¿Producir menos leche y ganar más? ¡Funciona!

¿Producir menos leche y ganar más? ¡Funciona!

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Xan Pouliquen
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Xestión Agrogandeira e Natureza SL


¡Es verdad!

En las últimas décadas, la producción de leche de vaca se ha orientado básicamente de cara a una mayor intensificación en el uso de insumos y productividad animal: más piensos, más semillas de maíz, más agrotóxicos, más medicinas, más litros por vaca y año. Y también más vacas por granja. Y menos granjas. Y menos empleo agrario ligado a las vacas. Este sistema funcionó durante mucho tiempo, por varias razones que no cabe repasar aquí. Pero en los últimos años, la cosa está que arde, y la supervivencia de las granjas está amenazada en no pocos casos. Tan amenazada, que los cierres de granjas se aceleraron vertiginosamente.
¿Qué respuestas les estamos dando, como asesores, a los ganaderos y ganaderas? En mi zona de trabajo, Galicia, son básicamente dos: a) “bueeeeno, habrá que aguantar hasta que vengan tiempos mejores” y b) “hay que vender más litros”. En un contexto de volatilidad de precios, está claro que la solución “a)” es muy eficaz en palabras de las avestruces. Y la solución “b)” es mejor todavía: “como pierdo mucho por cada litro que vendo, voy a hacer más litros”. Oye… en matemáticas, si multiplicamos un número negativo, lo que hacemos es tener un resultado más negativo todavía. Si ahora pierdes un céntimo en litro, haciendo más litros sólo perderás más…
En fin, fuera de retrancas, vamos en lo siguiente a ofrecer una tercera vía, la de la “desintensificación”. Palabra fea a más no poder, bien es cierto, pero que puede permitir una salida a la situación en la que nos encontramos. “Desintensificar”: hacer menos litros en la granja, menos litros por vaca, menos maíz, menos abonos… en definitiva, menos costes de producción. ¿Y eso puede ser rentable? ¿Haciendo menos litros? Esta, efectivamente, es la propuesta. Veámoslo a continuación.


Mito 1. Para ganar más, hay que producir más

Empezaremos con un contra-ejemplo; es el caso de una granja al estilo viejo: silo en rulos en vez de pila, nada de maíz, prados permanentes, cuadra vieja aunque plenamente funcional, distribución a mano sin carro mezclador. Como esto se supone que no da dinero, se hizo un cambio radical: nueva cuadra para duplicar animales, rotación con maíz, ensilado en pila, carro mezclador. En fin, el paquete completo de la modernidad. La figura 1 es perfectamente esclarecedora: se aprecia claramente cómo el inicio de la intensificación en el 2012 dio lugar cada vez más pérdidas, a pesar de un incremento muy alto de los ingresos (altura de las barras). Sólo se salvaría el año 2014, con altísimo precio de leche… Y la responsabilidad es, estrictamente, del rendimiento que se sacó por cada litro de leche (fig 2).

Después de este contra-ejemplo, vamos a seguir intentando cuestionar el mito, con los datos de la tabla 1. Evidentemente no se trata de estadística, ni de datos medios ni representativos; simplemente de casos particulares, de granjas situadas en un radio de 50 km. Pero ilustran bien lo que quiero sugerir: el sistema de producción, el modelo que elegimos, no es el que determina lo que ganamos. La capacidad del ganadero o ganadera a cohesionar sus sistema es lo que asegura la rentabilidad. O sea, más litros vendidos no tienen por qué significar más ganancias; puede que sí, puede que no.


Mito2. A más litros, menos costes fijos. Y eso es lo importante

Y eso es lo importante ¿Importante por qué? Pero, ¿por qué?

¿Qué más da la estructura de costes, si el resultado es mejor? Vemos, por ejemplo (tabla 2), en un año malo como el 2015, como un grupo de granjas, aquellas que funcionaban en sistema ecológico y también las que trabajaban con pastoreo, perdieron mucho menos dinero que el grupo intensivo, a pesar de tener una carga de costes fijos enorme. Vemos también que más litros no suponen menos costes fijos: esta ley de la economía convencional, en la práctica de las granjas, no se verifica plenamente.
En conclusión entonces, ni los costes fijos son lo más importante, ni un mayor dimensionamiento de las granjas implica inevitablemente la reducción de los mismos.


Mito 3. La producción intensiva es la más rentable

Ya vimos anteriormente un primer elemento de negación de este mito, cuando presentamos los resultados de dos granjas muy parecidas en tamaño y localización, pero con resultados diametralmente opuestos.
El segundo elemento viene dado por el conjunto de datos de la tabla 3, con datos del 2015, de un grupo de 36 granjas. Estos datos son contundentes: del grupo de granjas analizadas, las ecológicas son las que mejores resultados económicos obtienen, tanto en margen total, incluso quitando el efecto de las subvenciones, como en eficiencia del factor trabajo.
La cosa se pone realmente interesante cuando consideramos un grupo de granjas constante y miramos su evolución (fig. 4): podemos apreciar que lo que nos dicen los datos del 2015 no es algo excepcional, sino que se reflejan una tendencia que tiene, en este grupo, 4 años de vigencia. Esto se debe básicamente a un factor: el progreso técnico. En efecto, las granjas intensivas están llegando a un nivel de perfeccionamiento técnico que se hace cada vez más difícil de superar, según la máxima expresión de la ley de rendimientos decrecientes. Por el contrario, las granjas ecológicas o en pastoreo todavía están en sus inicios técnicos, y tienen una margen de progreso todavía muy grande, lo que vemos en la figura 3.

