SVV  - Volumen 2 - Nº 1

Adenocarcinoma de sacos anales
Ross, Thomas J. y colaboradores



INTRODUCCION

    La neoplasia perineal más común y tercer tumor cutáneo más prevalente en los
perros es el adenoma de glándulas circunanales, también conocido como adenoma
de glándulas perineales. Esta por lo general es una neoplasia benigna de los machos
gerontes. En contraste, los registros de tumores originados en los sacos anales son
raros, si bien un estudio de 7000 neoplasias caninas reveló que el cáncer más
corriente de las perras añosas es el adenocarcinoma de las glándulas apocrinas del
saco anal (ACSA); los machos enferman de manera ocasional.

    El ACSA es un tumor muy maligno que invade los tejidos blandos circundantes y
con regularidad hace metástasis en las linfoglándulas regionales. Por lo regular, el
ACSA cursa con un proceso paraneoplásico que redunda en hipercalcemia/
hipofosfatemia persistentes. La ablación quirúrgica de la masa anal primaria es
el tratamiento recomendado; también se sugirió la escisión de las metástasis
regionales. La quimioterapia se intentó en contadas oportunidades sin que se
estableciera su eficacia.

MATERIALES Y METODOS

    Entre 1982 y 1988 se diagnosticaron 34 casos de ACSA en el Centro Médico Animal.
En este estudio retrospectivo se juzgaron convenientes los registros médicos de 32
pacientes. El diagnóstico de ACSA se realizó mediante examen histológico de tejido
obtenido durante la tumorectomía en 27/32. En 1 se practicó biopsia incisional de una
masa voluminosa y en 3 se hicieron muestreos escisionales de adenomegalias (ilíaca y
lumbar); estos últimos 3 casos no mostraron indicios de masa perineal. En 1 se
procedió con extirpación de lóbulo pulmonar caudal derecho y biopsia de nódulo solitario.
    Para las operaciones se realizaron incisiones curvilineales o elípticas alrededor del
saco afectado y para extraer la masa se empleó la disección roma y aguda. En 9 se
requirió anoplastia parcial para la ablación tumoral total con remoción del músculo
esfinteriano. En otro caso, la anoplastia fue hecha para una masa recurrente 30 meses
después de la escisión simple. Las anoplastias parciales se completaron con un cierre en
dos planos de material sintético (absorbible o no) en un patrón interrumpido simple. La
primera capa unía subcutáneo a la adventicia externa y muscular del recto, mientras
que la segunda enfrentaba mucosa y piel hasta culminar la síntesis. Se colocaron
drenajes de Penrose.
    En 13 pacientes hubo linfadenopatía ilíaca según los resultados del examen rectal y
radiológico, y en 10 se realizó laparotomía exploratoria por la línea alba.
    Antes de la intervención se calcularon las calcemias con la fórmula del calcio ajustado
(mg/dl) = calcemia (mg/dl) – albuminemia (g/dl) + 3,5. En 8 casos con valores mayores
de 11,6 mg/dl se inició diuresis con ClNa y la cirugía se pospuso hasta la normalización
de la calcemia. Para incrementar la calciuresis en 6 casos se empleó furosemida.

