SVV  - Volumen 7 - Nº 6

Quimioterapia Antimicrobiana
Couto, Guillermo *



     En  la   clínica las decisiones  en la implementación  de la quimioterapia antimicrobiana casi siempre
se toman sin el beneficio de los resultados culturales y antibiograma. En las primoinfecciones simples
a  menudo  no se realiza  el cultivo.  En  las infecciones riesgosas  para la vida, las decisiones sobre la
elección  de los antimicrobianos deben  ser tomadas  antes de conocer   los resultados culturales;  la
sobrevida puede depender de la selección de regímenes terapéuticos óptimos.

    El reconocimiento de los agentes infecciosos más comunes (grampositivos, gramnegativos, aerobios
o anaerobios)  asociados  con la infección  de los diferentes sistemas orgánicos  es fundamental  en la
selección empírica de los antimicrobianos.  Los hallazgos citológicos  y   resultados  de la coloración de
Gram pueden ser aprovechados para identificar microbios y facilitar la selección de los antimicrobianos
adecuados.  El  agente elegido  debe contar  con un mecanismo  de acción propicio contra  el patógeno
sospechado y  debe alcanzar concentraciones  adecuadas  en los tejidos infectados  (tabla 1).  Los
antibióticos bactericidas requieren la replicación del microbio y por ello no deberían ser administrados
en conjunción con los bacteriostáticos. Los agentes bacteriostáticos  no deben   ser utilizados  en los
animales inmunosuprimidos porque tales drogas requieren respuestas inmunes normales para alcanzar
máximos efectos.
    El propietario debe tener deseos de administrar la droga en los intervalos indicados y la misma debe
ser conveniente. Si la medicación tiene potencial tóxico también es una consideración de importancia
(tabla 2). En los perros y gatos con primoinfecciones simples o cuando se prescriben drogas con
potencial tóxico, se deben emplear el extremo inferior del rango posológico y el intervalo de máxima
duración. Los patógenos intracelulares, infecciones anaeróbicas y condiciones riesgosas para la vida
incluyendo bacteriemia e infecciones del SNC, deben tratarse con el extremo superior de la dosis y el
intervalo de dosificación más corto. En todos los pacientes con infecciones que amenazan la vida, los
antibióticos deben ser administrados por ruta parenteral al menos durante los primeros 5 a 7 días.
La administración parenteral también está indicada en los casos de vómito o regurgitación. La
administración peroral de los antibióticos se puede iniciar cuando resuelven los vómitos, regurgitación
o estados peligrosos para la vida.

    La mayor parte de los pacientes inmunocompetentes con primoinfecciones simples responden con
adecuación a 10-14 días de antibioticoterapia. Los distintos tipos de infecciones: crónicas, esqueléticas,
en animales inmunosuprimidos, que cursan con reacciones granulomatosas y las motivadas por patógenos
intracelulares, en líneas generales son tratadas durante un mínimo de 4-6 semanas o 1-2 semanas más allá
de la resolución de los signos radiológicos o clínicos.

    Cuando se conocen los resultados del antibiograma, el antibiótico empleado se modifica si está indicado.
Si hay escasa respuesta terapéutica a un antibiótico en 72 horas, se debe considerar un tratamiento
alternativo. Las condiciones que redundan en tejidos desvitalizados, granulomatosos o consolidados (por
ej., neumonía por aspiración) pueden no mostrar signos radiográficos de mejoría antes de los 7 días. Los
tejidos desvitalizados deben ser desbridados en lo posible para fomentar la resolución de la infección.

