Diagnóstico diferencial entre problemas ortopédicos y neurológicos en pacientes geriátricos
Uno de los motivos más frecuentes de consulta en la práctica veterinaria lo constituyen las alteraciones de la movilidad. los pacientes afectados suelen ser de edad media o avanzada y, dentro de éstos, los perros de razas grandes son los que tienen una mayor predisposición. Debido a la diversidad de patologías que pueden originar unos signos clínicos tan similares, resulta imprescindible realizar una buena evaluación de la mascota para establecer un diagnóstico lo antes posible y poder aplicar un tratamiento eficaz.
10 de Junio de 2011: Por María del Mar López Faisano, Tomás Fernández Gonz
Uno de los motivos más frecuentes de consulta en la práctica veterinaria lo constituyen las alteraciones de la movilidad. los pacientes afectados suelen ser de edad media o avanzada y, dentro de éstos, los perros de razas grandes son los que tienen una mayor predisposición. Debido a la diversidad de patologías que pueden originar unos signos clínicos tan similares, resulta imprescindible realizar una buena evaluación de la mascota para establecer un diagnóstico lo antes posible y poder aplicar un tratamiento eficaz.
Introducción
La debilidad de los miembros posteriores, las situaciones de dolor difuso y las alteraciones de la marcha son síntomas clínicos comunes a diversas entidades patológicas tanto de carácter ortopédico, como neurológico; 1, 2 asimismo, hay otros trastornos (metabólicos, vasculares, sistémicos) que también deben incluirse en el diagnóstico diferencial y que demuestran lo importante que es reconocer el problema principal para poder instaurar el plan diagnóstico y terapéutico más adecuado (tabla 1).
Para establecer un diagnóstico presuntivo, resulta necesario realizar una buena anamnesis y un examen físico exhaustivo, que incluya una exploración general y exámenes ortopédico y neurológico completos.
Problemas ortopédicos
La osteoartritis es una causa frecuente de dolor y disfunción en los perros mayores. 3, 4, 5 los signos clínicos pueden variar enormemente y no siempre son obvios. Si hay dolor, el paciente, muchas veces, muestra tan sólo un cambio de comportamiento, resistencia a saltar y baja tolerancia al ejercicio. otros signos incluyen rigidez en la marcha, claudicación, engrosamiento de las articulaciones, crepitación y, en los casos gravemente afectados, dolor articular intenso que hace evidente una disminución del grado de movilidad.
Estos procesos degenerativos inflamatorios están motivados por patologías del desarrollo, tales como osteocondritis dissecans, displasia de codo o de cadera y luxación de rótula, así como por problemas adquiridos a lo largo de la vida del animal (fracturas articulares, luxaciones y rotura de ligamentos). Tras desencadenarse la osteoartritis, la articulación queda dañada de forma permanente por la degeneración del cartílago articular y la producción de hueso nuevo en los bordes articulares. Por ello, es muy importante realizar el diagnóstico precoz de las artropatías que conducen a esta enfermedad, a fin de poder realizar tratamientos quirúrgicos profilácticos. Así, por ejemplo, en la osteocondritis se puede retirar quirúrgicamente el cartílago desprendido; en la displasia de codo se pueden realizar ostectomías correctivas si hay una asincronía en el crecimiento del cúbito y el radio, o se pueden retirar las apófisis óseas en la fragmentación de la apófisis coronoides o en la no unión de la apófisis ancónea; en la displasia de cadera se aconseja realizar una tri
ple osteotomía antes del año de edad; y en la luxación congénita de rótula de grado III o Iv se puede realizar una cirugía precoz (transposición de cresta tibial, trocleoplastia, imbricación del retínaculo lateral de la rodilla). las fracturas, luxaciones y roturas de ligamentos requieren un tratamiento quirúrgico precoz que consiga una fijación estable y buena alineación de los fragmentos, para reducir la incidencia de fenómenos degenerativos.
La lesión de ligamento cruzado anterior es la causa más frecuente de claudicación aguda en perros mayores.1 A pesar de que resulta difícil de diagnosticar, en especial cuando se trata de roturas parciales y lesiones bilaterales que pueden asemejarse a problemas neurológicos, debe descartarse como la causa principal del problema ortopédico en pacientes gerontes. En muchas ocasiones, se produce en animales con enfermedad articular degenerativa crónica, lo cual puede dificultar el diagnóstico. la resolución quirúrgica (nivelación de la meseta tibial, técnica extracapsular), dentro de las 6 semanas de producida la lesión, minimiza el riesgo de aparición de enfermedad articular degenerativa en la rodilla.
