SVV - Volumen 7 - Nº 6
Quimioterapia Antimicrobiana
Couto, Guillermo *
En la
clínica las decisiones en la implementación de la quimioterapia
antimicrobiana casi siempre
se toman sin el beneficio de los resultados culturales y antibiograma. En las
primoinfecciones simples
a menudo no se realiza el cultivo. En las infecciones
riesgosas para la vida, las decisiones sobre la
elección de los antimicrobianos deben ser tomadas antes de conocer
los resultados culturales; la
sobrevida puede depender de la selección de regímenes terapéuticos óptimos.
El reconocimiento de los agentes
infecciosos más comunes (grampositivos, gramnegativos, aerobios
o anaerobios) asociados con la infección de los diferentes sistemas
orgánicos es fundamental en la
selección empírica de los antimicrobianos. Los hallazgos citológicos y
resultados de la coloración de
Gram pueden ser aprovechados para identificar microbios y facilitar la selección de los
antimicrobianos
adecuados. El agente elegido debe contar con un mecanismo de
acción propicio contra el patógeno
sospechado y debe alcanzar concentraciones adecuadas en los tejidos
infectados (tabla 1). Los
antibióticos bactericidas requieren la replicación del microbio y por ello no deberían
ser administrados
en conjunción con los bacteriostáticos. Los agentes bacteriostáticos no deben
ser utilizados en los
animales inmunosuprimidos porque tales drogas requieren respuestas inmunes normales para
alcanzar
máximos efectos.
El propietario debe tener deseos de administrar la droga en los
intervalos indicados y la misma debe
ser conveniente. Si la medicación tiene potencial tóxico también es una consideración
de importancia
(tabla 2). En los perros y gatos con primoinfecciones
simples o cuando se prescriben drogas con
potencial tóxico, se deben emplear el extremo inferior del rango posológico y el
intervalo de máxima
duración. Los patógenos intracelulares, infecciones anaeróbicas y condiciones riesgosas
para la vida
incluyendo bacteriemia e infecciones del SNC, deben tratarse con el extremo superior de la
dosis y el
intervalo de dosificación más corto. En todos los pacientes con infecciones que amenazan
la vida, los
antibióticos deben ser administrados por ruta parenteral al menos durante los primeros 5
a 7 días.
La administración parenteral también está indicada en los casos de vómito o
regurgitación. La
administración peroral de los antibióticos se puede iniciar cuando resuelven los
vómitos, regurgitación
o estados peligrosos para la vida.
La mayor parte de los pacientes
inmunocompetentes con primoinfecciones simples responden con
adecuación a 10-14 días de antibioticoterapia. Los distintos tipos de infecciones:
crónicas, esqueléticas,
en animales inmunosuprimidos, que cursan con reacciones granulomatosas y las motivadas por
patógenos
intracelulares, en líneas generales son tratadas durante un mínimo de 4-6 semanas o 1-2
semanas más allá
de la resolución de los signos radiológicos o clínicos.
Cuando se conocen los resultados del
antibiograma, el antibiótico empleado se modifica si está indicado.
Si hay escasa respuesta terapéutica a un antibiótico en 72 horas, se debe considerar un
tratamiento
alternativo. Las condiciones que redundan en tejidos desvitalizados, granulomatosos o
consolidados (por
ej., neumonía por aspiración) pueden no mostrar signos radiográficos de mejoría antes
de los 7 días. Los
tejidos desvitalizados deben ser desbridados en lo posible para fomentar la resolución de
la infección.