INFECCIONES ANAEROBICAS   

    Las bacterias anaeróbicas de importancia clínica en caninos y felinos son Bacteroides sp,
Fusobacterium sp, Peptostreptococcus sp, Peptococcus sp, Clostridium sp, Actinomyces sp,
Propionibacterium
sp y Eubacterium sp. El Actinomyces es un anaerobio facultativo; los restantes
microorganismos son anaerobios obligados que no pueden emplear el
O2 con fines metabólicos y se
destruyen en su presencia. Las bacterias anaeróbicas son parte de la flora normal en áreas con baja
tensión de O2 y escaso potencial de oxirreducción, como las mucosas bucal y vaginal. El origen de la
mayoría de las infecciones anaeróbicas es la propia flora del animal. Las infecciones anaeróbicas son
potenciadas por la disminución del flujo sanguíneo, necrosis tisular, infección previa o inmunosupresión.
Las bacterias anaeróbicas elaboran una serie de enzimas y factores que inducen lesión tisular y
promueven la colonización. En la mayoría de las infecciones con anaerobios, por lo usual coexiste un
proceso bacteriano aeróbico, el cual debe ser tenido en cuenta cuando se considera la selección del o
los antimicrobianos.
    Las infecciones anaeróbicas por lo usual se asocian con orofaringe, SNC, espacio subcutáneo, sistema
musculo-esquelético, conducto gastrointestinal, hígado y vías genitales femeninas y pueden ocurrir en
perros o gatos con neumonía por aspiración o consolidación lobar pulmonar. En los pacientes con gingivitis,
rinitis, abscesos retrobulbares, abscesos retrofaríngeos, neumonía por aspiración, piotórax, otitis media
e interna, infección del SNC, heridas por mordeduras, heridas abiertas, fracturas abiertas, osteomielitis,
peritonitis, hepatitis bacteriana, piómetra, vaginitis, bacteriemia y endocarditis valvular se debería
sospechar una infección anaeróbica (tabla 3). La mejoría de la irrigación sanguínea y oxigenación del área
infectada es la meta primaria en el tratamiento de las infecciones anaeróbicas. La antibioticoterapia debe
ser empleada en forma concurrente con drenaje o desbridamiento. Los antibióticos parenterales deben ser
administrados durante varios días en los pacientes con piotórax, neumonía, peritonitis y signos compatibles
con bacteriemia. Los derivados penicilínicos, clindamicina, cloranfenicol, metronidazol y cefalosporinas son
de empleo corriente para el tratamiento de las infecciones anaeróbicas (tabla 4). Con la excepción del
Bacteroides fragilis, los derivados penicilínicos tienen excelente actividad contra los anaerobios. Si los
cocobacilos gramnegativos son detectados en la citología de un exudado neutrofílico, en particular si se
asocian con la cavidad bucal, el metronidazol, cefalosporina de primera
generación o clindamicina deben
ser administrados en lugar de un derivado de la penicilina. Como ya se mencionara, las infecciones
anaeróbicas y aeróbicas concurrentes son frecuentes, lo cual indica un tratamiento antimicrobiano
combinado, de manera particular si existen signos riesgosos de bacteriemia.

