Protocolos de observación

Protocolos de observación

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Abraham, M. Celina; Blanco Penedo, Isabel; Lima Cerqueira, Joaquim; Araújo, J. Pedro
En el libro “BIENESTAR ANIMAL. Métodos de observación y valoración”.
Xunta de Galicia. Consellería do Medio Rural


En las últimas décadas en Europa se han desarrollado varios protocolos de evaluación general del bienestar animal para su aplicación en las granjas. En Austria, por ejemplo, el “índice de necesidades del animal” (Tiergerechtheitsindex, TGI) fue diseñado para asegurar un grado de bienestar definido en las prácticas ganaderas (principalmente en las ecológicas). Este índice se ha incorporado a la legislación austríaca (Bartussek, 2001).
En Alemania se desarrolló una versión similar (Sundrum et al., 1994). En el caso de Reino Unido, la RSPCA (Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals) desarrolló un esquema libre sobre alimentación, condiciones de las instalaciones y manejo. Mientras, otros países se han centrado en una especie animal, como Holanda con un sistema específico para cerdas (Bracke et al., 2004a, 2004b) y Francia e Italia con herramientas específicas para vacuno de leche (Capdeville y Veissier 2001; Tosi et al., 2001). Dentro de las iniciativas para desarrollar la evaluación basada en el animal se incluyen entre otras las siguientes:

  • El modelo semántico.
  • La evaluación cualitativa del comportamiento.
  • El sistema de evaluación del bienestar de la Universidad de Bristol.
  • El proyecto europeo Welfare Quality®.

Este último parece ser el más completo ya que proporciona información de los indicadores basados en el animal, provee medidas concretas que pueden ser utilizadas por los ganaderos para mejorar el bienestar de sus animales y cuenta con el diseño de un sistema para informar a los consumidores acerca de los productos alimenticios de los animales y las granjas evaluadas (STOA, 2009).

El fin último de estos protocolos es la determinación de cómo se puede mejorar el bienestar en una granja particular, mediante la interpretación de los parámetros basados en su entorno (espacio, suelo, etc.) que causalmente afectan al comportamiento del animal y su fisiología, basándose en estudios experimentales. Estos estudios incluyen medidas invasivas como la monitorización de los niveles de corticoesteroides en plasma (hormonas del estrés), medidas que requieren equipos específicos (por ejemplo, videograbación detallada de elementos conductuales, monitores de ritmo cardíaco) y análisis de comportamientos muy poco frecuentes (por ejemplo, el comportamiento de juego) o comportamientos que se producen en momentos inoportunos (como la perturbación que generan los ácaros de sangre por la noche a las aves de corral). Por otro lado, la evaluación del bienestar implica la comparación entre diferentes granjas con respecto al nivel de bienestar de sus animales.


Diseño de estadillos de observación

Cuando se determine el tipo de animal, se procederá a diseñar un estadillo apropiado que permita registrar las observaciones a realizar, según el método de observación. Es fundamental hacer un buen estadillo que nos permita registrar de una forma rápida y eficaz los comportamientos de acuerdo a la metodología.
Es indispensable codificar cada comportamiento posible (por ejemplo Tumbado=“T”, Bebe=“B”, Come=“C”, Camina=“CA”, Explora=“E”, etc.). Se deberá tener en cuenta el efecto del observador, esperando a que los animales se acostumbren a su presencia o evitándola (usando cámaras o sistemas de ocultamiento del que observa).


Métodos de observación

Los métodos de observación son el primer acercamiento a los fenómenos a investigar, debido a que estos métodos por antonomasia abarcan sólo “lo observable”, son frecuentemente empleados para el estudio del comportamiento. Los métodos de observación son una herramienta especialmente versátil en la investigación, permiten identificar, valorar, evaluar y corroborar. Son también una de las herramientas que pueden ir de lo cualitativo a lo cuantitativo dependiendo del objetivo y método y, a la vez, uno de los más flexibles y objetivos. Para la observación de los animales, destacamos los siguientes:

  • Método “focal”.
  • Método “instantáneo” o “puntual”
  • Método “Ad libitum”.
  • Método de observación basado en interacciones.


