SVV  - Volumen 3 - Nº 1

Giardiasis
Barr C. Stephen y Bowman D. Dwight *



    La Giardia es un parásito protozoario flagelado residente del tubo intestinal humano
y de muchas clases de animales. Las encuestas de prevalencia en poblaciones caninas
son: 10% en perros bien tratados, 36 a 50% en cachorros y hasta el 100% en criaderos.
El hecho de que la prevalencia en gatos sea mucho menor (1,4-11%) puede reflejar la
dificultad para identificar el organismo en las heces.
   
Si bien la prevalencia de infección es elevada en perros y gatos, la enfermedad clínica
es rara. La importancia de la afección reside en su prevalencia, seriedad cuando emerge,
potencial zoonótico y dificultades en el diagnóstico además de algunos inconvenientes en
la farmacoterapia.

ETIOLOGIA Y CICLO BIOLOGICO

    El parásito tiene dos formas: trofozoíto y quiste. El trofozoíto es la forma mótil,
activa, residente intestinal, con un largo de 15 µm, ancho de 8 µm y aspecto dacrioide.
A la microscopia óptica se lo reconoce como una "cara sonriente" formada por los dos
núcleos en el tercio anterior ("ojos"), los axonemas que pasan longitudinalmente entre
los núcleos ("nariz") y cuerpos medianos de ubicación transversa en el tercio posterior
("boca"). Cuatro pares de flagelos completan la expresión cómica de esta forma. El
quiste es el estadio inactivo, resistente, responsable de la transmisión, con un largo
de 12 µm y ancho de 7 µm. Contiene dos trofozoítos formados, pero no del todo
separados, y pueden verse los axonemas, fragmentos de los discos ventrales y hasta 4
núcleos. El quiste es susceptible a la desecación en condiciones cálidas y secas, pero no
sobrevive varios meses fuera del huésped en ambientes fríos y húmedos.
  
El ciclo biológico es directo. El huésped se infecta con la ingestión de los quistes, los
cuales se exquistan en el duodeno luego de la exposición al ácido gástrico y enzimas
pancreáticas. Entonces se separan los dos trofozoítos, maduran con rapidez y se fijan al
ribete en cepillo del epitelio velloso (en el área glandular intestinal). En los perros, el
organismo fue aislado desde el duodeno hasta el íleon; el duodeno y yeyuno son
residencias óptimas. Los trofozoítos se aíslan con menor dificultad mediante la prueba
de la cuerda peroral o endoscopia en perros sintomáticos que en asintomáticos. En el
gato se encuentran a lo largo de todo el canal entérico. Una dieta abundante en
carbohidratos, más que hiperproteica, favorece un hábitat intestinal anterior. En las
personas se describió la giardiasis estomacal con gastropatías concurrentes (Helicobacter
pylori
y adenocarcinoma). Los trofozoítos se multiplican por fisión binaria en el intestino
y luego se enquistan mediante un mecanismo y localización que son desconocidos. Los
quistes son expulsados con las heces 1 o 2 semanas después de la infección. Las heces
felinas, en especial, pueden contener trofozoítos, pero pocas veces sobreviven mucho
tiempo fuera del huésped.

SINTOMATOLOGIA

    La mayoría de las infecciones donde se defecan los quistes son asintomáticas. La
diarrea es el signo clínico más común en los perros y gatos sin-tomáticos y puede ser
aguda y de corta duración, intermitente o crónica. Las deposiciones con frecuencia
son pálidas, malolientes y esteatorreicas. Los afectados pueden exhibir pérdida de
peso secundaria a la diarrea, pero es inusual la inapetencia.

PATOGENIA

    La mayor parte de la información ha sido extrapolada de estudios en personas. La
infección puede causar malabsorción de vitamina B
12 y folato, triglicéridos, lactosa y
(menos común) sucrosa. La respuesta clínica a la infección puede atribuirse a la
virulencia de la cepa y/o factores del huésped (respuesta inmunológica). La prevalencia
de giardiasis en una colonia de Beagles deficientes en IgA fue más alta que en
ejemplares normales. Para resistir la infección se requiere un sistema inmune mediado
por células competente. La administración de dosis inmunosupresoras de corticoides
exacerba las giardiasis en perros y gerbos y aumenta el número de parásitos en ratones.