INFECCIONES ANAEROBICAS
Las bacterias anaeróbicas
de importancia clínica en caninos y felinos son Bacteroides sp,
Fusobacterium sp, Peptostreptococcus sp, Peptococcus sp, Clostridium
sp, Actinomyces sp,
Propionibacterium sp y Eubacterium sp. El Actinomyces es un anaerobio
facultativo; los restantes
microorganismos son anaerobios obligados que no pueden emplear el
BACTERIEMIA Y ENDOCARDITIS BACTERIANA
La bacteriemia puede ser
transitoria, intermitente o continua. La odontología de rutina es una causa
habitual de bacteriemia transitoria. La bacteriemia intermitente por lo común desarrolla
en pacientes
inmunosuprimidos o con enfermedad riesgosa; muchas veces la fuente de la infección está
en las vías
urinarias. La bacteriemia continua ocurre con mayor frecuencia en asociación con
endocarditis
bacteriana. Los pacientes bacteriémicos tienen fiebre intermitente, depresión y signos
clínicos
asociados con el sistema orgánico primario infectado. La sepsis es la respuesta
sistémica a la infección
y se manifiesta con insuficiencia circulatoria periférica (choque séptico).
El Staphylococcus sp, Streptococcus sp, Escherichia
coli, Klebsiella sp, Enterobacter sp, Pseudomonas
sp, Clostridium sp y Bacteroides sp comúnmente son aislados desde la sangre
de los perros y gatos
bacteriémicos. La endocarditis bacteriana suele estar causada por Staphylococcus
aureus, E. coli o
Streptococcus ß-hemolítico. Si la fuente de la bacteriemia o endocarditis
bacteriana proviene desde
un área con flora mixta como el conducto gastrointestinal o si el paciente tiene
sintomatología
preocupante, se debe emplear un antibiótico, solo o combinado, que sea efectivo contra
los microbios
grampositivos, gramnegativos, aerobios y anaerobios (aproximación de cuatro cuadrantes).
Un
aminoglucósido o quinolona para los gramnegativos más ampicilina, cefalosporina de
primera generación
o clindamicina para los grampositivos y anaerobios representan una terapia combinada de
prescripción
frecuente (tabla 5). Las cefalosporinas de segunda y
tercera generación, ticarcilina combinada con
clavulanato e imipenema son drogas individuales con un espectro de cuatro cuadrantes.
Después del
tratamiento parenteral con estas drogas durante 5-7 días, la terapia peroral es
seleccionada en función
de los resultados culturales/antibiograma. El tratamiento oral es continuado durante un
mínimo de 4-6
semanas, de manera particular en pacientes con endocarditis bacteriana. El hemocultivo
debe ser
realizado 1 y 4 semanas después de suspender la terapia para confirmar el control
de la infección. El
pronóstico en los casos de endocarditis bacteriana es reservado a malo debido al daño de
las válvulas
cardíacas infectadas.
INFECCIONES CUTANEAS Y DE LOS TEJIDOS BLANDOS
El Staphylococcus
intermedius es la causa más corriente de piodermia. La piodermia profunda puede
ser inducida por cualquier microorganismo, incluyendo los gramnegativos. La mayoría de
las infecciones
de tejidos blandos, incluyendo heridas abiertas y abscesos, están infectadas con una
población
bacteriana mixta; la flora aeróbica y anaeróbica bucal es incriminada con regularidad.
Las opciones
empíricas recomendadas para los casos de rutina de piodermia e infecciones de tejidos
blandos se listan
en la tabla 4. Los antibióticos de amplio espectro,
como las cefalosporinas de primera generación y
amoxicilina-clavulanato, a menudo son la primera opción. Si se sospecha en Staphylococcus
sp deben
utilizarse las penicilinas resistentes a la ß-lactamasa como la oxacilina, cloxacilina y
amoxicilina-clavulanato.
Las combinaciones de sulfas pueden ser empleadas para tratar los pacientes con piodermia
superficial pero
deben ser evitadas si es necesaria la terapia crónica, porque la resistencia bacteriana
emerge en poco
tiempo. Las infecciones cutáneas y de tejidos blandos que no responden a estos
antibióticos pueden estar
causadas por bacterias gramnegativas, formas L, Mycoplasma sp, Mycobacterium
sp atípico, hongos
sistémicos o Sporothrix schenckii. Las quinolonas son las drogas de elección para
el tratamiento de las
infecciones a gramnegativos. Los pacientes que no responden a la antibioticoterapia
empírica deben ser
evaluados con mayor esmero o ser tratados con antibióticos conocidos por tener actividad
contra los
patógenos menos comunes (tabla 4). Si no se efectuó
previamente, se debe hacer el examen microscópico
de aspirados tisulares o de pústulas buscando la presencia de Sporothrix sp y
bacterias de morfología
similar al Mycobacterium sp. Los tejidos profundos deben ser obtenidos después de
la preparación
quirúrgica de la piel para el cultivo de aerobios, anaerobios, Mycoplasma sp,
hongos y Mycobacterium sp
atípico y examen histológico por formas bacterianas L.