A estas alturas, debemos pararnos a matizar. Por muy contundentes que sean, estos resultados son los de un grupo de granjas y no tienen una extensa validez estadística. Por lo tanto, no hagamos demasiada demagogia: me limitaré a decir que los sistemas menos intensivos y ecológicos son, por lo menos, igual de rentables que los intensivos.


Más allá de los mitos ¿Producir menos y ganar más?

Reducir costes fijos: empezando con la herejía

Ya mostramos que la obsesión con los costes fijos es algo enfermizo, cuando realmente no tienen por qué ser un problema. Obviamente, esto será cierto siempre y cuando la reducción de producción total vaya acompañada de una reducción de costes fijos y variables.
¿Algo no cuadra en esta afirmación, verdad? ¿Cómo es posible que reduciendo la producción total reduzca a la vez los costes fijos? Lo será, en la medida en que empezamos a eliminar costes. A continuación, unas ideas.

  • Amortizaciones técnicas
  • Costes financieros
  • Seguros
  • Servicios externos y cuotas
  • Mano de obra


Amortizaciones técnicas

Muy difíciles de reducir, es cierto: una vez que la cuadra está hecha, hay que apandar con ella. De hecho, este es uno de los frenos a la desintensificación. Pero, ¿y el material? Por desintensificación, podemos entender reducir o hasta eliminar el cultivo de maíz. Adiós sembradoras, sulfatadoras, cosechadoras… ¿Por qué no?


Reducir costes variables: el quid de la cuestión

El coste variable máximo de las granjas de leche es el de alimentación. El enfoque con el que nos aproximamos a la alimentación tiene que ser básicamente técnico-económico. No nos interesa la cantidad de leche que produzca cada vaca. ¿Sorprendente? En absoluto. Lo que nos interesa, es ganar dinero, sacar beneficios de cada litro de leche que se produce en la granja. El hecho de producir una cantidad determinada de leche con más o menos vacas es, en sí, irrelevante, a no ser que eso afecte el coste de producción. Existe ciertamente una relación entre productividad de los animales y coste por litro; pero el análisis de gestión nos demuestra que esta relación puede ser tanto positiva como negativa. Por lo tanto, más allá de los litros por vaca, nuestro objetivo final es que la alimentación sea la más barata posible. Para ayudarnos en esta tarea, usamos como guión la figura 5. Esta gráfica sugiere que:

  • tomamos decisiones en cuatro ámbitos técnicos distintos;
  • que cada decisión sobre un ámbito afecta a las decisiones en los otros ámbitos, y viceversa;
  • que el conjunto de decisiones sobre los cuatro ámbitos determina el coste de alimentación.

La desintensificación se materializará, por ejemplo, por una bajada de intensificación en vaca (menos litros por vaca), en superficie (menos litros por hectárea), en cultivo (menos trabajo de la tierra) o en alimentos comprados (menos volumen).

Animales menos productivos se conjugarán con tierras menos solicitadas, que permitirán reducir el maíz o trabajar con más pastos permanentes; menores producciones a lo mejor pueden permitir la introducción del pastoreo; menor exigencia sobre animales permitiría reducir los alimentos comprados, etc.
Por otra parte, en especial si reducimos la intensificación por animal, la sanidad mejorará, y gastaremos menos por animal en los puestos de gasto correspondientes (veterinario, medicinas, etc.). Los animales tendrán una vida útil mayor, lo que nos permitirá reducir también el gasto en recría, recriando menos, o  aumentar el ingreso, vendiendo más animales.
Como conclusión, el gran secreto de la rentabilidad de la desintensificación viene definida por las decisiones que se toman en los cuatro ámbitos, y del equilibrio de decisiones que se establece entre ellos. El secreto está en que las decisiones que tomemos sean coherentes entre sí, hasta la construcción del sistema
productivo más rentable.


A modo de conclusión ¿Y ahora qué?

Frente a la crisis actual, como factor de empuje, se está “descubriendo” que los sistemas de producción menos intensivos pueden ser por lo menos igual de rentables que la producción intensiva, cuando no más rentables.
Hasta la fecha, asistimos en el ámbito técnico a una total supremacía de la orientación productiva cara a los sistemas intensivos. Parecía que no había otra forma posible de vivir de la producción de leche, sólo se podía hacer con granjas cada vez más grandes, vacas cada vez más productivas. Con la volatilidad actual, tanto en precios de leche como de insumos, se acabó la regla “más litros, más beneficios”, y es preciso tejer mucho más fino para obtener rentabilidad de una granja de vacas de leche.
Lo que proponemos aquí no es que todas las granjas se convirtiesen a la producción ecológica, ni siquiera a sistemas de pastoreo, sino que empiecen a estudiar su situación con más apertura de mente. Es posible producir leche de muchas maneras; y es posible ganar su sueldo con ello de muchas maneras. Esta es la clave. Y en esta tesitura, reducir la intensificación, producir menos por vaca, entregar menos litros, reducir el consumo de insumos comprados, etc..., son métodos que pueden permitir asegurar una mayor estabilidad y rentabilidad económica a la granja. Desde luego, cuantos menos litros entrego, y cuanto menos pienso gasto, menos sensible voy a ser en situaciones difíciles. Las granjas menos intensivas tendrán en el futuro, sin duda alguna, mucha más estabilidad que los sistemas más intensivos.
Obviamente, que cada uno, cada una, decida libremente donde quiera dirigirse. Lo importante de la frase es la palabra “libremente”; todavía hoy sólo se ofrece una posibilidad, la de intensificar y crecer. Es preciso que se cambie esta situación, y que ganaderos y ganaderas puedan tener en cuenta, en sus opciones de futuro, sistemas productivos menos intensivos, para desarrollar granjas viables a largo plazo.


Tomado de “Cría y Salud en Bovino y Porcino en Medicina Veterinaria. Axon comunicacion