece en infecciones de las llamadas cepas nefropatógenas, es decir que tienen un especial tropismo por las células epiteliales de los túbulos renales. Provocan la aparición de riñones hinchados y pálidos, sin brillo con los túbulos distendidos y uréteres con cristales de uratos. Se aprecia
    una nefritis intersticial subaguda de tipo plasmocitario muy severa con destrucción de los túbulos; lo cual conduce a un fallo renal muy grave, cuya consecuencia es un cuadro de gota visceral aguda, ya que como todos sabemos estamos ante un animal uricotélico, pudiendo observar una deposición de uratos a nivel de uréteres y en las diferentes serosas del animal.
  • Cuadro reproductor: Se trata de un cuadro muy característico de gallinas ponedoras o reproductoras que se infectan por variantes víricas con especial tropismo por células epiteliales del oviducto. Generalmente la clínica se manifiesta por una caída en la producción de huevos y por la aparición de huevos con deformidades más o menos importantes, desde una simple falta de pigmentación de la cáscara en gallinas de huevo marrón, a auténticas malformaciones de cáscara o la ausencia de la misma al verse gravemente afectadas las células productoras del calcio a nivel del oviducto.

Existe además un cuadro muy característico que se describió en gallinas en los años 50 del siglo pasado, cuando son infectadas por virus bronquitis en su etapa de pollitas recién nacidas, se trata de lo que se denominó “falsas ponedoras”. Los animales son infectados en primera semana y prácticamente no muestran signos de enfermedad, sin embargo cuando llegan a su edad productiva se observa que no ponen huevos, siendo animales aparentemente sanos.

Cuando realizamos la necropsia a estas aves, podemos observar a veces la falta de oviducto, a veces oviductos más cortos o finos (hipoplasia), sin demarcación entre el magnum y el istmus, menor desarrollo glandular y sobre todo suelen ser patentes los quistes del oviducto o del ligameno (mesosalpinx). Posiblemente todos estos defectos del desarrollo sean consecuencia de esa infección en primera semana de vida y que afectó de una forma especial a las células del oviducto y su posterior desarrollo.


Diagnóstico

Los signos clínicos y las lesiones no son patognomónicos de la IB, por lo cual hemos de recurrir a diferentes técnicas laboratoriales:

Identificación del virus: El IBV se puede aislar en embriones de pollo libre de patógenos específicos (SPF) de nueve a 11 días de desarrollo. Sin embargo, se requieren varios pases sucesivos para el aislamiento del mismo. También se ha realizado en diferentes tipos de cultivos celulares e incluso células de tráquea. El virus produce alteraciones del desarrollo embrionario bastante específicas, si bien en ocasiones hay que realizar otras pruebas de identificación.
Los virus pueden identificarse por inmunohistoquímica, microscopía electrónica o bien mediante RT-PCR (reverse transcription-polymerase chain reaction). Esta prueba hoy día es la de elección ya que se pueden identificar las diferentes cepas o tipos víricos, permitiendo incluso la diferenciación de los virus vacunales de las cepas de campo.
En la actualidad la rRT-PCR (RT-PCR en tiempo real) para la detección del virus es la técnica de elección y se emplea como diagnóstico de primera línea. Ofrecen varias ventajas sobre la RT-PCR convencional. Los resultados se obtienen directamente sin necesidad de una electroforesis adicional o visualización de la reacción de amplificación, es un ensayo altamente sensible y específico.
Serología: La prueba más utilizada es la de ELISA, ya que es rápida, sencilla y sensible pudiendo cuantificar la respuesta de anticuerpos de lotes sospechosos, incluso tiene un buen valor para determinar la respuesta a la vacunación. También se pueden emplear la virus neutralización (VN) aunque es cara, y la inmunodifusión en gel de agar (AGID), aunque no tienen excesiva sensibilidad. Debemos destacar que en medicina aviar nuestro paciente no es el animal, sino todo el lote, por lo que en muchas ocasiones nos interesa conocer el estado inmunitario o la salud de un galpón despreciando al individuo, por lo cual las pruebas de ELISA se han venido utilizando de forma rutinaria, ya que permiten conocer el nivel de anticuerpos del lote.