BACTERIEMIA Y ENDOCARDITIS BACTERIANA   

    La bacteriemia puede ser transitoria, intermitente o continua. La odontología de rutina es una causa
habitual de bacteriemia transitoria. La bacteriemia intermitente por lo común desarrolla en pacientes
inmunosuprimidos o con enfermedad riesgosa; muchas veces la fuente de la infección está en las vías
urinarias. La bacteriemia continua ocurre con mayor frecuencia en asociación con endocarditis
bacteriana. Los pacientes bacteriémicos tienen fiebre intermitente, depresión y signos clínicos
asociados con el sistema orgánico primario infectado. La sepsis es la respuesta sistémica a la infección
y se manifiesta con insuficiencia circulatoria periférica (choque séptico).
    El Staphylococcus sp, Streptococcus sp, Escherichia coli, Klebsiella sp, Enterobacter sp, Pseudomonas
sp, Clostridium sp y Bacteroides sp comúnmente son aislados desde la sangre de los perros y gatos
bacteriémicos. La endocarditis bacteriana suele estar causada por Staphylococcus aureus, E. coli o
Streptococcus ß-hemolítico. Si la fuente de la bacteriemia o endocarditis bacteriana proviene desde
un área con flora mixta como el conducto gastrointestinal o si el paciente tiene sintomatología
preocupante, se debe emplear un antibiótico, solo o combinado, que sea efectivo contra los microbios
grampositivos, gramnegativos, aerobios y anaerobios (aproximación de cuatro cuadrantes). Un
aminoglucósido o quinolona para los gramnegativos más ampicilina, cefalosporina de primera generación
o clindamicina para los grampositivos y anaerobios representan una terapia combinada de prescripción
frecuente (tabla 5). Las cefalosporinas de segunda y tercera generación, ticarcilina combinada con
clavulanato e imipenema son drogas individuales con un espectro de cuatro cuadrantes. Después del
tratamiento parenteral con estas drogas durante 5-7 días, la terapia peroral es seleccionada en función
de los resultados culturales/antibiograma. El tratamiento oral es continuado durante un mínimo de 4-6
semanas, de manera particular en pacientes con endocarditis bacteriana. El hemocultivo debe ser
realizado 1  y 4 semanas después de suspender la terapia para confirmar el control de la infección. El
pronóstico en los casos de endocarditis bacteriana es reservado a malo debido al daño de las válvulas
cardíacas infectadas.

INFECCIONES CUTANEAS Y DE LOS TEJIDOS BLANDOS  

    El Staphylococcus intermedius es la causa más corriente de piodermia. La piodermia profunda puede
ser inducida por cualquier microorganismo, incluyendo los gramnegativos. La mayoría de las infecciones
de tejidos blandos, incluyendo heridas abiertas y abscesos, están infectadas con una población
bacteriana mixta; la flora aeróbica y anaeróbica bucal es incriminada con regularidad. Las opciones
empíricas recomendadas para los casos de rutina de piodermia e infecciones de tejidos blandos se listan
en la tabla 4. Los antibióticos de amplio espectro, como las cefalosporinas de primera generación y
amoxicilina-clavulanato, a menudo son la primera opción. Si se sospecha en Staphylococcus sp deben
utilizarse las penicilinas resistentes a la ß-lactamasa como la oxacilina, cloxacilina y amoxicilina-clavulanato.
Las combinaciones de sulfas pueden ser empleadas para tratar los pacientes con piodermia superficial pero
deben ser evitadas si es necesaria la terapia crónica, porque la resistencia bacteriana emerge en poco
tiempo. Las infecciones cutáneas y de tejidos blandos que no responden a estos antibióticos pueden estar
causadas por bacterias gramnegativas, formas L, Mycoplasma sp, Mycobacterium sp atípico, hongos
sistémicos o Sporothrix schenckii. Las quinolonas son las drogas de elección para el tratamiento de las
infecciones a gramnegativos. Los pacientes que no responden a la antibioticoterapia empírica deben ser
evaluados con mayor esmero o ser tratados con antibióticos conocidos por tener actividad contra los
patógenos menos comunes (tabla 4). Si no se efectuó previamente, se debe hacer el examen microscópico
de aspirados tisulares o de pústulas buscando la presencia de Sporothrix sp y bacterias de morfología
similar al Mycobacterium sp. Los tejidos profundos deben ser obtenidos después de la preparación
quirúrgica de la piel para el cultivo de aerobios, anaerobios, Mycoplasma sp, hongos y Mycobacterium sp
atípico y examen histológico por formas bacterianas L.