INFECCIONES DEL CONDUCTO GASTROINTESTINAL E HIGADO
La administración oral de
los antibióticos está indicada para el tratamiento de la hipermultiplicación
bacteriana del intestino delgado, encefalopatía
hepática, colangiohepatitis, abscedación hepática e
infección con Helicobacter felis, Campylobacter jejuni, Clostridium perfringens,
Giardia sp,
Cryptosporidium parvum, Balantidium coli, Entamoeba histolytica, Pentatrichomonas
hominis,
Toxoplasma gondii e Isospora sp (tabla 6).
La administración de antibióticos parenterales está indicada
en pacientes con bacteriemia causada por la translocación de la flora entérica o
infección con
Salmonella sp.
La Entamoeba, Giardia, Balantidium y Pentatrichomonas en
general responden a la administración de
metronidazol bucal en dosis de 25 mg/kg/12 horas durante 8 días. Esta es la dosis máxima
del metronidazol
que debe ser empleada; dosis progresivamente menores deben ser utilizadas en los perros
más grandes
para disminuir la probabilidad de toxicidad. El albendazol, fenbendazol y neomicina
también son efectivos
para el tratamiento de la giardiasis. La paronomicina es la droga de elección para el
tratamiento de la
criptosporidiosis humana y cuando se administra por ruta bucal en dosis de 125 a 165
mg/kg/12 horas
durante 5 días, parece ser eficiente en gatos y perros. La administración oral
secuencial de clindamicina
en dosis de 12 mg/kg/12 horas seguida por tilosina 15 mg/kg cada 8 horas durante 28 días
bloqueó la
excreción de ooquistes y resolvió la diarrea en un gato con criptosporidiosis clínica
crónica. La tilosina
en apariencia fue satisfactoria bloqueando la excreción de ooquistes en otros gatos con
diarrea por
criptosporidiosis. El período de excreción de los ooquistes del T. gondii puede
ser acortado con la
administración peroral de clindamicina en dosis de 12 mg/kg/12 horas durante 10 días. La
infección con
Isospora sp en general responde a la sulfadimetoxina en dosis de 25 mg/kg/día,
bucal, durante 7 días, con
el régimen terapéutico repetido de nuevo a los 7 días.
La hipermultiplicación bacteriana y del C. perfringens en
general responde al tratamiento con tilosina,
ampicilina, amoxicilina, tetraciclinas o metronidazol. La ampicilina debe ser empleada
para las infecciones
susceptibles restringidas al lumen del tubo gastrointestinal; la amoxicilina debe ser
utilizada para la
infección sistémica. La droga de elección para la campilobacteriosis es la
eritromicina; las medicaciones
alternativas son el cloranfenicol, tetraciclinas y quinolonas. La salmonelosis sólo debe
ser tratada en
forma parenteral debido a la rápida resistencia que ocurre con la administración de
antibióticos
enterales. Los agentes apropiados para el tratamiento de la salmonelosis comprenden
cloranfenicol,
combinaciones de sulfonamidas, amoxicilina y quinolonas. La infección con el Helicobacter
felis por lo
usual se trata con la combinación de metronidazol y derivados de la tetraciclina o
amoxicilina y
metronidazol. Los macrólidos como la azitromicina y claritromicina también son efectivos
para la
helicobacteriosis.
Las infecciones hepáticas en general responden a la amoxicilina,
cefalosporinas de primera generación
o cloranfenicol. La disminución de la flora entérica mediante la administración peroral
de penicilinas,
metronidazol o neomicina puede amortiguar la sintomatología de la encefalopatía
hepática. Los perros y
gatos con aparente bacteriemia causada por bacterias entéricas deben ser tratados
empleando
antibióticos parenterales con espectro contra anaerobios y gramnegativos, como ya se
describiera.