Control de la enfermedad

La prevención y el control de la IB se intentó realizar mediante vacunas a partir de los años 60 del siglo pasado, sin embargo hoy por hoy sigue siendo un problema para las producciones avícolas en todo el mundo. Se ensayaron numeroso tipos de vacunas y programas vacunales, comenzando éstos ya al primer día de edad de los pollitos en las incubadoras; y sin embargo la enfermedad no se ha controlado con estas técnicas.

Por todo se ha recurrido a otros métodos además de la vacunación, dentro de los que se destacan: las buenas prácticas de manejo de las aves, el control de factores inmunodepresores, control del ambiente (ventilación) y de una eficiente bioseguridad. Así en la actualidad, existe el acuerdo general de que la bioseguridad es parte indispensable de los procedimientos de las buenas prácticas de producción, por ser la mejor defensa contra las enfermedades.
Si la bioseguridad y sus normas no se cumplen, de nada valdrían las técnicas de diagnóstico y la profilaxis con las mejores vacunas obtenidas por ingeniería genética. Por lo tanto, el desarrollo y el cumplimiento de un extenso programa de bioseguridad constituyen unos de los factores más importantes para reducir la incidencia de enfermedad y por tanto de las pérdidas económicas.

Las técnicas de buen manejo incluyen el estricto aislamiento, la limpieza y la desinfección de las naves, el vacío sanitario, la repoblación con pollitos de un día de edad sanos y de calidad, las buenas condiciones de ventilación y temperatura, y la densidad de animales son cruciales para el éxito productivo. Hoy día la técnica de producción de “todo dentro-todo fuera” es indiscutiblemente la más lograda. Control de entradas en las granjas: pienso, agua, personal, y otros materiales. Limpieza, cambios de ropa, prohibición de entradas a personal no autorizado, cerramientos y control de roedores, artrópodos y demás plagas… todos estos métodos que hemos utilizado en defensa de la sanidad animal, y que hoy día podríamos aplicar como normas de conducta para garantizar nuestra propia seguridad. En definitiva todos ellos son la mejor forma de evitar la entrada de patógenos en nuestras vidas.


¿Qué podemos aplicar del IBV aviar al coronavirus humano SARS-CoV-2?

Salvando las importantes diferencias filogenéticas entre el Hombre y las gallinas, así como las existentes entre la bronquitis infecciosa del pollo y la COVID-19 humana, ¿qué podemos aprender o aplicar en ambos?.
Fundamentalmente el nexo común es obvio, se trata de dos coronavirus o grupos de coronavirus, y por tanto ambos tienen unas características comunes que conllevan una forma de actuación en cuanto a patogenia, epidemiología variabilidad genética, o comportamiento en general que podría ser similar.
Como ya hemos adelantado, en España y gran parte de países el principal coronavirus de la bronquitis que ha estado afectando nuestras granjas tuvo su origen en China. Se diagnosticó a finales de los años 90, aunque se publicó en 2006. También afectaba a granjas chinas con brotes típicos de un mutante mucho más virulento que se extendió rápidamente. Después se extendió a otros países asiáticos y a Europa. Esta cepa conocida como QX o cepa variante china, parece ser, aunque no está totalmente aclarado si tuvo un origen vacunal o fue producto de una recombinación a partir de otra cepa de campo.
La conclusión que obtenemos es que los coronavirus mutan fácilmente, y cuando se transmiten por vía respiratoria y alcanzan a una especie receptiva, se difunden a una gran parte de la población. Sobre todo si esa especie o grupo vive en condiciones de alta densidad (hacinamiento) y en ambientes con mayores  contaminaciones ambientales, lo cual perjudica seriamente al aparato mucociliar.