INFECCIONES DEL CONDUCTO GASTROINTESTINAL E HIGADO    

    La administración oral de los antibióticos está indicada para el tratamiento de la hipermultiplicación
bacteriana del
intestino delgado, encefalopatía hepática, colangiohepatitis, abscedación hepática e
infección con Helicobacter felis, Campylobacter jejuni, Clostridium perfringens, Giardia sp,
Cryptosporidium parvum, Balantidium coli, Entamoeba histolytica, Pentatrichomonas hominis,
Toxoplasma gondii
e Isospora sp (tabla 6). La administración de antibióticos parenterales está indicada
en pacientes con bacteriemia causada por la translocación de la flora entérica o infección con
Salmonella
sp.
    La Entamoeba, Giardia, Balantidium y Pentatrichomonas en general responden a la administración de
metronidazol bucal en dosis de 25 mg/kg/12 horas durante 8 días. Esta es la dosis máxima del metronidazol
que debe ser empleada; dosis progresivamente menores deben ser utilizadas en los perros más grandes
para disminuir la probabilidad de toxicidad. El albendazol, fenbendazol y neomicina también son efectivos
para el tratamiento de la giardiasis. La paronomicina es la droga de elección para el tratamiento de la
criptosporidiosis humana y cuando se administra por ruta bucal en dosis de 125 a 165 mg/kg/12 horas
durante 5 días, parece ser eficiente en gatos y perros. La administración oral secuencial de clindamicina
en dosis de 12 mg/kg/12 horas seguida por tilosina 15 mg/kg cada 8 horas durante 28 días bloqueó la
excreción de ooquistes y resolvió la diarrea en un gato con criptosporidiosis clínica crónica. La tilosina
en apariencia fue satisfactoria bloqueando la excreción de ooquistes en otros gatos con diarrea por
criptosporidiosis. El período de excreción de los ooquistes del T. gondii puede ser acortado con la
administración peroral de clindamicina en dosis de 12 mg/kg/12 horas durante 10 días. La infección con
Isospora sp en general responde a la sulfadimetoxina en dosis de 25 mg/kg/día, bucal, durante 7 días, con
el régimen terapéutico repetido de nuevo a los 7 días.
    La hipermultiplicación bacteriana y del C. perfringens en general responde al tratamiento con tilosina,
ampicilina, amoxicilina, tetraciclinas o metronidazol. La ampicilina debe ser empleada para las infecciones
susceptibles restringidas al lumen del tubo gastrointestinal; la amoxicilina debe ser utilizada para la
infección sistémica. La droga de elección para la campilobacteriosis es la eritromicina; las medicaciones
alternativas son el cloranfenicol, tetraciclinas y quinolonas. La salmonelosis sólo debe ser tratada en
forma parenteral debido a la rápida resistencia que ocurre con la administración de antibióticos
enterales. Los agentes apropiados para el tratamiento de la salmonelosis comprenden cloranfenicol,
combinaciones de sulfonamidas, amoxicilina y quinolonas. La infección con el Helicobacter felis por lo
usual se trata con la combinación de metronidazol y derivados de la tetraciclina o amoxicilina y
metronidazol. Los macrólidos como la azitromicina y claritromicina también son efectivos para la
helicobacteriosis.
    Las infecciones hepáticas en general responden a la amoxicilina, cefalosporinas de primera generación
o cloranfenicol. La disminución de la flora entérica mediante la administración peroral de penicilinas,
metronidazol o neomicina puede amortiguar la sintomatología de la encefalopatía hepática. Los perros y
gatos con aparente bacteriemia causada por bacterias entéricas deben ser tratados empleando
antibióticos parenterales con espectro contra anaerobios y gramnegativos, como ya se describiera.
La hipermultiplicación bacteriana es secundaria a muchas enfermedades gastrointestinales y puede ser
inducida por la administración de antimicrobianos orales de amplio espectro. Esta condición puede ser
manejada con la resolución de la etiología primaria y empleo de tilosina o derivados de la tetraciclina.

