Enfermedad Respiratoria Bovina: de la clínica al diagnóstico etiológico, un pequeño paso

Enfermedad Respiratoria Bovina: de la clínica al diagnóstico etiológico, un pequeño paso

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Hugues Guyot
Ponencia presentada en el xix Congreso anembe


Introducción

La Enfermedad Respiratoria Bovina, o ERB (y BRD por sus siglas en inglés), es común en el ganado joven  en el primer año de vida, aunque se da principalmente antes de los 6 meses. Se observa un pico de  incidencia entre las 2-10 semanas, debido a un descenso de la inmunidad. La ERB se relaciona con la  conocida fiebre del transporte, que puede producirse por el estrés sufrido en el mismo. Esta enfermedad  puede alcanzar una tasa de mortalidad del 5 al 20% y una tasa de morbilidad de hasta el 100%. La mayoría  de las veces, el tratamiento administrado es efectivo. En otros casos, se puede observar una recaída en las 2 semanas siguientes, asociada, o no, con mortalidad.
La ERB provoca pérdidas económicas por los tratamientos (antibióticos), la prevención (vacunación) y la  mortalidad. También tiene consecuencias zootécnicas con retraso del crecimiento, circulación de agentes  infecciosos y aumento de la sensibilidad a otros patógenos.
El ganado bovino es más susceptible a la ERB por muchas razones. Tienen vías respiratorias superiores  estrechas que aumentan la velocidad del aire y permiten una colonización más profunda de las partículas en el tracto respiratorio inferior. También hay una conexión entre los sistemas digestivo y respiratorio en los  bovinos. Es habitual la inhalación del gas de los eructos. El tracto respiratorio del ganado es más sensible a las endotoxinas. En caso de acidosis en el rumen, se observa una parálisis del escalador mucociliar. Por  último, en caso de absceso en el hígado o de trombosis de la vena cava caudal, puede darse una neumonía metastásica.
La ERB normalmente comienza con un ataque de virus, que puede complicarse con infecciones bacterianas del entorno. Entre las diferentes etiologías virales, las que se encuentran con mayor frecuencia son: el Virus Respiratorio Sincitial Bovino (BRSV, por sus siglas en inglés), Virus de la Parainfluenza (PI-3), Virus Herpes
Bovino (BHV-1, por sus siglas en inglés o de la IBR) y Virus de la Diarrea Vírica Bovina (BVDV, por sus  siglas en inglés, por su efecto inmunodepresor). También pueden presentarse Adenovirus y Coronavirus, BHV-4, Rinovirus, Reovirus y Enterovirus, en una menor medida. Entre las causas bacteriológicas, son  frecuentes Mannheimia haemolytica, Pasteurella multocida, Histophilus somni, Trueperella pyogenes y Mycoplasma bovis (dispar). Chlamydophila y Salmonella dublin, a veces, también pueden provocar neumonías.
El inicio de la ERB puede comenzar con un aumento de la temperatura rectal solamente. Es por eso que se  recomienda a los propietarios comprobar la temperatura rectal en los diferentes lotes de animales. Después
aparecen otros síntomas, como tos, descarga nasal, disnea, etc. La ERB puede clasificarse en 4 grados  clínicos, del 1 al 4, según la gravedad de la enfermedad. El grado I no necesita un tratamiento, al igual que el grado IV, que es tan grave que el animal probablemente muera en pocos días. Existen otras puntuaciones
que también tienen en cuenta otros síntomas, como tos, temperatura rectal, descarga nasal, etc. El grado o puntuación de la enfermedad es importante para establecer un tratamiento, un pronóstico o un examen  comlementario. La medición del L-Lactato en sangre (con un espectrofotómetro portátil, por ejemplo,  Accutrend-Plus, Cobas, ~150€ y ~3€/test) permite determinar en el campo el grado de ERB, así como su pronóstico. Un valor de L-Lactato ≥ 4 mmol/l en terneros con ERB (hasta 13 meses) se relaciona con ERB de grado IV y un mal pronóstico (muerte en un plazo de 3 días) con un 95% de sensibilidad y un 80% de especificidad (Coghe et al., 2000). Otro estudio muestra que L-Lactato > 3,7 mmol/l está asociado con un
riesgo de muerte 44 veces mayor en terneros con ERB, en comparación con los terneros con un L-Lactato <1,3 mmol/l (Buczinski et al., 2014). 
La ERB es claramente una enfermedad multifactorial. Su manejo debe incluir la resistencia del animal  (genética, nutrición, vacunación), el ambiente (ventilación, higiene) y la identificación de los agentes  infecciosos. Este artículo se centra en el último tema.


Identificación del agente

La identificación del agente tiene 4 ventajas: establecer un diagnóstico y un pronóstico, adaptar el  tratamiento y proporcionar una vacunación para evitar problemas. En primer lugar, debe realizarse un  historial completo de la granja, incluyendo la estación, la edad y el origen del ganado infectado, los  tratamientos o profilaxis anteriores y los resultados previos en la granja (serologías, necropsias,  bacteriología y otros ensayos). Es fundamental realizar nuevos análisis en la granja porque la epidemiología
de la ERB puede variar en función del año, la estación y la granja. Hay varias maneras disponibles de  manejar la identificación de los patógenos de la ERB (tabla 1).


