Trastorno compulsivo

Trastorno compulsivo

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Rubén Eduardo Mentzel
Médico Veterinario, UBA, Argentina. Diploma de Docente Autorizado, UBA. Diplomado en Etología Clínica, CLEVe. Especialista en Docencia Universitaria, UBA. Especialista en Clínica de Caninos y Felinos, CVPBA, Argentina. Especialista en Etología de Caninos y Felinos, CVPBA y CPMV, Argentina.

 

Definición

Comportamientos anormales caracterizados por acciones repetitivas y persistentes, relativamente invariables, sin función obvia, que parecen tener un objetivo, pero fuera de contexto, e interfieren con el  comportamiento normal. Por lo general estas conductas derivan de pautas de conducta normales (acicalamiento, locomoción, exploración y alimentación), pero son excesivos en duración, frecuencia e intensidad. Son la expresión (signos) de una patología comportamental compleja como resultado de un
conflicto existente o previo que causó cambios etoneuropatológicos en el cerebro.


Prevalencia

Este trastorno corresponde a distintas signologías de relativa frecuencia en la clínica diaria, como el  granuloma acral por lamido y la persecución de la cola con o sin autolaceración en caninos, y la alopecia psicógena y la succión de lana en felinos, como los más comunes. Según datos del autor representan el 13,26% de los problemas de comportamiento diagnosticados, sin predisposición sexual ni etaria, con mayor
prevalencia de localización de las autolesiones en algunos de los miembros y en algunas razas de perros más que en otras.


Etiopatogenia

La causa es multifactorial con componentes biológicos y comportamentales.

  • Epigenética del comportamiento: El hecho de que se observe más en una raza o línea familiar que en otras permite especular sobre un componente heredable (tabla 1). Pero se debe tener en cuenta que también se presenta en otras razas o mestizos.
  • Alteraciones neuroquímicas primarias: La causa más aceptada es una disminución en los niveles de  serotonina relacionada con alteraciones en la dopamina y norepinefrina, y liberación de opioides endógenos.
  • Experiencias inapropiadas en las etapas tempranas de la vida: Destete precoz, falta de exposición  temprana a estímulos, poca manipulación por personas, experiencias aversivas y falta de socialización homo y heteroespecífica.
  • Hipoestimulación ambiental: Ambientes pequeños y monótonos, estimulación sensorial mínima y  aislamiento social.
  • Reforzamiento de conductas: Los comportamientos conflictivos pueden ser agravados por condicionamiento, ya que a menudo son reforzados por conseguir la atención del dueño.
  • Estrés crónico: Situaciones nuevas o impredecibles, frustración, hacinamiento, competencia, castigo, persecuciones, aversiones, separación del propietario o nuevos miembros de la familia, desencadenan una respuesta de estrés que si no logra la adaptación a esa nueva situación se vuelve crónico y posible causal de un trastorno compulsivo.


Etopatología

En el trastorno compulsivo un patrón de comportamiento se presenta en forma repetitiva, invariable,  incontrolada e intermitente tanto en ambientes hipoestimulantes como hiperestimulantes, aumentando
progresivamente su intensidad, frecuencia y duración. Si bien en algunos casos el trastorno comienza como una válvula de escape (actividad de sustitución) frente a una situación de frustración por no poder realizar un comportamiento determinado, o como resultado de un conflicto entre dos motivaciones contrapuestas frente a una situación específica, la mayoría de las veces se desarrollan en forma espontánea sin poder 
identificar un estímulo disparador. Se componen de varios actos sucesivos e interregulados con una fase consumatoria muy prolongada y la señal de parada al final de la secuencia cada vez más débil. Se agravan en ciertos estados de ansiedad y se pueden presentar de forma permanente, siendo necesario un estímulo externo muy intenso para detenerlos. En algunos casos, sobre todo en felinos, después de varias  correcciones o castigos por sus dueños dejan de hacerlo en su presencia y lo hacen “a escondidas”, lo que
podría demostrar la existencia de un componente cognitivo. La denominación de estas conductas, siempre patológicas, como “estereotipias” es inespecífica, ya que el término es aplicable a cualquier conducta que se presente en forma repetida e invariable, sea normal o patológica, y por lo tanto la denominación específica de trastorno compulsivo es la más apropiada.