En ocasiones se ha dicho de los coronavirus, que sería beneficiosa la infección temprana, ya que el virus respiratorio causaría un cuadro clínico más leve, que podría llevar a un mejor nivel inmunitario de nuestra población. Es decir mejoraría el estatus inmunitario del “rebaño”, o en nuestro caso el estatus del grupo. Esto ocurrió a nuestra cabaña porcina cuando llegó el virus respiratorio, el cual mejoró el estatus frente a los virus digestivos. El problema a largo plazo es que probablemente volverán a aparecer nuevas cepas más patógenas o con nuevos cuadros patológicos, como ocurrió con el virus bronquitis, que dio lugar a las cepas con tropismo reproductor o las nefropatógenas, con cuadros clínicos diferentes.
Los diversos coronavirus, como se ha dicho han causado la mayoría de las últimas enfermedades generalizadas en humanos, incluidos el SARS CoV-1, MERS y, más recientemente, la pandemia mundial de COVID-19. En algunos casos se han desarrollado vacunas protectivas para coronavirus, incluso hoy existe tecnología para desarrollarlas, el grave problema es que al aparecer nuevas cepas, sobre todo si son más patógenas que las anteriores, llevan al fracaso de la vacuna, es decir algunas vacunas podrían no proteger para algunas cepas (similar al problema de las influenzas o gripes estacionales); lo que conlleva a la necesidad de investigar nuevas y costosas vacunas de forma continua.
Por todo ello, y sin olvidar el crucial tema de las vacunas, dentro de los programas de lucha se deben incluir dos aspectos importantes, por un lado el diagnóstico y asilamiento/eliminación de los individuos portadores o con infecciones asintomáticas que pueden ser fuente de infección para sus congéneres (hecho fehacientemente demostrado en otros coronavirus), y por otro todos los aspectos de bioseguridad anteriormente expuestos, es decir la utilización de barreras que impidan ese contacto con el virus, que no solo podría estar en otros individuos, sino en vectores inertes como la ropa o el pelo de los cuidadores, en los alimentos o en los objetos de uso cotidiano.
Hay un detalle final que a nosotros como occidentales nos llama mucho la atención: ¿por qué siempre parecen estar por medio los murciélagos?. Estos animalitos voladores que nos parecen todos iguales en nuestras latitudes, del Orden de los Quirópteros, Tienen más de mil especies en el mundo, que representan el 20% de los mamíferos, y además son animales muy curiosos. Los murciélagos son los únicos mamíferos que puede volar, lo que les permite propagarse en grandes cantidades por áreas muy amplias, lo cual significa que pueden albergar y transmitir gran cantidad de enfermedades a grandes distancias, y ser vectores de numerosos patógenos.
Pero es que además estos pequeños y misteriosos mamíferos voladores, por el mero hecho de volar también tienen unos requerimientos fisiológicos adecuados a dicha actividad, lo cual ha llevado a que su sistema inmunológico se volviera muy especializado. Entre otras cosas, cuando los murciélagos vuelan, parece ser que tienen una temperatura corporal más alta de lo normal, más o menos similar a la típica de la fiebre. Esta temperatura alta no la presentan cuando están en reposo durante el día, sin embargo su temperatura corporal sube dos veces al día, cuando vuelan para alimentarse y luego cuando vuelven a descansar. Y así, los patógenos que han vivido en los murciélagos han evolucionado o se han adaptado para resistir estas temperaturas corporales altas como febriles, e incluso estos cambios de temperatura posiblemente favorezcan de alguna manera las recombinaciones víricas de los coronavirus. Estas hipótesis podrían de alguna manera explicar la gran cantidad de virus diferentes que han aparecido en los últimos años en los quirópteros. A parte de la gran cantidad de especies de murciélagos y su gran capacidad de dispersión.

Tomado de “Cría y Salud en Bovino y Porcino en Medicina Veterinaria” Axon comunicacion


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