SVV  - Volumen 8 - Nº 1

Manejo de la AHIM canina
Lifton J. Stephanie *                          



    La AHIM  (anemia hemolítica inmunomediada)  es uno   de los  procesos inmunohematológicos más
prevalentes del perro. Su tratamiento adecuado depende de un diagnóstico certero y el conocimiento
de las posibles complicaciones. Para que el sistema inmune funcione con adecuación, debe ser capaz
de diferenciar entre antígenos "propios"  y  "extraños", un fenómeno denominado tolerancia. Durante

el desarrollo temprano, los linfocitos autorreactivos son  suprimidos en el   timo.  Empero, algunos  de
tales linfocitos pueden escapar  de esta supresión  clonal.  Otros mecanismos  para que  los  linfocitos
autorreactivos  alcancen la circulación incluyen mutaciones que incrementan  la afinidad de receptor
para  autoantígenos,  desarrollo  de  sitios  ectópicos   y  exposición  a  autoantígenos  previamente
secuestrados.  De este modo, la tolerancia demanda un mantenimiento activo.
    La autoinmunidad es la pérdida de la autotolerancia y denota un disturbio primario del sistema

inmune. La  hemólisis inmunomediada puede ser primaria  o secundaria  a otras  condiciones.  Se
postularon varios mecanismos mediante los cuales un antígeno extraño podría inducir una reacción 
contra  los autoantígenos, incluyendo:

    Las posibles etiologías de la AHIM secundaria se encuentran en la tabla 1. Cuando se diagnostica un
caso de AHIM, es  importante descartar las  causas secundarias porque la  eliminación  de la fuente de
estimulación antigénica es vital para lograr el control de la enfermedad.

FISIOPATOLOGIA

    Con independencia del tipo de AHIM, el mecanismo de la destrucción celular es similar.  La anemia
está  ocasionada  por la  acelerada  destrucción de  los   glóbulos  rojos  incitada por la  fijación de las
inmunoglobulinas o  complemento (C3b) a las membranas celulares.  La inmunoglobulina  más común
en la  AHIM canina es la  IgG; los anticuerpos IgM  también se pueden presentar solos o  en concierto
con la IgG y complemento.  Cuando el  complemento está solo sobre las membranas celulares,  suele
presentarse una enfermedad diferente de la AHIM y la hemólisis marcada es rara.

    Los  eritrocitos   cubiertos  con anticuerpos  se unen  a los  receptores  Fc sobre  los  macrófagos  y
monocitos del sistema fagocito mononuclear,con la resultante fagocitosis. Esta hemólisis extravascular
ocurre primariamente en el bazo (células cubiertas con IgG) y en menor extensión en el hígado (células
cubiertas con IgM  y  complemento).  Si el macrófago elimina sólo una parte de la membrana celular, el
eritrocito  pierde  su configuración  bicóncava usual  y forma   una célula  densa  pequeña  denominada
esferocito. Los esferocitos son más rígidos y  frágiles  y por ello, más proclives a ser eliminados por los
macrófagos esplénicos.

    Cuando la inmunoglobulina fija y activa el complemento, toma lugar una reacción de hipersensibilidad
tipo II, que motiva  la  hemólisis intravascular.  La  hemólisis intravascular  sucede  con la  IgM  (que es
eficiente en la fijación del complemento) o  con elevados títulos de la IgG.   La magnitud  de la hemólisis
depende del título  de anticuerpos,  la afinidad  del anticuerpo  por   el  autoantígeno,  la  capacidad  del
anticuerpo para fijar el complemento, la densidad antigénica sobre la membrana y el estado de activación
del sistema fagocito mononuclear.

RESEÑA

    Similar a muchas otras enfermedades inmunomediadas, la AHIM afecta con mayor regularidad a las
perras. La edad media de comienzo es de 5,5 a 6 años. Si bien enferma cualquier raza, hay una mayor
frecuencia en el Cocker spaniel, Antiguo pastor inglés, Lhasa apso, Shih tzu, Caniche y Springer spaniel.
En el perro se sospecha la susceptibilidad genética.