El diagnóstico de la osteoartritis se basa en la exploración física de todas las articulaciones y la valoración de su grado de movilidad (extensión, flexión y rotaciones interna y externa). También se debe observar la presencia de derrame, inflamación, crepitación o inestabilidad en la articulación (el diagnóstico de la rotura de ligamento cruzado anterior se basa en la existencia de movimiento de cajón positivo e inflamación en el área del ligamento colateral medial) y atrofia muscular. la confirmación de las sospechas se realiza mediante radiografías, teniendo en cuenta la referencia anatómica de una articulación normal (fig. 1). En ocasiones, es necesario recurrir a sistemas de diagnóstico más sofisticados (tomografía computarizada, artroscopia) para ratificar el diagnóstico.
El tratamiento de la osteoartritis tiene como objetivo eliminar las causas subyacentes para reducir el dolor y la inflamación, mejorar la función articular, y frenar o retrasar la aparición del proceso degenerativo; 5, 6 se basa en la reducción de peso, el ejercicio moderado y la terapia analgésica (antiinflamatorios, condroprotectores, nutracéuticos, dietas especiales). Si no hay una respuesta al tratamiento conservador, eficaz en un alto porcentaje de casos, se debe recurrir al tratamiento quirúrgico (prótesis de cadera, artrodesis articulares, artroplastia de cadera en animales pequeños), que resulta indispensable en aquellos casos refractarios al tratamiento médico.
Problemas neurológicos
Para diferenciar los problemas ortopédicos de los neurológicos se debe prestar especial atención a dos aspectos:

1. Presencia de dolor o hiperestesia en la columna vertebral.
2. Existencia de déficit propioceptivo en las extremidades (fig 2).
Si estas alteraciones están presentes, las causas neurológicas deben colocarse al principio de la lista de diagnósticos diferenciales.2
La enfermedad lumbosacra degenerativa es un problema multifactorial complejo, responsable de un cuadro de dolor y disfunción neurológica muy frecuente en animales de avanzada edad, y principalmente en perros de razas grandes (fig. 3).7, 8 Se produce debido a cambios en los tejidos blandos y en el canal vertebral que originan, a largo plazo, compresión en las raíces nerviosas que discurren desde la sexta vértebra lumbar hasta que salen por los orificios interverte-brales entre l7-S1. El cuadro clínico es muy similar al de la osteoartritis y al de otros problemas de columna (dolor, debilidad, dificultad para levantarse, saltar, cojeras). El signo clínico principal es el dolor intenso en el área lumbosacra; éste puede, incluso, confundirse con dolor en las caderas y se hace más manifiesto al extender las extremidades hacia atrás (test de lordosis). En las fases avanzadas de la enfermedad se producen déficits neurológicos más claros (parálisis de la cola, pérdida de control de esfínteres, etc.).
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La mielopatía degenerativa es una enfermedad degenerativa de la médula espinal que se registra, sobre todo, en perros mayores de razas grandes y, en especial, en el ovejero alemán.9, 10 Tiene una sintomatología diferente al proceso antes descrito, ya que no hay dolor en la columna y se produce debilidad, que evoluciona a ataxia y paresia, con signos de neurona motora superior, y sin afectación del control de esfínteres.
La enfermedad discal tipo Hanssen II se observa, en general, en perros de edad avanzada de razas grandes no condrodistróficas.10 Se produce un cambio patológico del disco que consiste en una degeneración fibroide y un debilitamiento dorsal del anillo fibroso; la protrusión parcial del disco origina una masa en forma de cúpula que llega a ser lo suficientemente grande como para provocar una patología compresiva. los signos clínicos son similares a los de la mielopatía degenerativa, con ataxia y paresia progresiva, y signos de neurona motora superior o de ésta y neurona motora inferior combinadas, según la localización de la protrusión; a diferencia de la mielopatía degenerativa, puede haber dolor y afección del control de la micción.