Fisiopatología

Las alteraciones neuroquímicas se localizan en el sistema límbico. La causa más aceptada es una  alteración en la función de los ganglios basales fundamentalmente por niveles reducidos de serotonina en el núcleo caudado, relacionado con aumento de la actividad dopaminérgica, sensibilización a la noradrenalina y liberación de opioides endógenos con efecto autoreforzador a nivel hipotalámico. Para otros autores se
producen por una hipersensibilidad de los receptores serotoninérgicos acompañada de hiporreactividad de la dopamina. La interacción entre los neurotransmisores es muy compleja, y quizás por ello la presentación
clínica varía en cuanto a los patrones de conducta afectados (signos) teniendo en cuenta la respuesta a los diferentes psicofármacos utilizados.


Signos clínicos

En caninos y felinos, el lamido excesivo, succión o masticación del pelo con tricorrexis, dermatitis, alopecia, ulceración y por último tejido de granulación según la severidad. Localización en distal de extremidades (falanges, carpo, metacarpo, tarso y metatarso), cola o zonas accesibles del cuerpo (línea media dorsolumbar, zona escapular, flancos, ingle, ventral del abdomen, pezones o prepucio) (figs. 1 a 9).

Más frecuente en caninos es girar sobre sí mismo persiguiendo su cola, agarrándola o no. Circulación estereotipada en trayectos que mantienen siempre un mismo patrón. Lamido de superficies o excavación aún de superficies sólidas. Persecución de sombras o luces reales.

En felinos succión de lana u otros tejidos de algodón, sintético, cuero, plástico (pullovers, medias, remeras, manteles, cortinas, cubrecamas, sacos, etc.) (figs. 10 a 12). Los buscan intensamente y muchas veces lo
hacen a escondidas o en soledad (cuando los dueños están ausentes).
La presentación de estas conductas puede ser en forma intermitente o permanente, en ausencia de un  estímulo disparador, y pueden ir acompañadas de taquicardia, taquipnea, hiporexia, hiposomnio e interferencia con las interacciones sociales.


Diagnóstico

Debemos recurrir a la semiología del comportamiento, a través del examen clínico general y neuroetológico en particular, junto con la realización de los métodos complementarios necesarios, para identificar los signos específicos y descartar causas físicas. Se puede realizar un tricograma para confirmar que la alopecia es por el trauma del lamido constante cerca de la base del pelo. Si bien ya se ha identificado un marcador genético CDH2 en el cromosoma 7 asociado al trastorno en el Dóberman Pincher y en el Belga Malinois, aún no está disponible para su realización clínica. El diagnóstico definitivo por lo tanto, en base al siguiente criterio clínico: Conducta con frecuencia de presentación diaria, duración de minutos a horas, intensidad 
media o alta, interrupción difícil, interferencia con otras conductas normales y evolución de al menos 1 mes.


Diagnóstico diferencial

Con rituales

Si bien estas conductas son repetitivas, presentan una secuencia organizada que le permiten al individuo alcanzar un objetivo beneficioso, viéndose reforzadas por éste (por ej., recibir atención y caricias de su propietario). De esta forma se transforman en rituales que progresivamente se incorporan al sistema de  comunicación del grupo. Por lo tanto, no son conductas patológicas y no deben considerarse parte de un
trastorno compulsivo.

Con otros trastornos comportamentales

Ansiedad por separación, trastorno de ansiedad generalizada y otras ansiedades específicas.

Con enfermedades físicas

Dermatopatías, trauma en la zona blanco, saculitis anal, enfermedades urológicas, neoplasias, neuropatías, infecciones.


Pronóstico

Si bien la remisión completa del cuadro es posible en algunos casos, siempre son necesarios varios meses de tratamiento. La mayoría necesita tratamiento de mantenimiento de por vida dependiendo de la edad de comienzo, el tiempo de evolución, la severidad de los signos y del compromiso del responsable del animal en administrar el psicofármaco y realizar la terapia. En este sentido el pronóstico es reservado en cuanto a la curación, pero favorable en relación a que en casi todos los casos se logra la mejoría.


Tratamiento

Médico

Tratar las heridas con antibióticos y antiinflamatorios no suele ser necesario, y no se debe realizar ningún tipo de exéresis o reparación quirúrgica ya que las lesiones son autoinfligidas y remiten al cesar la conducta compulsiva de autolamido con el tratamiento específico.

Farmacológico

El psicofármaco es el primer paso en el tratamiento y una vez que tuvo efecto se debe comenzar con la  terapia comportamental.