SINTOMATOLOGIA

    Los signos clínicos  de la   AHIM en general se relacionan con el estado anémico y  la hemólisis. Los
antecedentes  son inespecíficos e  incluyen  anorexia,  depresión,   debilidad,  vómito y  letargia.  Las

alteraciones  en  el  examen  físico  pueden   abarcar  mucosas  pálidas,  ictericia,  fiebre,  espleno   o 
hepatomegalia,  taquipnea,  taquicardia y  pulsos saltones.  A   medida que la formación de bilirrubina
supera la capacidad hepática para  excretarla hacia la bilis,  comienza su acumulación en los tejidos y
puede  notarse la  ictericia  sobre  la  esclerótica,   encías,  lado  interno  de  orejas  y  vulva.   Otras
anormalidades  comprenden  bilirrubinuria o  hemoglobinuria   (en la hemólisis intravascular,  la orina
adquiere coloración de vino oporto), soplo anémico y petequias  si hay trombocitopenia concurrente o
alteraciones  hemostáticas  secundarias.  La  magnitud   del  cuadro  depende  de  la  rapidez  de
establecimiento de la anemia.

CATEGORIZACION DE LA ANEMIA (tablas 2 y 3)

    El  primer  paso en el diagnóstico  de todo paciente anémico  es determinar  si la anemia   se debe a
disminución  de  la  eritropoyesis, hemorragia  o hemólisis.   Se deben medir  el hematócrito  (volumen
celular aglomerado o  VCA) y proteinemia total. La AHIM a menudo cursa con marcada  disminución del
VCA. En un estudio el  88% de los casos tuvo VCA menores del 20%  en la   presentación. La proteinemia
total tiende a ser normal o elevada cuando la anemia se debe a hemólisis o hipoproducción, pero suele
estar reducida en  los casos hemorrágicos.  La ictericia en el paciente anémico  suele indicar  hemólisis.
Empero, la hepatopatía también puede cursar con ictericia y anemia hemorrágica por coagulopatía. Un
frotis  puede  revelar signos de  regeneración  (macrocitosis,   hipocromasia,  anisocitosis)  lo que hace
improbable  la  hipoproducción.  Asimismo, la detección de esferocitos en un frotis a menudo indica un
proceso inmunomediado.
    La presencia de aglutinación es   patognomónica  de un proceso inmunomediado  (pero no diferencia
entre AHIM primaria o secundaria) y  su ausencia no  necesariamente   descarta a  la  AHIM.  Para  esta
prueba, colocar dos gotas de sangre anticoagulada sobre un porta y mezclar una de las mismas con una
gota de  solución  salina  como control.  Mecer con suavidad el porta hacia adelante y atrás, y observar
por aglutinación. Si no hay aglutinación evidente, examinar con microscopio y diferenciar entre pilas de
monedas  y  "racimos de uvas"  (microaglutinación).   Aunque la  AHIM  es la causa más  corriente de la
hemólisis, se la debe diferenciar de las etiologías no inmunes siguiendo una pesquisa detallada.

    Hemograma completo.     La AHIM suele cursar con leucocitosis marcada consistente en neutrofilia con
o sin desvío a la izquierda. Los motivos para su presencia son la mieloestimulación generalizada en respuesta
a la anemia y  activación del complemento secundaria a la respuesta inflamatoria con  posterior quimiotaxis
neutrofílica.  La  AHIM se acompaña con una fuerte respuesta regenerativa de la médula ósea, reflejada por
una reticulocitosis   > 60.000/µl   o  porcentaje reticulocitario corregido  > 1%  (porcentaje de reticulocitos