INFECCIONES MUSCULOESQUELETICAS   

La osteomielitis y discoespondilitis suelen asociarse con infecciones a Staphylococcus sp, Streptococcus sp,
E. coli, Proteus
sp, Pseudomonas sp y anaerobios. Las cefalosporinas de primera generación, amoxicilina/
clavulanato y clindamicina son las drogas lógicas para la terapia empírica de estas condiciones debido a su
espectro contra los grampositivos y anaerobios y su capacidad para alcanzar elevadas concentraciones
en el hueso (tabla 7). Las quinolonas deben ser empleadas si hay sospecha de gramnegativos. El tratamiento
antibiótico debe ser continuado durante 2 semanas más allá de la resolución de los signos radiográficos. Los
pacientes con poliartritis séptica deben
ser tratados como aquellos con osteomielitis. La fuente de
infección debe ser eliminada en lo posible. La Ehrlichia canis, Ehrlichia ewingii, Ehrlichia equi, Rickettsia
rickettsii, Borrelia burgdorferi, Mycoplasma
sp y las formas bacterianas L pueden inducir poliartritis
supurativa aséptica. En ocasiones, las mórulas de la Ehrlichia sp son reconocidas en la citología. En líneas
generales, los hallazgos citológicos en el líquido articular inducidos por estos agentes son similares a los
observados en la poliartritis inmunomediada. Por este motivo, la doxiciclina es un antibiótico empírico
lógico para los perros con poliartritis supurativa aséptica mientras se aguardan los resultados de estudios
diagnósticos adicionales. La amoxicilina es una droga alternativa para el tratamiento de la infección con B.
burgdorferi.

INFECCIONES DEL SISTEMA NERVIOSO   

El cloranfenicol, sulfas, trimetoprima, metronidazol y quinolonas penetran el SNC y deben ser seleccionados
para el tratamiento empírico de las infecciones bacterianas sospechosas del SNC (tabla 7). Las infecciones
bacterianas anaeróbicas y rickettsiales (E. canis y R. rickettsii) del SNC se presentan en algunos casos,
haciendo que el cloranfenicol sea la primera elección lógica. La doxiciclina y eritromicina pueden ingresar
en el SNC cuando existe inflamación. La clindamicina alcanza concentraciones tisulares encefálicas
adecuadas en los gatos normales para el tratamiento de la toxoplasmosis. Las combinaciones de sulfas son
drogas anti-Toxoplasma alternativas y pueden ser efectivas para la Neospora caninum.