La hipermultiplicación bacteriana es secundaria a muchas enfermedades gastrointestinales
y puede ser
inducida por la administración de antimicrobianos orales de amplio espectro. Esta
condición puede ser
manejada con la resolución de la etiología primaria y empleo de tilosina o derivados de
la tetraciclina.
INFECCIONES MUSCULOESQUELETICAS
La osteomielitis y discoespondilitis suelen
asociarse con infecciones a Staphylococcus sp, Streptococcus sp,
E. coli, Proteus sp, Pseudomonas sp y anaerobios. Las cefalosporinas de primera
generación, amoxicilina/
clavulanato y clindamicina son las drogas lógicas para la terapia empírica de estas
condiciones debido a su
espectro contra los grampositivos y anaerobios y su capacidad para alcanzar elevadas
concentraciones
en el hueso (tabla 7). Las quinolonas deben ser
empleadas si hay sospecha de gramnegativos. El tratamiento
antibiótico debe ser continuado durante 2 semanas más allá de la resolución de los
signos radiográficos. Los
pacientes con poliartritis séptica deben
INFECCIONES DEL SISTEMA NERVIOSO
El cloranfenicol, sulfas, trimetoprima,
metronidazol y quinolonas penetran el SNC y deben ser seleccionados
para el tratamiento empírico de las infecciones bacterianas sospechosas del SNC (tabla 7). Las infecciones
bacterianas anaeróbicas y rickettsiales (E. canis y R. rickettsii) del SNC
se presentan en algunos casos,
haciendo que el cloranfenicol sea la primera elección lógica. La doxiciclina y
eritromicina pueden ingresar
en el SNC cuando existe inflamación. La clindamicina alcanza concentraciones tisulares
encefálicas
adecuadas en los gatos normales para el tratamiento de la toxoplasmosis. Las combinaciones
de sulfas son
drogas anti-Toxoplasma alternativas y pueden ser efectivas para la Neospora
caninum.
INFECCIONES RESPIRATORIAS
La mayoría de las infecciones respiratorias
superiores bacterianas son secundarias a otros procesos
primarios, incluyendo cuerpos extraños, infecciones virales, abscesos radiculares
dentales, neoplasias,
traumatismos y micosis. Después que se inflama el epitelio nasal y sinusal, la flora
bacteriana normal
puede colonizar y perpetuar el estado inflamatorio. La infección profunda puede ocurrir,
originando
condritis y osteomielitis. Como los pasajes respiratorios superiores poseen una flora
normal, es difícil
valorar los resultados culturales/antibiograma en tales tejidos. La fuente de la noxa
primaria siempre
debería ser erradicada si es posible. Los antibióticos con amplio espectro de actividad
contra los
anaerobios (amoxicilina, amoxicilina/clavulanato, combinaciones de sulfas y cefalosporinas
de primera
generación) por lo común se prescriben de manera empírica para tratar las infecciones
respiratorias
superiores secundarias a la hipermultiplicación de la flora normal (tabla 5). La duración del tratamiento
en general es de 1 a 2 semanas para las primoinfecciones agudas. Los perros y gatos con
rinitis crónica
y sospecha de tener osteocondritis que responden a los antibióticos deben ser tratados
durante un
mínimo de 4 a 6 semanas o hasta que la sintomatología resuelva durante 2 semanas. La
rinitis crónica a
menudo responde al tratamiento con clindamicina debido a su excelente espectro anaeróbico
y de
grampositivos y capacidad para penetrar cartílago y hueso. La Bordetella
bronchiseptica, Mycoplasma sp
y Chlamydia sp en los gatos son potenciales patógenos bacterianos primarios que
infectan los tejidos
respiratorios superiores. Si el paciente no responde bien a los antibióticos de amplio
espectro, se pueden
utilizar doxiciclina, cloranfenicol o quinolonas; las especies de Chlamydia, Bordetella
y Mycoplasma en
general responden a estas medicaciones. El cloranfenicol es una excelente primera
elección para el
tratamiento de la infección respiratoria superior en los pacientes inmunocompetentes
debido a su eficacia
de amplio espectro contra los patógenos primarios y penetración tisular.