x hematócrito/45%).  En la  anemia intensa puede  haber eritrocitos nucleados en la  periferia.  El empleo del
VCM  y  CHCM  como indicadores de  regeneración puede resultar engañoso porque ambos pueden tener una
elevación falsa en la AHIM. Sin embargo, hasta un tercio de los casos pueden ser arregenerativos  (todavía
no se alcanzó la respuesta reticulocitaria máxima, anticuerpos contra reticulocitos o precursores medulares,
cambios tóxicos en la médula o enfermedad concurrente).
    Si la anemia sigue siendo arregenerativa  después de   5-7 días se  indica  la aspiración  de médula ósea.
Los hallazgos medulares sugestivos de  un  proceso  inmune  comprenden   hiperplasia  eritroide  con  o sin

detención de la  maduración,  incremento  de los plasmocitos   y  eritrofagocitosis  ocasional.  Un marcado
número de esferocitos en el frotis es un buen indicador de AHIM; la esferocitosis se presenta en el 67% de
los casos.  Un  esferocito ocasional  se puede reconocer en la sangre de perros normales, pero más del 2%
se considera significativo. Empero, la esferocitosis no es patognomónica de la AHIM porque puede ocurrir
en otras condiciones, como la toxicosis con zinc.
    La AHIM  y  trombocitopenia inmunomediada  (TIM) concurrente se verifica  en el  67%  de los casos. La
obtención  de un recuento plaquetario basal es importante por dos motivos: 1) la TIM concurrente afectará
el  tratamiento  y  supervisión de los pacientes;  2)  la reducción  del  recuento plaquetario puede indicar  la
presencia de una CID, la cual puede ser una complicación fatal de la AHIM.   En tal  caso  solicitar un perfil de
coagulación. Asimismo, los frotis pueden ser explorados por la existencia de esquistocitos.

    Bioquímica sérica.     Las   anormalidades  comunes  incluyen  la  hiperactividad   enzimática  hepática 
e hiperbilirrubinemia. Las transaminasas y FA incrementan por la hipoxia (anémica) y colestasis.

    Urianálisis.     A medida que se acumula  la bilirrubina, se  produce  la bilirrubinuria. La hemoglobinuria
se presenta con la hemólisis intravascular. Cuando la haptoglobina y otras proteínas portadoras se saturan
y  la  capacidad resortiva de los  túbulos renales se ve   superada,  la hemoglobina  se derrama dentro de la
orina confiriéndole coloración de vino oporto.

    Reacción de Coombs directa.     Detecta  los anticuerpos sobre las membranas de los eritrocitos.
Se requieren reactivos específicos de especie. Es positiva en el 60-70%  de los casos de AHIM; también
se producen resultados falsos  (tabla 4).   La  prueba confirma  que la enfermedad es  inmunomediada
(no diferencia  entre  primaria  y  secundaria)  y  es   innecesaria  cuando  se  documenta  la  presencia 
de autoaglutinación.