INFECCIONES RESPIRATORIAS   

La mayoría de las infecciones respiratorias superiores bacterianas son secundarias a otros procesos
primarios, incluyendo cuerpos extraños, infecciones virales, abscesos radiculares dentales, neoplasias,
traumatismos y micosis. Después que se inflama el epitelio nasal y sinusal, la flora bacteriana normal
puede colonizar y perpetuar el estado inflamatorio. La infección profunda puede ocurrir, originando
condritis y osteomielitis. Como los pasajes respiratorios superiores poseen una flora normal, es difícil
valorar los resultados culturales/antibiograma en tales tejidos. La fuente de la noxa primaria siempre
debería ser erradicada si es posible. Los antibióticos con amplio espectro de actividad contra los
anaerobios (amoxicilina, amoxicilina/clavulanato, combinaciones de sulfas y cefalosporinas de primera
generación) por lo común se prescriben de manera empírica para tratar las infecciones respiratorias
superiores secundarias a la hipermultiplicación de la flora normal (tabla 5). La duración del tratamiento
en general es de 1 a 2 semanas para las primoinfecciones agudas. Los perros y gatos con rinitis crónica
y sospecha de tener osteocondritis que responden a los antibióticos deben ser tratados durante un
mínimo de 4 a 6 semanas o hasta que la sintomatología resuelva durante 2 semanas. La rinitis crónica a
menudo responde al tratamiento con clindamicina debido a su excelente espectro anaeróbico y de
grampositivos y capacidad para penetrar cartílago y hueso. La Bordetella bronchiseptica, Mycoplasma sp
y Chlamydia sp en los gatos son potenciales patógenos bacterianos primarios que infectan los tejidos
respiratorios superiores. Si el paciente no responde bien a los antibióticos de amplio espectro, se pueden
utilizar doxiciclina, cloranfenicol o quinolonas; las especies de Chlamydia, Bordetella y Mycoplasma en
general responden a estas medicaciones. El cloranfenicol es una excelente primera elección para el
tratamiento de la infección respiratoria superior en los pacientes inmunocompetentes debido a su eficacia
de amplio espectro contra los patógenos primarios y penetración tisular.
    El síndrome de tos de las perreras por infección bacteriana suele responder a la doxiciclina,
cloranfenicol, quinolonas o amoxicilina/clavulanato. La bronquitis bacteriana en los gatos en
general responde a la doxiciclina o cloranfenicol. En los perros y gatos con bronquitis crónica,
la doxiciclina, cloranfenicol, quinolonas y amoxicilina/clavulanato son opciones empíricas racionales.
    Las bacterias comunes asociadas con la neumonía canina comprenden E. coli, Klebsiella sp,
Pasteurella sp, Pseudomonas sp, B. bronchiseptica, Streptococcus sp, Staphylococcus sp y Mycoplasma
sp. En los gatos, las especies de Bordetella, Pasteurella y Mycoplasma son de aislamiento corriente.
La aspiración de los contenidos gastrointestinales es una causa común de neumonía y por lo regular
redunda en un proceso neumónico bacteriano con poblaciones mixtas. Múltiples especies de bacterias
son cultivadas en la mayoría de los casos de bronconeumonía. Si en las placas radiográficas se detecta
la consolidación lobar pulmonar, se debe suponer una infección anaeróbica. La B. bronchiseptica es el
patógeno primario más importante en los perros y gatos; gran parte del resto de las bacterias colonizan
sobre unas vías aéreas previamente inflamadas. No se sabe si las especies de Mycoplasma que infectan a
los perros y gatos tienen capacidad patogénica respiratoria primaria. La Chlamydia sp en los gatos no es
una causa común de infección respiratoria inferior; la Yersinia pestis ocasiona neumonía en los gatos; los
aminoglucósidos, derivados de la tetraciclina y quinolonas son antibióticos que pueden ser prescriptos
con buenos resultados.
    En los pacientes con neumonía bacteriana, se deben realizar el cultivo/antibiograma con las secreciones
recolectadas mediante lavado transtraqueal o broncoalveolar. Si el paciente está mostrando signos de
bacteriemia o si hay evidencia radiográfica de consolidación lobular pulmonar inicialmente se indica la
administración parenteral de un antibiótico de cuatro cuadrantes como se describiera para la bacteriemia.
Las quinolonas y clindamicina o el cloranfenicol solo son buenas elecciones para los perros con consolidación
lobar pulmonar debido a su amplio espectro, excelente penetración tisular y eficacia contra la B.
bronchiseptica
(tabla 5). En los pacientes sin signos clínicos de bacteriemia o lóbulos pulmonares
consolidados, los antibióticos de amplio espectro (amoxicilina, amoxicilina/clavulanato, combinaciones de
sulfas y cefalosporinas de primera generación) pueden ser efectivos. Los microorganismos residentes en la
superficie como la B. bronchiseptica y Mycoplasma sp pueden responder a la nebulización de la gentamicina
o kanamicina diluidas en solución salina estéril. El tratamiento para la neumonía bacteriana debe ser
continuado durante 1 mes como mínimo o 1-2 semanas después de la resolución de los signos clínicos y
radiológicos.
    El T. gondii en ocasiones causa neumonía en gatos con infección neonatal, infección transplacentaria
e inmunosuprimidos. La clindamicina o combinaciones de sulfas deben ser empleadas si hay sospecha de
toxoplasmosis.
    Si el piotórax está causado por la penetración de material extraño desde las vías aéreas o esófago dentro
del espacio pleural, la toracotomía por lo regular es requerida para la eliminación del tejido desvitalizado y
cuerpo extraño. En ocasiones, el piotórax proviene de la diseminación hematógena de las bacterias dentro
del espacio pleural; esta situación puede ser común en pacientes felinos. El lavado pleural mediante tubos
torácicos es el tratamiento más efectivo para los animales con piotórax y sin material extraño obvio. La
mayor parte de los animales con piotórax padecen infecciones bacterianas aeróbicas y anaeróbicas mixtas.
Los afectados con piotórax y sintomatología bacteriémica inicialmente deben recibir antibióticos
parenterales de cuatro cuadrantes como se describiera para la bacteriemia.