DIAGNOSTICO

   La sintomatología y los estudios de rutina no son patognomónicos de la giardiasis.
El diagnóstico seguro se basa en el descubrimiento de los quistes o trofozoítos en las
heces o muestras extraídas del intestino. Si bien los quistes son excretados de
manera intermitente, una técnica de concentración bien ejecutada es el método más
práctico y sensible de diagnosis. Los restantes medios diagnósticos presentan
inconvenientes de practicidad y sensibilidad.
   Frotis fecales. Ante la sospecha de una giardiasis lo primero es realizar un frotis
directo de las heces por los trofozoítos. Los trofozoítos son más comunes en las
heces blandas y los quistes en las deposiciones formadas o semiformadas. Una gota
de materia fecal se mezcla con otra de solución salina normal sobre un portaobjetos,
se coloca un cubreobjetos y se examina sin pérdida de tiempo a 40 X. Los trofozoítos
se reconocen por su rápido movimiento anterógrado y disco ventral cóncavo. Los
tricomonales se distinguen por su movimiento más giratorio, ausencia de disco
cóncavo, núcleo solitario y presencia de una membrana ondulante. La morfología es
acrecentada con el agregado de una gota de yodo de Lugol (que mata e inmoviliza al
parásito tiñendo las diferentes estructuras internas) a otra de heces. Recuérdese
que un resultado negativo no descarta la infección.
   Concentración en sulfato de zinc (fig. 1). Si el frotis directo resulta negativo se
indica la flotación en sulfato de zinc (tabla I). Dada la excreción intermitente, al
menos 3 muestras fecales recientes deben ser examinadas durante un lapso de 3 a
5 días para maximizar la posibilidad de excluir la infección. El 93% de los casos se
identifica con dos muestras. Para la remisión al laboratorio las muestras se refrigeran
a 4°C (sobrevida de 48 horas); los quistes no sobreviven en formol al 10%. El sulfato
de zinc es muy eficaz para demostrar huevos de nematodos en las heces de perros y
gatos y supera a la sucrosa (de igual densidad), la cual tiende a deformar los
organismos. Los especímenes deben examinarse dentro de los 10 minutos de la
preparación porque los quistes se contraen con el tiempo y pierden las características
morfológicas internas que los diferencian de otros organismos. Los quistes pueden
ser confundidos con levaduras, las cuales también se tiñen con el Lugol, pero tienen la
mitad del ta-maño de la Giardia y no poseen estructuras internas. También se los
debe diferenciar de los ooquistes coccidianos más pequeños y esporocistos.
   ELISA fecal (fig. 2). Se han desarrollado análisis inmunoenzimáticos para la
detección de la giardiasis humana. Los análisis detectan antígenos fecales producidos
por los trofozoítos. Pueden ser algo más eficaces que una sola flotación para el
diagnóstico en los perros; son onerosos y presentan dificultades técnicas. No fueron
evaluados en felinos. En el hombre tienen 100% de sensibilidad y 96% de especificidad.
   Inmunofluorescencia directa. Emplea anticuerpos monoclonales con marcación
fluorescente para la detección de quistes fecales de Giardia y ooquistes de
Cryptosporidium. Es más sensible que la sucrosa y sulfato de zinc para detectar heces
infectadas, sobre todo cuando la concentración de quistes es reducida. El método
requiere instrumental especial y las muestras pueden remitirse en formol al 10% o
formol ácido acético-acetato sódico.
   Aspirados duodenales (fig. 3). El examen de aspirados duodenales recolectados
mediante gastroduodenoscopia por trofozoítos es más eficaz que el sulfato de zinc
en una sola muestra fecal de perros con giardiasis clínica. Empero, en casos
asintomáticos tiene la misma eficacia que la flotación de una sola muestra fecal.
Esto se explica por el hecho de que el organismo coloniza distintas zonas (no
siempre el duodeno) del intestino delgado en los perros asintomáticos. Los resultados
sugieren que este procedimiento es impráctico para el descarte específico de la
giardiasis excepto que se lo realice por otro motivo en un perro con sintomatología
compatible. Se irrigan 10 ml de solución salina normal mediante un tubo de polietileno
introducido a través del canal del endoscopio; la aspiración procede en forma
inmediata. La muestra es centrifugada (150 G durante 10 minutos) y con el sedimento
se hace un extendido (montaje húmedo o secado y teñido con Giemsa).
  
Prueba de la cuerda peroral. Los contenidos duodenales se obtienen mediante una
cuerda de náilon comercial, que es satisfactoria y segura en personas. De 21 pruebas
efectuadas en 18 perros con infección, ninguna fue positiva. Debido a su insensibilidad,
impracticidad y posible riesgo de ingestión de la cuerda, esta prueba no se recomienda
en caninos. No se la evaluó en felinos.

TRATAMIENTO

    La mayoría de las drogas utilizadas tienen baja eficacia o efectos colaterales serios.
En época reciente, algunos derivados benzimidazólicos (en especial albendazol)
demostraron elevada eficacia contra la Giardia in vitro y en personas. El albendazol (25
mg/kg/12 horas, bucal, durante 2 días) eliminó los quistes fecales en 18 de 20 perros
tratados (90% de eficacia). La excreción de los quistes desapareció en 5 gatos tratados
con este régimen durante 5 días. No se comprobaron efectos colaterales en estas dosis
ni en Beagles tratados a razón de 30 mg/kg/día durante 13 semanas. Como se lo
sospecha teratogénico, se contraindica en animales gestantes.