El síndrome de tos de las perreras por infección bacteriana suele
responder a la doxiciclina,
cloranfenicol, quinolonas o amoxicilina/clavulanato. La bronquitis bacteriana en los gatos
en
general responde a la doxiciclina o cloranfenicol. En los perros y gatos con bronquitis
crónica,
la doxiciclina, cloranfenicol, quinolonas y amoxicilina/clavulanato son opciones
empíricas racionales.
Las bacterias comunes asociadas con la neumonía canina comprenden E.
coli, Klebsiella sp,
Pasteurella sp, Pseudomonas sp, B. bronchiseptica, Streptococcus sp, Staphylococcus
sp y Mycoplasma
sp. En los gatos, las especies de Bordetella, Pasteurella y Mycoplasma son
de aislamiento corriente.
La aspiración de los contenidos gastrointestinales es una causa común de neumonía y por
lo regular
redunda en un proceso neumónico bacteriano con poblaciones mixtas. Múltiples especies de
bacterias
son cultivadas en la mayoría de los casos de bronconeumonía. Si en las placas
radiográficas se detecta
la consolidación lobar pulmonar, se debe suponer una infección anaeróbica. La B.
bronchiseptica es el
patógeno primario más importante en los perros y gatos; gran parte del resto de las
bacterias colonizan
sobre unas vías aéreas previamente inflamadas. No se sabe si las especies de Mycoplasma
que infectan a
los perros y gatos tienen capacidad patogénica respiratoria primaria. La Chlamydia
sp en los gatos no es
una causa común de infección respiratoria inferior; la Yersinia pestis ocasiona
neumonía en los gatos; los
aminoglucósidos, derivados de la tetraciclina y quinolonas son antibióticos que pueden
ser prescriptos
con buenos resultados.
En los pacientes con neumonía bacteriana, se deben realizar el
cultivo/antibiograma con las secreciones
recolectadas mediante lavado transtraqueal o broncoalveolar. Si el paciente está
mostrando signos de
bacteriemia o si hay evidencia radiográfica de consolidación lobular pulmonar
inicialmente se indica la
administración parenteral de un antibiótico de cuatro cuadrantes como se describiera
para la bacteriemia.
Las quinolonas y clindamicina o el cloranfenicol solo son buenas elecciones para los
perros con consolidación
lobar pulmonar debido a su amplio espectro, excelente penetración tisular y eficacia
contra la B.
bronchiseptica (tabla 5). En los pacientes sin
signos clínicos de bacteriemia o lóbulos pulmonares
consolidados, los antibióticos de amplio espectro (amoxicilina, amoxicilina/clavulanato,
combinaciones de
sulfas y cefalosporinas de primera generación) pueden ser efectivos. Los microorganismos
residentes en la
superficie como la B. bronchiseptica y Mycoplasma sp pueden responder a la
nebulización de la gentamicina
o kanamicina diluidas en solución salina estéril. El tratamiento para la neumonía
bacteriana debe ser
continuado durante 1 mes como mínimo o 1-2 semanas después de la resolución de los
signos clínicos y
radiológicos.
El T. gondii en ocasiones causa neumonía en gatos con
infección neonatal, infección transplacentaria
e inmunosuprimidos. La clindamicina o combinaciones de sulfas deben ser empleadas si hay
sospecha de
toxoplasmosis.
Si el piotórax está causado por la penetración de material extraño
desde las vías aéreas o esófago dentro
del espacio pleural, la toracotomía por lo regular es requerida para la eliminación del
tejido desvitalizado y
cuerpo extraño. En ocasiones, el piotórax proviene de la diseminación hematógena de
las bacterias dentro
del espacio pleural; esta situación puede ser común en pacientes felinos. El lavado
pleural mediante tubos
torácicos es el tratamiento más efectivo para los animales con piotórax y sin material
extraño obvio. La
mayor parte de los animales con piotórax padecen infecciones bacterianas aeróbicas y
anaeróbicas mixtas.