INFECCIONES UROGENITALES   

    El examen microscópico y la coloración de Gram de un sedimento urinario colaboran en la selección
empírica de un antibiótico en los pacientes con signos de infección urinaria. El cultivo/antibiograma
siempre deberían ser realizados si es factible. Cerca del 75% de las infecciones urinarias caninas son
a gramnegativos; los agentes comunes incluyen E. coli y las especies de Proteus, Klebsiella,
Pseudomonas
y Enterobacter. En los gatos con cateterización previa, es más común la E. coli; el
Staphylococcus y Streptococcus sp son habituales después de la uretrostomía.
    En las perras con primoinfección urinaria simple, se indican la amoxicilina o amoxicilina/clavulanato
si se detectan cocos; las combinaciones de sulfas o cefalosporinas de primera generación se prescriben
en caso de reconocer bacilos. Las quinolonas se deben reservar para las infecciones riesgosas para la
vida o resistentes. Muchos antibióticos no penetran la próstata a menos que exista una inflamación
significativa; la próstata puede ser fuente de infección urinaria recurrente. Se debería asumir que
todos los machos caninos con infección urinaria tienen tejidos prostáticos infectados; los antibióticos
que penetran en la próstata deben ser los seleccionados (tabla 8). La mayoría de las infecciones urinarias
felinas responden a la amoxicilina. La administración de antibióticos durante 10-14 días en general es
suficiente para las infecciones urinarias simples. El análisis de orina, cultivo/antibiograma deberían
solicitarse a los 7 días después del tratamiento si es posible. Las infecciones con Mycoplasma y
Ureaplasma sp fueron documentadas en perros con sintomatología urinaria. Si no hay buena respuesta
a los derivados de la penicilina, cefalosporinas, o combinaciones de sulfas, se indican procedimientos
diagnósticos adicionales. Si la terapia empírica se considera conveniente, se pueden emplear
cloranfenicol, doxiciclina o quinolonas que pueden ser más efectivos para las infecciones con Mycoplasma
Ureaplasma sp.
    La infección urinaria y azotemia sugieren la presencia de pielonefritis y se trata en correspondencia,
incluso si no se efectúan métodos complementarios adicionales. El tratamiento de la pielonefritis debería
fundamentarse en los resultados del antibiograma, si es factible; el cloranfenicol, combinaciones de sulfas
y quinolonas son buenas opciones. Si hay insuficiencia renal, las tetraciclinas (excepto doxiciclina) y
aminoglucósidos deben ser evitados y las dosis o intervalos de dosificación de las quinolonas y cefalosporinas
deben ser modificados en correspondencia con la disminución de la función renal. La nueva dosis se puede
calcular multiplicando la actual por el producto de la concentración normal de creatinina dividida por la
creatinina del paciente. El nuevo intervalo de dosificación se puede calcular multiplicando el intervalo
vigente por el producto de la concentración de creatinina del paciente dividida por la creatinina normal.
El tratamiento para la pielonefritis y otras infecciones urinarias complicadas crónicas se debe continuar
durante 6 semanas. El análisis de orina y cultivo/antibiograma deberían ser realizados a los 7 y 28 días
después del tratamiento.
    La mayoría de las infecciones prostáticas bacterianas están causadas por gramnegativos. Durante la
prostatitis aguda casi todos los antibióticos penetran bien en la próstata debido a la inflamación. Después
del restablecimiento de la barrera hematoprostática en los perros con prostatitis crónica, el líquido
glandular ácido sólo permite la penetración de los antibióticos básicos (pKa < 7) (tabla 8). El cloranfenicol,
debido a su elevada liposolubilidad, también penetra bien el tejido prostático. En la prostatitis aguda los
antibióticos ácidos (penicilinas y cefalosporinas de primera generación), inicialmente pueden penetrar