COMPLICACIONES

    Las complicaciones primarias de la AHIM son la CID y enfermedad tromboembólica, en particular el
tromboembolismo pulmonar (TEP). Los perros con AHIM están en riesgo de CID porque la inflamación
asociada con la hemólisis (en especial la intravascular) puede activar la cascada de la coagulación con
el  resultante  consumo  de  los  factores   coagulantes  y  plaquetas.  El  tratamiento  consiste   en  la
administración de plasma reciente congelado; el uso de la heparina es controvertido.
    La enfermedad tromboembólica tal vez sea la complicación más corriente de la AHIM. Los trombos
suelen alojarse en los pulmones, pero pueden encontrarse en  muchos órganos.   El mecanismo del TEP
en la AHIM es desconocido, pero se puede relacionar con la coagulación de origen endotelial disparada
por los anticuerpos  antieritrocitos  o  la  liberación   de  sustancias  tromboplásticas  secundaria  a  la
hemólisis.  La  corticoterapia también puede contribuir con este estado hipercoagulable y el riesgo de
TEP.  El  aumento  del  riesgo  se  asocia  con   una  reacción de Coombs-negativa, hiperbilirrubinemia,
hipoalbuminemia, trombocitopenia, hiperactividad FA y uso de catéteres EV.   El  diagnóstico  del  TEP
puede ser difícil; el signo clínico habitual es el comienzo repentino de disnea o taquipnea. En un perro
con AHIM, la taquipnea del TEP debe ser diferenciada de  otras   etiologías  como  exacerbación  de  la
anemia o fiebre resultante de la hemólisis.  El  estudio ideal   sería la gammagrafía pulmonar, rara vez
disponible  en  la  práctica.  La  radiología   puede ser normal o  revela un patrón alveolar o intersticial
dorsocaudal correspondiente  a las zonas  de  infartación,   atelectasia  o  hemorragia.  La isquemia  y
necrosis de los pulmones y pleura adyacente conduce a la pleuritis con incremento de la permeabilidad
y disminución de la absorción de líquido, lo que genera pleurorrea leve a moderada.
    El análisis de  gases  arteriales  puede   ser  de  utilidad  para  el  diagnóstico  del   TEP  (hipoxemia,
normocapnia o hipocapnia, y aumento del gradiente de oxígeno alveolar-arterial). Cuando el mismo no
es posible, la oximetría de pulso puede dar una aproximación de la saturación del oxígeno, que debería
ser cercana al 100% en un paciente anémico. Es importante recordar que la relación entre saturación

de oxígeno y presión parcial en sangre arterial (PaO2) no es lineal (una saturación < 89% corresponde
a una  PaO2  < 60 mmHg  e  indica hipoxemia marcada).  La  PVC   también  incrementa  porque  el  TEP
induce hipertensión pulmonar.
    El tratamiento del TEP consiste en oxigenoterapia, anticoagulantes y atención de sostén. La heparina
(250 U/kg/6 horas, SC) inhibe el crecimiento  de los trombos  existentes  y   previene  nuevos  coágulos.

Como alternativa,  el plasma reciente congelado  se  puede   incubar  con heparina (inyectar  100 U/kg en
plasma semicongelado  y  seguir descongelando  en agua caliente durante unos 30 minutos)  para activar
la antitrombina III. Considerando el alto riesgo de  TEP  en los perros   con  AHIM parece estar justificado
el uso profiláctico temprano de la heparina. En casos seleccionados se han utilizado otros anticoagulantes
como la estreptocinasa, pero todavía faltan estudios sobre su eficacia y seguridad.

TRATAMIENTO

    Atención de sostén.     La fluidoterapia es importante para  corregir las deficiencias hidroelectrolíticas,
prevenir la deshidratación  y  asegurar una perfusión renal adecuada.   El  reposo  en  jaula ayuda a  reducir
las demandas de oxígeno.  Ya pertenece  al  pasado  la idea   de que las transfusiones exacerban la hemólisis.
La  terapia  con  hemocomponentes  puede  ayudar  a   reducir  las  complicaciones  vinculadas  con  las
transfusiones  de  sangre  entera.  Cuanto  más   rápida  es  la  caída  del  hematócrito  más urgente es la
necesidad de un soporte eritrocítico. En general, la condición mejora en la mayoría  de  los pacientes si el
hematócrito es mantenido por encima del  15%.  Si la  hemólisis   está progresando con rapidez, las células
transfundidas serán destruidas junto a las propias del paciente. En lo posible utilizar sangre DEA 1.1 y 1.2-
negativa. Si hay anormalidades hemostáticas o sospecha de CID, suplementar los factores coagulantes con
plasma reciente congelado.
    Ya existen los hemosustitutos en forma de soluciones transportadoras de oxígeno a base de hemoglobina
(Hb) como el Oxyglobin®, cuya  Hb tiene una vida media de casi  30 horas.  Aún  se requieren estudios para
saber si  tales productos  son superiores  a las  transfusiones   de eritrocitos aglomerados en el tratamiento
de la AHIM.
    Muchas  de  las  drogas  empleadas   para  suprimir  la  reacción  inmune  pueden   ocasionar  irritación
gastrointestinal. Ninguna de las drogas disponibles para tratar o prevenir la ulceración gastrointestinal ha
demostrado prevenir la hemorragia resultante de la corticoterapia. Sin embargo, la mayoría de los clínicos
sostienen  la  prudencia  de  utilizar  agentes   citoprotectores  como  bloqueantes  H2 (famotidina 0,5 mg/
kg/12-24 horas EV o bucal; cimetidina 10 mg/kg/6-8 horas EV, IM o bucal);   sucralfato  (si hay ulceración,
0,5-1 g/8-12 horas en suspensión)  o  misoprostol (2-5 µg/kg/8 horas, bucal).  Esto puede ser de especial
importancia en los pacientes con TIM concurrente en los cuales es habitual el sangrado desde la mucosa
intestinal.