La discoespondilitis o infección del disco intervertebral y osteomielitis concurrente de las vértebras adyacentes, provoca un cuadro clínico muy similar a los procesos ya mencionados;10, 11 no siempre aparecen otros signos más específicos como fiebre, anorexia y depresión, por lo que su diagnóstico en ocasiones es difícil. La espondilosis deformans es un trastorno degenerativo no inflamatorio que suele detectarse de forma casual, aunque puede estar vinculado a las protrusio- nes discales12 y originar rigidez y dolor espinal en algunos pacientes; normalmente no tiene significación clínica y no debe confundirse con la discoespondilitis.11
Por último, cabe mencionar la espondilomielopatíaafecta a razas grandes y gigantes10 (especialmente, Doberman y Gran danés) y causa dolor en el cuello y una alteración de la marcha, más grave en los miembros pelvianos, la cual puede oscilar desde ataxia leve a paresis y dismetría intensas.
El diagnóstico de los problemas neurológicos normalmente requiere estudios más complejos que las radiografías simples, por lo general suficientes para los problemas orto- pédicos. la discoespondilitis se diagnostica con radiografías simples, sin embargo, si hay un déficit neurológico grave, hay que recurrir a las técnicas de contraste (mielografía), al igual que en las hernias discales. En el caso de la enfermedad lumbosacra pueden ser necesarias una mielografía y/o una epidurografía, en lo posible con proyecciones bajo estrés, para confirmar el diagnóstico. la mielopatía degenerativa se diagnostica por exclusión y es, normalmente, un hallazgo de necropsia. los nuevos sistemas de diagnóstico por imagen (tomografía computarizada y resonancia magnética) son de gran utilidad para una evaluación más completa de estas enfermedades, ya que se obtiene un contraste superior para la valoración de los tejidos blandos (fig. 4).
El tratamiento de estas enfermedades puede ser médico (por ej., antibióticos en casos de disco- espondilitis; antiinflamatorios y pérdida de peso para enfermedad lumbosacra degenerativa y fases iniciales de protrusión discal), pero cuando aparecen signos recurrentes o déficits neurológicos se hace necesario el tratamiento quirúrgico (descompresión, tracción-estabilización).
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Conclusión
Los animales de avanzada edad que presentan debilidad del tercio posterior, claudicación o alteraciones en la movilidad suponen un desafío para el veterinario en cuan- to al diagnóstico. Resulta extremadamente importante distinguir entre causas ortopédicas y neurológicas, ya que el enfoque diagnóstico y terapéutico es muy diferente.
Muchos de estos pacientes presentan problemas articulares crónicos, aunque la rotura del ligamento cruzado anterior parece ser la causa más frecuente de claudicación del tercio posterior en los perros de edad media o avanzada. En muchas ocasiones, no se diagnostica adecuadamente ya que se asocia a otros procesos degenerativos crónicos, responsables de cuadros más leves, los cuales pueden aparecer de forma concomitante en el mismo animal.
Las enfermedades neurológicas que con mayor frecuencia se confunden con problemas ortopédicos son la enfermedad lumbosacra degenerativa, la mielopatía degenerativa, la enfermedad discal intervertebral, la discoespondilitis o la espondilomielopatía cervical. De todas ellas, la enfermedad lumbosacra degenerativa es la de aparición más habitual en la práctica clínica. Si bien todas estas patologías presentan síntomas comunes, cada una tiene diferencias muy significativas que permiten su identificación.
El diagnóstico de estas enfermedades requiere una anamnesis exhaustiva y un examen físico completo que incluya las exploraciones ortopédica y neurológica. La realización de pruebas diagnósticas específicas tales como radiografías, estudios de contraste y otras técnicas más sofisticadas, pero actualmente disponibles en medicina veterinaria (tomografía computarizada y resonancia magnética), pueden ayudar a definir la lesión de una forma más precisa y, en ocasiones, a confirmar el diagnóstico. Si existen varias patologías asociadas en el mismo paciente, se debe intentar identificar cuál es la principal para poder asesorar al propietario en cuanto a las opciones terapéuticas y también respecto al pronóstico. El tratamiento, conservador o quirúrgico, dependerá del tipo de patología diagnosticada.
Resulta esencial hacer una buena labor de investigación en el caso de estas enfermedades, ya que existen recursos, tanto de tipo médico como quirúrgico, para mejorar sustancialmente las condiciones en las que viven nuestras mascotas.
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