bien, reduciendo la sintomatología morbosa pero sin erradicar la infección; esto predispone a las
prostatitis bacteriana crónica y abscedación prostática. Debido a esta observación, el empleo de las
penicilinas y cefalosporinas de primera generación está contraindicado para el tratamiento de las
infecciones urinarias en los machos caninos. En los casos de prostatitis crónica, la terapia antimicrobiana
debe ser continuada durante un mínimo de 6 semanas. La orina y líquido prostático deberían ser cultivados
a los 7 y 28 días después del tratamiento.
    La Brucella canis produce una serie de síndromes clínicos en los perros incluyendo epididimitis, orquitis,
endometritis, mortinatos, abortos, discoespondilitis y uveítis. La ovariohisterectomía o castración reducen
la contaminación del ambiente. La administración de antibióticos a largo plazo por lo usual no conduce a una
cura completa. Algunos perros pueden seroconvertir pero el microorganismo todavía es cultivado a partir
de los tejidos. Diversos protocolos antibióticos han sido sugeridos para los pacientes caninos con brucelosis
(tabla 8).
    La vaginitis en general se debe a la hipermultiplicación de la flora normal secundaria a enfermedades
primarias, incluyendo infección herpética, infección urinaria, cuerpos extraños, anomalías vulvares o
vaginales, masas vulvares o vaginales e incontinencia urinaria. En las perras y gatas con vaginitis
bacteriana por hipermultiplicación de la flora y resolución de la noxa primaria, suelen ser adecuados los
antibióticos de amplio espectro incluyendo amoxicilina, combinaciones de sulfas, cefalosporinas de primera
generación, derivados de la tetraciclina y cloranfenicol. Como el Mycoplasma y Ureaplasma sp son parte
de la flora vaginal normal, virtualmente es imposible establecer una asociación con la enfermedad clínica;
los cultivos positivos no confirman la enfermedad por el organismo. Por ello, un cultivo vaginal positivo en
una perra asintomática (excluyendo a la B. canis) carece de importancia.
    En todas las perras y gatas con piómetra, la ovariohisterectomía o drenaje médico del útero son
obligatorios. El tratamiento antibiótico es para la bacteriemia que suele ocurrir en forma concurrente
(E. coli y anaerobios). Los animales con signos clínicos de bacteriemia o sepsis deben ser tratados con
un antibiótico de cuatro cuadrantes (tabla 5). Los antibióticos de amplio espectro con eficacia contra
la E. coli incluyendo combinaciones de sulfas o amoxicilina/clavulanato son selecciones empíricas apropiadas
mientras se aguardan los resultados culturales y del antibiograma. Las combinaciones de sulfas y quinolonas
comúnmente son efectivas contra la E. coli, pero no tanto como otras drogas para el tratamiento de las
infecciones anaeróbicas in vivo. El cloranfenicol es una excelente selección empírica pero es bacteriostático.
    La ampicilina, amoxicilina y cefalosporinas de primera generación alcanzan buenas concentraciones en
la leche y son relativamente seguras para el neonato, de modo que pueden ser utilizadas en el tratamiento
empírico de la mastitis. El cloranfenicol, quinolonas y derivados de la tetraciclina deben ser evitados debido
a los potenciales efectos adversos sobre el neonato.

LECTURAS RECOMENDADAS    

Cornelius LM, and Ferguson DC, eds: Small animal medical therapeutics, Philadelphia, 1992,
JB Lippincott, pp 457-478.

Cribb AE: Idiosyncratic reactions to sulfonamides in dogs, J Am Vet Med Assoc
195:1612-1614, 1989.

Dow SW et al: Bacterial culture of blood from critically ill dogs and cats: 100 cases (1985-1987),
J Am Vet Med Assoc 195:113-117, 1989.

Dow SW, Jones RL: Anaerobic infections. Part I. Pathogenesis and clinical significance, Compend
Cont Ed Pract Vet 9:711-720, 1987.

 

The Ohio State University, Columbus.