    Corticosteroides.     Son la base del tratamiento. Los mecanismos de acción incluirían: interferencia con
los receptores Fc sobre los macrófagos, lo cual amortigua la destrucción de los eritrocitos sensibilizados por
el anticuerpo;  reducción de la  afinidad  de anticuerpo por la   membrana celular;  inhibición de las rutas de
amplificación de la cascada del complemento; bloqueo de la reacción inflamatoria;   depresión  de la síntesis
de IL-2; y menor proliferación de linfocitos.
    La dosis para la prednisona es de 2-4 mg/kg/día, dividida en dos tomas al día. La dexametasona (5 o 7
veces más potente) también puede emplearse. Alcanzada la remisión,  la dosis se reduce en forma gradual
cada 3-4 semanas. Los pacientes que responden a la prednisona sola lo hacen dentro de la semana. Por ello
se  recomienda probar  la corticoterapia  al  menos   durante  una  semana antes de intentar el uso de otros
agentes.  Hasta el momento,  no  hay  estudios   controlados  en  perros  que  demuestren que alguno de los
siguientes agentes sean efectivos o superiores a la prednisona sola.

    Ciclofosfamida.     Agente alquilante que entrecruza el ADN interfiriendo con la división celular.  Los posibles
efectos  colaterales comprenden mielosupresión,  irritación gastrointestinal  y  cistitis hemorrágica estéril.  La
dosis es 50 mg/m² bucal 1 vez al día 4 días/semana o 200 mg/m² bucal o EV 1 vez/semana según se requiera.

    Azatioprina.     Es un antimetabolito metabolizado en el hígado a 6-mercaptopurina, el cual opera como
nucleótido falso que compite con la adenina en la síntesis de los ácidos nucleicos, creando así  ADN  y ARN
afuncionales.   Los  posibles  efectos  colaterales   incluyen  mielosupresión,  irritación  gastrointestinal,
hepatotoxicidad  y  pancreatitis.  La  dosis  es de   2 mg/kg/día bucal,  con  reducción de  hasta  0,5-1 mg/
kg/48 horas. Un estudio reciente demostró una sobrevida significativamente mayor en perros tratados con
prednisona y azatioprina en comparación con otros protocolos.

    Danazol.     Es un andrógeno atenuado que actúa primariamente bloqueando o deprimiendo la regulación de
los receptores  Fc  sobre los macrófagos.  En  humanos habría una posible relación sinérgica con la prednisona,
pero en los perros no se observaron diferencias significativas en la sobrevida. Los posibles efectos colaterales
incluyen  aumento  ponderal,  letargia,  masculinización   e hiperactividad enzimática hepática.  La dosis es de
5-10 mg/kg/12 horas bucal. Los efectos pueden demorarse 1 o 2 semanas.

    Ciclosporina.     Derivado fúngico, potente inhibidor de la activación de células T. Inhibe la transcripción de
IL-2 dependiente del calcio, que es importante en la fase proliferativa  de   la  respuesta inmune.  Los  posibles
efectos  colaterales  incluyen  vómito  y  diarrea,   anorexia,  hiperplasia gingival,  pérdida  ponderal,   alopecia,
hirsutismo, papilomatosis, sacudidas involuntarias  y  susceptibilidad a infecciones.  Empleada  como salvataje
en casos humanos, se requieren estudios para evaluar su utilidad en la AHIM canina.