  • Clomipramina: Antidepresivo tricíclico (ATC) con acción ansiolítica no sedativa. Es la primera opción para este problema. Tiene un período de latencia de 1 a 2 semanas. Caninos 1 a 3 mg/kg cada 12 horas, felinos
    0,5 a 1 mg/kg cada 24 horas vía oral.
  • Amitriptilina: También es un antidepresivo tricíclico con efecto ansiolítico y antihistamínico leve. Por lo tanto, es una buena opción cuando hay prurito o patología alérgica asociada. Caninos 1 a 4 mg/kg cada 12 o 24 horas, felinos 0,5 a 2 mg/kg cada 24 horas vía oral.
  • Fluoxetina: Inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) con un período de latencia de 2 a 3 semanas. Es la tercera opción farmacológica a considerar. Caninos 1 a 3 mg/kg cada 24 horas, felinos 0,5 a
    2 mg/kg cada 24 horas vía oral.
  • Sertralina: También es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina con un período de latencia de 2 a 3 semanas. Es la cuarta y más novedosa opción, por lo cual aún no hay suficiente información en animales de compañía. Caninos 1 a 3 mg/kg cada 12 horas, felinos 0,5 mg/kg cada 24 horas vía oral.
  • Clonazepam: Benzodiacepina de alta potencia y larga acción, que en los casos más severos se asocia a los tricíclicos o los ISRS durante 1o 2 semanas de tratamiento hasta que estos hacen efecto. Caninos 0,1 a 0,5 mg/kg cada 8 o 12 horas, felinos 0,15 mg/kg cada 12 o 24 horas vía oral.
  • Clorazepato dipotásico: También es una benzodiacepina, con mayor vida media que la anterior, pero menor potencia, que se usa con la misma finalidad que la anterior asociada a los ATC o los ISRS. Caninos 0,5 a 2 mg/kg cada 12 o 24 horas, felinos 0,2 a 1 mg/kg cada 24 horas vía oral. Se deben tener presente que las benzodiacepinas mencionadas pueden producir efecto paradojal.

Cognitivo-conductual

El uso de collar isabelino suele empeorar el cuadro por la ansiedad que genera, y los vendajes de todo tipo son ineficaces para evitar las autolaceraciones ya que siempre se los sacan. De ser posible no dejar al  alcance las prendas, en los casos de succión de tejidos en los gatos. Enriquecimiento del medio con móviles, mordillos, juguetes apropiados según la especie, y alimento escondido. Rutina de ejercicio y  exploración estableciendo 2 o 3 paseos diarios en caninos y estimular el acceso a zonas elevadas o  estantes a diferentes niveles en felinos. Varias sesiones diarias de juego interactivo controlado de parte de
los propietarios. Eliminar, controlar o disminuir las causas identificables de estrés o ansiedad. Ignorar las  conductas compulsivas cuando disminuya su presentación, para no reforzarlas. Aversión gustativa a la zona
blanco aplicando aerosoles de sabor amargo, previa sensibilización gustativa por contacto del producto con la mucosa oral. Estímulo disruptivo con un timbre, ruido de latas o cadenas, chorro fino de agua o collar  vaporizador de citronella, para interrumpir la secuencia, distraerlo y orientarlo a una actividad distinta. Contracondicionarlo generando una situación fisiológica y emocional incompatible con el comportamiento compulsivo. Una vez que aprendió una tarea sencilla que le anticipa juego, paseo o comida, en las  situaciones más probables de presentación de la compulsión se le indica que la realice (por ej., sentarse). No utilizar el castigo en ninguna de sus formas física o verbal, interactiva o remota, ya que desarrollan o aumentan el miedo o la ansiedad.


Discusión

Durante mucho tiempo el origen de esta patología comportamental se atribuía a causas orgánicas o físicas como problemas dermatológicos, nutricionales, neurológicos u óseos. Los tratamientos médicos y  quirúrgicos invariablemente eran ineficaces y muchas veces extremos, como la amputación de la cola o de un miembro. Recién al considerar y comprobar que el problema se genera en un desequilibrio  neurobioquímico que altera el comportamiento, logramos implementar los tratamientos conservadores adecuados y obtener resultados mayormente satisfactorios.


Prevención

Espacio suficiente según las necesidades de especie y raza. Ejercicio diario adecuado. Estimulación  ambiental apropiada. Juego interactivo con los propietarios. Destete y adopción a la edad adecuada. Crianza correcta con buen autocontrol, socialización, habituación, apego social, y jerarquización en caninos.
Seleccionar en contra.


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Tomado de “Consulta rápida en la clínica diaria”


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