Los afectados con piotórax y sintomatología bacteriémica inicialmente deben recibir
antibióticos
parenterales de cuatro cuadrantes como se describiera para la bacteriemia.
INFECCIONES UROGENITALES
El examen microscópico y
la coloración de Gram de un sedimento urinario colaboran en la selección
empírica de un antibiótico en los pacientes con signos de infección urinaria. El
cultivo/antibiograma
siempre deberían ser realizados si es factible. Cerca del 75% de las infecciones
urinarias caninas son
a gramnegativos; los agentes comunes incluyen E. coli y las especies de Proteus,
Klebsiella,
Pseudomonas y Enterobacter. En los gatos con cateterización previa, es más
común la E. coli; el
Staphylococcus y Streptococcus sp son habituales después de la
uretrostomía.
En las perras con primoinfección urinaria simple, se indican la
amoxicilina o amoxicilina/clavulanato
si se detectan cocos; las combinaciones de sulfas o cefalosporinas de primera generación
se prescriben
en caso de reconocer bacilos. Las quinolonas se deben reservar para las infecciones
riesgosas para la
vida o resistentes. Muchos antibióticos no penetran la próstata a menos que exista una
inflamación
significativa; la próstata puede ser fuente de infección urinaria recurrente. Se
debería asumir que
todos los machos caninos con infección urinaria tienen tejidos prostáticos infectados;
los antibióticos
que penetran en la próstata deben ser los seleccionados (tabla
8). La mayoría de las infecciones urinarias
felinas responden a la amoxicilina. La administración de antibióticos durante 10-14
días en general es
suficiente para las infecciones urinarias simples. El análisis de orina,
cultivo/antibiograma deberían
solicitarse a los 7 días después del tratamiento si es posible. Las infecciones con Mycoplasma
y
Ureaplasma sp fueron documentadas en perros con sintomatología urinaria. Si no hay
buena respuesta
a los derivados de la penicilina, cefalosporinas, o combinaciones de sulfas, se indican
procedimientos
diagnósticos adicionales. Si la terapia empírica se considera conveniente, se pueden
emplear
cloranfenicol, doxiciclina o quinolonas que pueden ser más efectivos para las infecciones
con Mycoplasma
y Ureaplasma sp.
La infección urinaria y azotemia sugieren la presencia de
pielonefritis y se trata en correspondencia,
incluso si no se efectúan métodos complementarios adicionales. El tratamiento de la
pielonefritis debería
fundamentarse en los resultados del antibiograma, si es factible; el cloranfenicol,
combinaciones de sulfas
y quinolonas son buenas opciones. Si hay insuficiencia renal, las tetraciclinas (excepto
doxiciclina) y
aminoglucósidos deben ser evitados y las dosis o intervalos de dosificación de las
quinolonas y cefalosporinas
deben ser modificados en correspondencia con la disminución de la función renal. La
nueva dosis se puede
calcular multiplicando la actual por el producto de la concentración normal de creatinina
dividida por la
creatinina del paciente. El nuevo intervalo de dosificación se puede calcular
multiplicando el intervalo
vigente por el producto de la concentración de creatinina del paciente dividida por la
creatinina normal.
El tratamiento para la pielonefritis y otras infecciones urinarias complicadas crónicas
se debe continuar
durante 6 semanas. El análisis de orina y cultivo/antibiograma deberían ser realizados a
los 7 y 28 días
después del tratamiento.
La mayoría de las infecciones prostáticas bacterianas están causadas
por gramnegativos. Durante la
prostatitis aguda casi todos los antibióticos penetran bien en la próstata debido a la
inflamación. Después
del restablecimiento de la barrera hematoprostática en los perros con prostatitis
crónica, el líquido
glandular ácido sólo permite la penetración de los antibióticos básicos (pKa < 7)
(tabla 8). El cloranfenicol,
debido a su elevada liposolubilidad, también penetra bien el tejido prostático. En la
prostatitis aguda los
antibióticos ácidos (penicilinas y cefalosporinas de primera generación), inicialmente
pueden penetrar
bien, reduciendo la sintomatología morbosa pero sin erradicar la infección; esto
predispone a las
prostatitis bacteriana crónica y abscedación prostática. Debido a esta observación, el
empleo de las
penicilinas y cefalosporinas de primera generación está contraindicado para el
tratamiento de las
infecciones urinarias en los machos caninos. En los casos de prostatitis crónica, la
terapia antimicrobiana
debe ser continuada durante un mínimo de 6 semanas. La orina y líquido prostático
deberían ser cultivados
a los 7 y 28 días después del tratamiento.