    Inmunoglobulina humana EV.     Consiste en  IgG  purificada a partir de una mezcla de dadores humanos.
Su  rápida acción  se explicaría  por el bloqueo de los anticuerpos sobre los receptores Fc entre otros efectos.
Se  utilizó en perros con anemia arregenerativa  y  AHIM   típica, y a pesar de algunos resultados promisorios
aún se requieren estudios experimentales y controlados para documentar su utilidad y seguridad. Su ventaja
sería  la  falta  de  mielosupresión  y  sus   desventajas  el  costo,  potenciales efectos adversos (enfermedad
tromboembólica) y eficacia no probada.

    Varios.     El 50 a 80% de los casos de  AHIM humana responde bien a la esplenectomía,  un procedimiento
no  muy estudiado  en los  perros afectados.  La plasmaféresis   es de empleo ocasional en personas y perros
con AHIM (eliminación rápida de los anticuerpos o inmunocomplejos), pero el método no es accesible y falta
documentar su eficacia en la enfermedad canina.

VIGILANCIA DEL PACIENTE

    Las metas iniciales del tratamiento son disminuir el grado de hemólisis, recuperar el eritrón y prevenir las
complicaciones secundarias. Estabilizado el VCA (hematócrito de preferencia por encima del  25%),  el animal
puede recibir el alta hospitalaria.  El propietario debe mantener la inactividad del paciente  y  supervisar  sus

mucosas  y  orina  por  evidencias  de  otra   crisis  hemolítica.  Medir el  VCA  1 o 2  veces/semana hasta  su
normalización.  Sumado  a  ello,  controlar  el  hemograma  y  reticulocitos  antes de reducir la posología de la
medicación. Un incremento del recuento reticulocitario puede indicar hemólisis activa.
    El nivel de la medicación se debe mantener constante hasta que el  VCA  sea normal  durante un mínimo de
3-4 semanas.  Si el paciente muestra efectos colaterales marcados  de   la  corticoterapia  (por ej., poliuria o
polidipsia, jadeo, intolerancia al esfuerzo),  la  dosis puede ser reducida un poco después  de 2 semanas o se
añade otra droga (azatioprina o danazol) al régimen. Recuérdese que estas medicaciones deben administrarse
durante 2-3 semanas para ser activas antes de poder reducir la posología de la prednisona.
    Una vez que la enfermedad entra en remisión, la dosis de la prednisona se  puede reducir un  25 a 35%  cada
3-4 semanas hasta alanzar la dosis mínima que mantenga la condición bajo control. Para ello se reduce la dosis
o frecuencia de tomas (por ej., de 12 a 24 horas, luego día por medio, luego cada 3 días, etc.).  Si  el  paciente
recibe más de una droga inmunosupresora, cambiar la  dosis  o   frecuencia  de  una  por  vez.  Si  bien  no   hay
estudios de seguimiento a largo plazo, la experiencia clínica sugiere que muchos pacientes pueden llegar a vivir
sin medicación.

PRONOSTICO

    La  mortalidad global varía del  20 al 50%  pero puede ser  más  elevada  en los cuadros fulminantes. El
incremento de la bilirrubinemia (> 5-10 mg/dl) tiene correlación positiva con la mortalidad. Otros factores 
que  influyen  de  manera  negativa  la  sobrevida   incluyen  autoaglutinación,  hemólisis  intravascular, 
hipoalbuminemia, trombocitopenia, VCA reducido en la presentación y ausencia de reticulocitosis. El curso
de la AHIM puede variar desde leve con hemólisis ligera hasta fulminante con hemólisis rápida y fatal.

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* Antech Diagnostics, Irvine, CA
Veterinary Medicine; Vol. 94, Nº 6, 1999