Indicadores

  • Basados en el animal
  • Basados en recursos
  • Basados en el manejo

Son aquellas observaciones y medidas que se llevan a cabo en la granja, como la presencia de lesiones, incidencia de enfermedades, estado corporal o presencia o ausencia de determinados comportamientos, junto con otras realizadas ante y post mortem, que se llevan a cabo en el matadero. Muchas de las medidas basadas en el animal están relacionadas directa o indirectamente con la salud, producción y  comportamiento del ganado vacuno. Entre las medidas directas se incluyen procedimientos veterinarios como las muestras de sangre. También existen registros de reproducción, calidad y rendimiento de la leche, fertilidad, salud, etc., que son indicadores indirectos y pueden incluir registros de medidas basadas en el animal, obtenidos mediante métodos automatizados (por ejemplo, la progesterona en muestras de leche o el grado de locomoción, anotando los registros de fuerza mediante placas sensoras).
Algunas medidas están en uso, pero no en un contexto de evaluación de bienestar. Normalmente se utilizan para identificar a los animales con un grado de bienestar pobre, pero también podrían utilizarse para identificar a los animales cuyo bienestar está disminuyendo y se podría entonces cambiar la situación antes de que el individuo esté afectado negativamente.
Por ejemplo, un recuento de células somáticas alto en leche no se considera un problema sustancial de bienestar en el momento que se detecta, pero sí lo es si finalmente se desarrolla una mamitis clínica. Del mismo modo, los cambios en el tiempo de descanso y alimentación pueden predecir el posterior desarrollo de la enfermedad (Weary et al., 2009). Así, algunas de las medidas basadas en el animal pueden ser útiles no sólo porque indican un problema actual de bienestar, sino porque son un indicador del inicio de una cascada de resultados potencialmente negativos en el confort y que deben evitarse (EFSA, 2012a).
Los investigadores reconocen que las mejores evaluaciones proceden de la observación de los propios animales. Los indicadores basados en animales se consideran más sensibles a las variaciones, tanto a las de manejo en la granja como a variables estáticas de diseño del sistema de instalaciones, y ofrecen una evaluación más fiable del estado real de los animales.
Resultan pues pertinentes para evaluar el bienestar animal (BA) y pueden aplicarse a una serie extensa de métodos de producción, pero con la limitación de que no proporcionan más que una “fotografía instantánea” de un momento concreto, ya que posteriormente los grupos de animales pueden reaccionar de distinta manera ante situaciones idénticas.
Algunas de las medidas basadas en el animal ya han probado su validez (exactitud y precisión), fiabilidad (repetibilidad, reproducibilidad y robustez) y viabilidad (practicidad y costo). Aunque muchas son simples y fáciles de usar, incluso en condiciones comerciales, a veces una medida puede requerir más análisis en laboratorio (por ejemplo, perfiles metabólicos) o necesitar más tiempo para ser evaluadas. Sin embargo, con continuos desarrollos técnicos, especialmente los relacionados con el registro automático, es probable que varias medidas basadas en el animal actualmente complicadas sean en un futuro próximo más baratas y factibles en las granjas.


Medición y monitorización de los indicadores

El foco principal de los estudios experimentales sobre bienestar ha sido identificar factores que afectan al  confort de los animales, midiendo el comportamiento, la fisiología, producción y salud. En dichos estudios se ejerce un alto nivel de control para conseguir técnicas avanzadas de medición. En cambio, el control en las granjas es más limitado y su evaluación puede verse afectada por ejemplo, por factores estacionales o climáticos (Buckner et al., 1998) o en términos de tiempo, presupuesto, equipo y experiencia en  comparación con los recursos disponibles para estudios experimentales.
Además, un rebaño es un grupo grande y diverso de animales (diferentes lotes y edades) en comparación con los grupos uniformes utilizados en estudios experimentales. La selección de medidas se rige por áreas prioritarias (nutrición y alimentación, alojamiento, genética y manejo), tal como se presenta en los  dictámenes científicos de EFSA (2009c, 2009d, 2009e, 2009f).
El seguimiento de los problemas relativos a la nutrición y alimentación requiere medidas del estado  nutricional, rendimiento y composición de la leche, pruebas bioquímicas de leche (y sangre) y la inspección  de los recursos (por ejemplo, estado de los comederos y calidad del alimento). En la categoría de  alojamiento y ambiente, la mayoría de los indicadores de bienestar son medidas basadas en el animal (por ejemplo, si choca con equipos cuando se pone de pie o acostado, lesiones en la piel), respaldado por las  mediciones de los recursos (por ejemplo, las dimensiones de los cubículos). En este caso, la mayoría de las observaciones de origen animal que propone EFSA (2009c, 2009d, 2009e, 2009f) concuerdan con las  identificadas por Welfare Quality®.
Según el procedimiento propuesto por Welfare Quality® para puntuar el BA en una granja se sigue un  proceso estructurado en tres pasos (fig. 1):

  • Se parte de la evaluación de entre 30-50 parámetros que tienen en cuenta distintos aspectos de los propios animales, su entorno y su gestión. Estos parámetros se aúnan en 12 criterios de bienestar,  puntuándose cada uno de 0 a 100.
  • Los 12 criterios, a su vez, se integran en los 4 principios básicos del BA (alimentación, alojamiento, salud y comportamiento).
  • Finalmente se llega a una puntuación general, que permite clasificar a las granjas en una de las cuatro categorías de bienestar siguiente: excelente, bueno, aceptable y no clasificadas.