RESULTADOS

    La edad promedio en el momento del diagnóstico fue de 10,8 años (5-17 años); 30
pacientes eran hembras (26 esterilizadas y 4 enteras)  y  el resto machos castrados; 13
casos correspondieron a mestizos y la raza más representada fue el Pastor alsaciano(4).
    Los signos clínicos (tabla 1) se observaron durante 1 día a 5 meses antes de la
consulta. En 19 animales la consulta fue debido a que el propietario notó una masa
perineal (9) o dificultad en la defecación (10). En 11 la masa perineal se encontró de
manera incidental durante el tacto rectal. En todos los casos los tumores se palpaban
por recto, con un diámetro de 0,2 a 10 cm. El asiento en 15 casos fue el saco anal
derecho, en 14 el izquierdo y en 3 ambos.
    Los resultados clinicopatológicos detectaron leucocitosis (8), 3 con desvío a la
izquierda y 1 con anemia leve. Ocho tuvieron hipercalcemia (rango de 12,1 a más de
16,6 mg/dl), 6 de ellos hipofosfatemia (rango de 1,5 a 2,9 mg/dl), 1 normofosfatemia
y el restante hiperfosfatemia por falla renal secundaria a amiloidosis.
    La radiología torácica preoperatoria se indicó en los 32 y la abdominal en 29, con
detección de metástasis en el 53%. En las placas abdominales se comprobó
linfadenopatía ilíaca en 13, efusión peritoneal en 1 y osteólisis vertebral (L4) en 1.
En un caso hubo osteopatía hipertrófica en los 4 miembros. Las placas torácicas
demostraron nódulos pulmonares en 4. Tres tuvieron metástasis en más de un punto.
En 2 casos las radiografías de seguimiento revelaron metástasis posoperatoria (ilíaca
y pulmonar). Un estudio ecográfico abdominal sugirió linfadenopatía ilíaca y nódulos
hepatoesplénicos confirmados como metástasis en la necropsia.
    De los operados (27), en 25 se procedió con ablación unilateral y en 2 bilateral. En
la mayoría de los casos, el saco anal afectado no se reconocía en la cirugía. De las 10
laparotomías (5 con ablación del ACSA y 5 sin ella) se extrajeron los ganglios ilíacos
en 8; en 1 la masa sublumbar era inoperable y en el restante, si bien había
adenomegalia ilíaca no se la eliminó por las múltiples metástasis en hígado y bazo.
La mayoría de los ganglios enfermos estaban bien encapsulados pero con
vascularización abundante. En los 5 casos sin tumorectomía, la lesión primaria era
un componente menor de su estado clínico global. En 1 el diagnóstico se confirmó
luego de la escisión y biopsia de un tumor en el lóbulo pulmonar caudal derecho; el
animal tenía osteopatía hipertrófica y desarrolló metástasis en la vértebra L4. En 3
(con linfadenectomía): 1 murió en el posoperatorio inmediato y los otros 2 se
sacrificaron por amiloidosis renal y paraparesis. En el quinto se juzgó como inoperable.
    El panel bioquímico posquirúrgico mostró normalización de la calcemia en 7 de 8
casos; lo mismo sucedió en 4 de 6 hipofosfatémicos; 1 presentó hipercalcemia/
hipofosfatemia persistentes y otro algo de hipofosfatemia pero normocalcemia.
    Durante la primera semana de posoperatorio murieron 5: 1 por hemorragia profusa
en la linfadenectomía ilíaca, otro por choque séptico relacionado a una anoplastia de
180° y 3 sufrieron eutanasia (hipertermia/letargia; amiloidosis renal; adenomegalia
inoperable).
    Hacia las 2 semanas de posoperatorio, las complicaciones comprendieron
incontinencia fecal (coprocrasia) leve a moderada en 5 casos. En 2 resolvió; 1 tuvo
saculectomía bilateral y anoplastia de 180° y el otro tumorectomía simple. En 3 la
coprocrasia fue permanente, estos sufrieron anoplastias parciales de 120, 180 y 270°.
Las complicaciones infecciosas se dieron en 4: 2 con infección menor de la incisión
perineal y 2 con desenlace fatal (choque séptico y eutanasia por hipertermia/letargia).
En 2 perros con linfadenectomía ilíaca se produjo incontinencia urinaria (uracratia)
por rebalse. En 1 la uracratia resolvió a los 2 meses y el otro se controló con
fenilpropanolamina durante 9 meses, en cuyo momento se lo sacrificó por recurrencia
tumoral.
    Se tabularon las causas de mortalidad en 22 casos (tabla 2); en el resto el tiempo
de sobrevida promedio fue de 12,7 meses (mediana 8,3 meses; rango 1,5-39 meses).
La mortalidad de estos se relacionó con metástasis o tumor recurrente, poliuria/
polidipsia persistentes, coprocrasia, debilidad geriátrica y motivos desconocidos (2
casos).
    Para evaluar los factores pronósticos asociados con la enfermedad se categorizaron
21 pacientes comparando sus sobrevidas. Las categorías se basaron en la calcemia y
evidencia de metástasis preoperatorias; 5 fueron hipercalcémicos y el tiempo de
supervivencia media fue de 12 meses (rango 2-39 meses), los restantes eran
normocalcémicos con sobrevida de 12,9 meses (rango 1,5-35 meses). El tiempo de
sobrevida promedio para los 11 casos con metástasis fue de 9,9 meses (rango 1,5-39
meses) y para los 10 sin ella fue de 15,8 meses (rango 3-35 meses).
    De 24 perros seguidos durante un mínimo de 3 meses, 12 padecieron recurrencia;
7 a nivel local (confirmada por examen rectal) y 5 a nivel sublumbar (confirmada con
radiología abdominal).