    El fenbendazol (50 mg/kg/día 3 días consecutivos, bucal) eliminó los quistes fecales
en el 100% de los perros (total 6) de un ensayo controlado. No hubo efectos colaterales
y la droga no es teratogénica. Con estas dosis pueden tratarse cachorros de 6 semanas
de vida. Los resultados su-gieren que el fenbendazol solo puede emplearse para tratar
giardiasis o descartar una infección ocul-ta (además de trichuriasis) como causa de
diarrea crónica en perros. No se lo evaluó en felinos.
    El metronidazol bucal (un nitroimidazol) es una droga clásica para la giardiasis canina
y felina (25 mg/kg/12 horas durante 5 días para perros y 12-25 mg/kg/12 horas durante
5 días para gatos). Tiene un 67% de eficacia en perros infectados y se lo asoció con la
aparición de anorexia y vómito agudos con progresión a ataxia generalizada pronunciada
y nistagmo posicional vertical. Los gatos suelen rechazarlo por su gusto desagradable.
    La quinacrina (6,6 mg/kg/12 horas durante 5 días) demostró 100% de eficacia, pero se
acompaña con letargia y fiebre hacia el fin de la terapia en cerca del 50% de los pacientes.
Estos efectos desaparecen a los 2 a 3 días de finalizar la medicación. En los gatos, dosis
más bajas (2,3 mg/kg/día durante 12 días) controlaron los signos, pero sin erradicar la
excreción de los quistes. Se la contraindica en preñadas.
    El ipronidazol, un nitroimidazol, es un aditivo para alimento y agua usado en el
tratamiento de la cabeza negra del pavo y tricomoniasis bovina. En 2 galgos fue eficaz
para tratar la giardiasis mediante el agua de bebida (126 mg/L durante 7 días y 378
mg/L por otros 7 días). El tinidazol, otro nitroimidazol, tiene igual eficacia que el
metronidazol para tratar la giardiasis. Estas drogas no fueron testeadas en detalle.
   
La furazolidona es de considerable eficacia para la giardiasis felina (4 mg/kg/12 horas
durante 5-10 días, bucal); los posibles efectos colaterales son la diarrea y el vómito. No
fue muy evaluada en caninos. Se la presume teratogénica y por ende se contraindica en
preñadas.

CONTROL

    Casi todos los ensayos sobre eficacia de drogas contra Giardia se basan en la eliminación
de los quistes fecales y no en la remoción de los organismos intestinales. Es factible que
estos compuestos no eliminen los organismos sino que inhiban la producción de quistes
durante un período. Por ello, se desconoce si los animales tratados son fuente de infección
futura. Los tratados también son fuente de infección debido a los quistes viables en el
material fecal adherido en el pelaje o presente en un medio frío y húmedo. Estos factores
son de importancia particular para el control de la infección en un criadero. Nuestro
protocolo a tal efecto se basa en: descontaminación del ambiente, uso de nuevas terapias
para tratar animales, eliminación de los quistes presentes en el pelaje y prevención de la
reintroducción del organismo. Debe establecerse una zona limpia. Si sólo hay pocos
animales es posible movilizarlos a todos durante la higiene. En un lugar grande, se crean
áreas limpias de pocas jaulas o pasillos por vez los cuales se van rotando. Los animales
no preñados se tratan con fenbendazol o albendazol durante 5 días. Toda la materia fecal
debe ser removida con prontitud. La limpieza se efectúa con vapor (de preferencia) o
compuestos de amonio cuaternario. Estos compuestos pierden mucha actividad cuando se
emplean en presencia de materia orgánica. Como los quistes son muy susceptibles a la
desecación, las zonas se dejan secar por completo después de la limpieza y de preferencia
deberían quedar secas y vacías durante varios días antes de la repoblación. Antes de
volver a la zona limpia, los animales tratados deben ser bañados con un champú general
para eliminar la materia fecal del manto. Luego de enjuagar se aplica amonio cuaternario
sobre todo en la zona perianal. Estos compuestos son irritantes de la piel y mucosas si la
exposición es repetida o prolongada, pero no son problemáticos con una exposición de 3
a 5 minutos y enjuague completo. El pelaje debe estar totalmente seco antes de reingresar
a la zona limpia. Como rutina volvemos a tratar con albendazol o fenbendazol durante otros
5 días para asegurar la destrucción completa del organismo. Desde el punto de vista teórico,
la reinfección en un área limpia es mediante transmisión con fomites o introducción de un
animal infectado. Los animales nuevos deben ser tratados y bañados antes de ingresar a la
colonia aunque sus heces sean negativas. La transmisión por fomites puede evitarse con la
limpieza física del calzado (pediluvio con amonio cuaternario) o empleo de zapatos
descartables. La evaluación periódica de las heces con sulfato de zinc establece la eficacia
del procedimiento.

SALUD PUBLICA

   Existen muchas controversias referidas al potencial zoonótico de las especies de Giardia
en los animales domésticos. Los distintos modelos experimentales ensayados sugieren que
los animales pequeños no son fundamentales en la transmisión de la infección al hombre.
De cualquier manera, hasta que las discrepancias sean oportunamente aclaradas, es prudente
la actitud cautelosa considerando un potencial zoonótico serio. Todos los gatos y perros
infectados deben ser tratados sin importar su estado clínico.

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Nota: tabla y figuras de Zajac A.M.: Giardiasis.
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* Colegio de Medicina Veterinaria del Estado de Nueva York, Universidad Cornell, Ithaca, Nueva York.
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