La Brucella canis produce una serie de síndromes clínicos en
los perros incluyendo epididimitis, orquitis,
endometritis, mortinatos, abortos, discoespondilitis y uveítis. La ovariohisterectomía o
castración reducen
la contaminación del ambiente. La administración de antibióticos a largo plazo por lo
usual no conduce a una
cura completa. Algunos perros pueden seroconvertir pero el microorganismo todavía es
cultivado a partir
de los tejidos. Diversos protocolos antibióticos han sido sugeridos para los pacientes
caninos con brucelosis
(tabla 8).
La vaginitis en general se debe a la hipermultiplicación de la flora
normal secundaria a enfermedades
primarias, incluyendo infección herpética, infección urinaria, cuerpos extraños,
anomalías vulvares o
vaginales, masas vulvares o vaginales e incontinencia urinaria. En las perras y gatas con
vaginitis
bacteriana por hipermultiplicación de la flora y resolución de la noxa primaria, suelen
ser adecuados los
antibióticos de amplio espectro incluyendo amoxicilina, combinaciones de sulfas,
cefalosporinas de primera
generación, derivados de la tetraciclina y cloranfenicol. Como el Mycoplasma y Ureaplasma
sp son parte
de la flora vaginal normal, virtualmente es imposible establecer una asociación con la
enfermedad clínica;
los cultivos positivos no confirman la enfermedad por el organismo. Por ello, un cultivo
vaginal positivo en
una perra asintomática (excluyendo a la B. canis) carece de importancia.
En todas las perras y gatas con piómetra, la ovariohisterectomía o
drenaje médico del útero son
obligatorios. El tratamiento antibiótico es para la bacteriemia que suele ocurrir en
forma concurrente
(E. coli y anaerobios). Los animales con signos clínicos de bacteriemia o sepsis
deben ser tratados con
un antibiótico de cuatro cuadrantes (tabla 5). Los
antibióticos de amplio espectro con eficacia contra
la E. coli incluyendo combinaciones de sulfas o amoxicilina/clavulanato son
selecciones empíricas apropiadas
mientras se aguardan los resultados culturales y del antibiograma. Las combinaciones de
sulfas y quinolonas
comúnmente son efectivas contra la E. coli, pero no tanto como otras drogas para
el tratamiento de las
infecciones anaeróbicas in vivo. El cloranfenicol es una excelente selección empírica
pero es bacteriostático.
La ampicilina, amoxicilina y cefalosporinas de primera generación
alcanzan buenas concentraciones en
la leche y son relativamente seguras para el neonato, de modo que pueden ser utilizadas en
el tratamiento
empírico de la mastitis. El cloranfenicol, quinolonas y derivados de la tetraciclina
deben ser evitados debido
a los potenciales efectos adversos sobre el neonato.
LECTURAS RECOMENDADAS
Cornelius LM, and Ferguson DC, eds: Small
animal medical therapeutics, Philadelphia, 1992,
JB Lippincott, pp 457-478.
Cribb AE: Idiosyncratic reactions to
sulfonamides in dogs, J Am Vet Med Assoc
195:1612-1614, 1989.
Dow SW et al: Bacterial culture of blood from
critically ill dogs and cats: 100 cases (1985-1987),
J Am Vet Med Assoc 195:113-117, 1989.
Dow SW, Jones RL: Anaerobic infections. Part
I. Pathogenesis and clinical significance, Compend
Cont Ed Pract Vet 9:711-720, 1987.
* The Ohio State University, Columbus.