La inspección de los animales puede dar alguna indicación del impacto por parte de la genética y cría en el  bienestar, pero la mayor cantidad de información puede ser adquirida en la inspección gracias a los registros de salud, fertilidad y rendimiento. Las cuestiones de manejo relativas al comportamiento social, prácticas  ganaderas y relaciones hombreanimal pueden obtenerse principalmente a partir de la consideración de las observaciones. La evaluación de cuestiones relacionadas con el parto, ordeño, mamitis y cojeras requiere  una combinación de observaciones y registros, respaldados en alguna ocasión por procedimientos veterinarios. Y con ellos, sólo puede evaluarse la calidad de la bioseguridad y la planificación de la salud de la inspección de los registros (EFSA 2012a).
En la mayoría de los casos, las respuestas de un animal a las características de su entorno tienen poco impacto sobre su confort. Sin embargo, a veces la respuesta es de tal magnitud que indica que el animal  tiene dificultades para enfrentarse a una situación determinada y en consecuencia su bienestar se reduce.  Por tanto, existe un conjunto de medidas válidas y fiables basadas en el animal donde se puede seleccionar la combinación de las más adecuadas. La selección dependerá de cuáles son los resultados de bienestar que deben evaluarse y la razón de su evaluación (por ejemplo, si forma parte de una estrategia de manejo o para hacer cumplir la legislación).
En ocasiones puede llevar tiempo percibir los cambios en la granja, por ejemplo cambios en la genética o en el alojamiento, lo que puede considerarse como desfavorable. Por otro lado, los cambios relacionados con la nutrición y el manejo son más susceptibles de formar parte de un programa de intervención a corto plazo, suponiendo que el ganadero esté dispuesto a realizar cambios en su explotación.
El objetivo es recopilar información acerca de la respuesta del animal (EFSA, 2012a). Pero además, aunque el bienestar es una característica de los animales individuales, muchas de las medidas basadas en el animal se expresan a nivel de rebaño (por ejemplo, la prevalencia de la cojera).
Los puntos de referencia se utilizan durante la monitorización de la misma granja en el tiempo o, más a menudo, para comparar las granjas. Cuando se compara la misma medida entre explotaciones, con sistemas similares de alojamiento y prácticas de manejo, se pueden identificar las explotaciones que están fuera del rango normal de variación, convirtiéndose en una información relevante para la evaluación del bienestar.
La monitorización de la salud y del comportamiento del ganado es necesaria pero laboriosa para los productores. Sin embargo, existen evidencias de que la detección precoz de enfermedades del ganado tiene una influencia beneficiosa sobre su gestión y sobre la renta de los productores, así como sobre el bienestar animal. El ganadero necesita saber por ejemplo, si una vaca está en celo, cuando sufre mamitis u otra enfermedad y si está coja o no. Un comportamiento atípico puede ser un indicador para estas situaciones.
Tener conocimiento de estos problemas mediante la observación requiere mucho esfuerzo, tiempo y formación. Es más, a menudo no se alcanza un nivel de detección aceptable en la práctica normal, mientras que para la monitorización frecuentemente se emplean medios tecnológicos como contadores automáticos, por ejemplo un contador de pasos para detectar el estro (Maertens y Van Nuffel, 2009). Otra situación que puede ser complicada de observar es el parto, donde pueden aparecer señales que indican condiciones difíciles para el animal; incluso si las vacas están siendo inspeccionadas periódicamente, puede ser difícil la observación visual durante la cercanía al parto, así que es fácil que ciertos problemas ocurran sin ser detectados por algún tiempo. Como el tamaño del rebaño está aumentando en Europa, el número de vacas del que cada trabajador de la explotación es responsable está aumentando, lo cual también implica un menor tiempo disponible para la observación de cada vaca de manera individual (Raussi, 2003). En este caso se recomienda la monitorización durante el periodo de transición ya que ayudaría a minimizar las pérdidas y podría mejorar la salud y el bienestar del ganado (Miedema, 2009).

 

Tomado de “Cría y Salud en Bovino y Porcino en Medicina Veterinaria. Axon comunicacion