Cadáveres

Los cadáveres se pueden enviar al laboratorio para su necropsia, pero el veterinario clínico puede realizarla  en granja para evaluar las lesiones macroscópicas (enfisema, abscesos). Algunas partes del cadáver (por ejemplo, los pulmones) se pueden mandar al laboratorio para la bacteriología o la virología. Se debe prestar atención a la calidad del cadáver, a la duración de la enfermedad (la mortalidad aguda a menudo se asocia con el BRSV, mientras que la enfermedad crónica se da más frecuentemente por Mycoplasma o BVDV) y a los tratamientos previos administrados por el veterinario o el propietario. Los tratamientos antibióticos se encuentran con frecuencia en los cadáveres enviados al laboratorio. Los animales examinados en la granja con una ERB de grado IV, relacionada con un mal pronóstico, se pueden sacrificar antes de aplicar cualquier tratamiento (animales centinela) con el fin de avanzar en el diagnóstico etiológico. 


Animales vivos

Podemos dividirlo en 5 campos:

  • Serología
  • Hisopos
  • Lavado Bronco-Alveolar (BAL, por sus siglas en inglés)
  • Aspirado Trans-Traqueal (TTA, por sus siglas en inglés)
  • Observaciones generales para los hisopos, el BAL y el TTA


Serología

La serología se realiza en suero (muestra de sangre en un tubo sin aditivos), utilizando un método ELISA. El BRSV, el PI-3, el IBR (gE, gB), el Adenovirus, el BVDV y el Mycoplasma bovis están disponibles en Bélgica. Una única serología no es útil, ya que esta sólo representa un contacto con el patógeno, y esto no evidencia que el animal haya sido infectado por este patógeno.
Las serologías pareadas son más indicativas de una infección activa. Se tienen que tomar dos muestras de suero (tubos sin aditivos) en un intervalo de 3-4 semanas. La primera muestra se debe tomar durante la fase aguda de la enfermedad. Una multiplicación por 2-3 de los títulos de anticuerpos (Ac) indica una seroconversión. Se pueden tomar muestras de los animales tratados (antibióticos), pero ¡No de los animales vacunados!
Las limitaciones de las serologías son, entre otras, la baja tasa de seroconversión, en comparación con los cultivos pulmonares (del lavado bronco-alveolar). Prefiero este análisis a nivel de rebaño en la fase aguda de la ERB. Además, para el BRSV, la serología a veces es negativa después de la infección (Van der Poel et al., 1997). En presencia de Ac maternos (del calostro), no hay o hay una seroconversión menor con los test comerciales habituales (basados en la fijación de la IgG) porque hay una mayor respuesta de la mucosa (IgA) en vez de respuesta humoral (IgG) (Kimman et al., 1987). Cuando se utilizan serologías pareadas, se debe añadir la vida media de los Ac a la interpretación de los resultados, ya que el retorno a la seronegatividad puede ser largo: 3-11 meses en función del estado de vacunación de los animales (Fulton et al., 2004; Prado et al., 2006).


Mejora de la inmunidad

La inmunidad depende de múltiples factores. Entre ellos, podemos actuar sobre la nutrición, la inmunidad materna, la vacunación la metafilaxis y los factores que promueven la inmunodepresión.


Nutrición

No se debe descuidar el abastecimiento de energía y proteínas de las madres ni de los terneros. Estas  ingestas juegan un papel importante en el mantenimiento de la inmunidad. Los elementos traza (selenio, yodo, cobre y zinc) y las vitaminas (A, D, E) también se deben dar en cantidades adecuadas.


Transferencia de la inmunidad del calostro (TCI, por sus siglas en inglés)

La mayoría de los casos de ERB se dan cuando decrece la inmunidad de los terneros (brecha de  inmunidad). Esto se corresponde con la caída de la concentración de los Ac maternos que no se ve  compensada con la nueva síntesis de Ac por parte del ternero. Por tanto, una transferencia correcta de la inmunidad del calostro es de especial importancia para mantener un buen nivel de Ac en la sangre del ternero.
El fracaso en la TCI dará resultados negativos sobre la salud del ternero. En el ganado lechero, se observa un descenso de la ganancia media diaria y de la producción de leche posterior (1ª lactación), así como un  aumento de la mortalidad y el desecho (1ª lactación) cuando falla la TCI (Robinson et al., 1988; DeNise et al., 1989). En el ganado de carne, el fracaso en la TCI da lugar a una mayor morbilidad (sobre todo,  problemas respiratorios) y mortalidad de terneros (pre-destete) y a una reducción en la ganancia media  diaria, en comparación con el ganado con una TCI correcta (Wittum y Perino, 1995). Otros autores han  reportado que una concentración de IgG en sangre ≤ 800 mg/dl en los terneros jóvenes dobla el riesgo de  neumonía. Del mismo modo, la administración del calostro de una madre con mastitis triplica el riesgo de  neumonía en los terneros (Virtala et al., 1999). Cabe señalar que una mayor ingesta de IgG en los terneros 
de un rebaño con un estado correcto de TCI no dará lugar a la reducción de la mortalidad y la morbilidad.
Hay diferentes formas de evaluar el éxito o el fracaso de la TCI. Ambas maneras se centran en la toma de  muestras de sangre de terneros sanos con entre 2 y 6 días de edad. En el campo, hay un test semi-cuantitativo basado en la coagulación de las gamma-globulinas con glutaraldehído (de acuerdo con el 
método descrito por Sandholm, 1974). El test, desarrollado por la Clínica Ambulatoria de la Universidad de Lieja (Calf-IgGTest), tiene una sensibilidad (Se) de alrededor del 92% y una especificidad (Sp) del 71% (en comparación con el gold standard de la inmunodifusión radial, datos sin publicar). Un tiempo de coagulación de hasta un minuto implica una transferencia adecuada de inmunidad en el joven ternero sano  concentración de IgG en sangre >10,1 g/l). La calidad del calostro se puede medir de la misma manera que  la evaluaci.n de la TCI. Se puede realizar, en primer lugar, un Test de California para garantizar que no hay mastitis clínica o subclínica. En el campo, también hay otro test semi-cuantitativo basado en la coagulación de las gamma-globulinas con glutaraldehído. El calostro fresco se mezcla con una solución de glutaraldehído y se observa el tiempo de coagulación. Un tiempo rápido de coagulación indica un calostro de buena calidad (> 50 g/l de IgG).
En realidad, este test está en desarrollo por la Clínica Ambulatoria de la Universidad de Lieja, con un rendimiento (Se/Sp) similar en comparación con el Calf-IgG-Test.


Vacunación

La vacunación puede ser efectiva en el ganado muy joven (desde 2 semanas de vida); pero, debido a la presencia de los Ac del calostro, puede haber interferencias. Por tanto, es preferible la vacunación intranasal en estos animales. No se debe olvidar un refuerzo. En la segunda mitad del invierno (febrero-abril), se suele producir un pico de ERB, debido a la mayor concentración de animales en el establo y la mayor presión de infección. Se recomienda administrar un tercio de inyección de vacuna (refuerzo) a los terneros vacunados unos meses antes para aumentar la inmunidad en este periodo. Hay tres reglas evidentes para un resultado exitoso de la vacunación en las granjas:

  • Identificación de los agentes infecciosos.
  • El agente infeccioso identificado es el agente causante de la enfermedad.
  • La vacuna está registrada para este agente infeccioso.


Metafilaxis

La metafilaxis es una medicación en masa puntual de un grupo de animales para eliminar o minimizar un  brote esperado de enfermedad. Este procedimiento se debe utilizar con cautela para evitar resistencias microbianas innecesarias. Puede ser recomendable en la agrupación por lotes (en los animales débiles) o  cuando más del 25% de los terneros estén enfermos (la fiebre ya se considera como “enfermo”, aunque no  haya signos clínicos respiratorios añadidos).


Inmunodepresión

Para investigar la inmunodepresión, el veterinario clínico debe comprobar si hay enfermedades que puedan afectar al sistema inmunitario. La más conocida es la BVD, pero otras enfermedades, como la diarrea del ternero, pueden predisponer al ternero a la neumonía. Por último, debe evitarse el estrés acumulativo en 
los terneros: destete, descuerne, vacunación, enfermedades, hacer lotes con terneros de distintas edades, mezcla de animales enfermos/sanos y hacinamiento.


Modificar el ambiente

Por último, pero no por ello menos importante, se debe revisar cuidadosamente el ambiente en busca de los factores de riesgo. Se debe evaluar la ventilación y la higiene general del establo. El manejo del cuidado de los terneros también es una prioridad. Esto incluye, entre otras cosas, el cuidado del ombligo en el nacimiento, el esquilado de los animales con pelo largo y la desinfección del material de alimentación.


Conclusiones

El diagnóstico de una enfermedad comienza con un buen historial y una exploración clínica correcta. Dado  que las granjas y el contexto epidemiológico son diferentes, es necesario adaptar el protocolo de tratamiento o profilaxis (vacunación). Para este propósito, también es necesaria la identificación de los patógenos para  el tratamiento, la metafilaxis o la vacunación. El periodo crítico (brecha de inmunidad, presión infecciosa en  la segunda mitad del invierno) debe ser vigilado de cerca por el ganadero o el veterinario. El manejo de la  ERB requiere un enfoque multifactorial que incluya el huésped (resistencia a los patógenos), el ambiente  (higiene, ventilación, manejo) y los agentes infecciosos (virus, bacterias).


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