DISCUSION

    Las manifestaciones clínicas más comunes son las referibles a una masa perineal
visible y obstrucción rectal parcial. Empero, el ACSA fue un proceso oculto en 11 de
32 pacientes, lo cual destaca la importancia de la palpación rectal como parte de una
revisación física completa. En nuestra serie, apenas la mitad de los hipercalcémicos
se examinaron debido a poliuria/polidipsia; los otros se descubrieron en el panel
bioquímico de rutina. Los signos de nuestros casos no documentados con
anterioridad comprendieron: tos crónica, osteopatía hipertrófica y edema de tren
posterior (unilateral y bilateral); en ocasiones estos eran la única anormalidad.
    La hipercalcemia/hipofosfatemia se describen con frecuencia en el ACSA. En este
estudio el 26% tuvo hipercalcemia y 6 de ellos hipofosfatemia. En un informe de 36
casos, 20 de 22 fueron hipercalcémicos y 12 de 17 hipofosfatémicos. En otro trabajo
sobre 14 casos, uno estudiado en profundidad exhibió hipercalcemia/hipofosfatemia.
En una comunicación donde sólo se midió calcemia, 7 de 11 animales fueron
hipercalcémicos.

   La normalización de los valores posoperatorios también fue destacada por otros
autores. El mecanismo hipercalcemiante no se conoce del todo, pero se postuló la
elaboración de una sustancia bioactiva por las células tumorales que induce resorción
ósea. Esta sustancia también incrementaría la calciuresis/fosfaturia manteniendo
niveles normales de la 1,25-dihidroxivitamina D a pesar de la hipercalcemia. La
sustancia humoral no se identificó pero sería diferente de la PTH inmunorreactiva o
PGE
2, dos factores osteolíticos conocidos.
   La hipercalcemia no es un rasgo clínico constante en el ACSA canino. En el estudio
presente, el 75% de los pacientes fueron normocalcémicos. Se propusieron dos
explicaciones. Una teoría señala que se requiere cierto grado de diferenciación para
la producción de sustancias humorales y que las células tumorales escasamente
diferenciadas son afuncionales. Sin embargo, no se encontraron diferencias
histológicas evidentes entre tumores con hipercalcemia o sin ella. Una segunda
teoría sugiere como requisito cierto volumen tumoral para elaborar suficiente
sustancia humoral con impacto sobre la calcemia. La normalización de la calcemia
en los casos de ablación completa o citorreducción sustancial apoya este supuesto.
Las calcemias podrían ser aprovechadas para vigilar la recurrencia o metástasis,
pero no deberían ser el único medio de control.

   Para indagar la metástasis ganglionar ilíaca se indican la radiología abdominal y
palpación. En 3 casos con ACSA menor de 1 cm
3 había afectación ganglionar en el
momento del diagnóstico sugiriendo que la metástasis regional es temprana debido
a la abundancia de linfoductos perineales.

    Para reducir las complicaciones posoperatorias se recomienda respetar al máximo
el esfínter anal durante la tumorectomía y preservar la inervación esfinteriana vesical
si se realiza la linfadenectomía ilíaca.
    Sobre la base de los resultados de nuestra investigación, el ACSA es una neoplasia
de elevada malignidad con altas tasas de recurrencia y metástasis. Los asientos de
metástasis son los ganglios lumbares e ilíacos (47%), pulmón (53%), páncreas,
mediastino, glándulas adrenales, médula espinal, hígado y bazo. El tiempo de
supervivencia guarda correlación inversa con la hipercalcemia y presencia de
metástasis en el diagnóstico. Como los perros con enfermedad más avanzada tienen
peor pronóstico, la detección precoz del ACSA es importante para mejorar la
prognosis.
    Los motivos más frecuentes de muerte en los sobrevivientes a largo plazo se
relacionan con el tumor. En nuestra serie al menos 15 de 27 fallecieron por la
enfermedad o su tratamiento. Al momento de concluir este trabajo, 5 pacientes
vivían, 3 de ellos con recurrencia del ACSA (2 local, 1 ganglionar).
    El ACSA es un tumor maligno que afecta con mayor predominio a las perras
gerontes. Su alta tasa de metástasis ganglionar regional y asociación con
hipercalcemia son consideraciones importantes para el tratamiento y
supervivencia. Para el mejor pronóstico se recomienda la tumorectomía
completa y temprana. La escisión de las lesiones metastáticas en pacientes
con signos o sin ellos podría recomendarse con la esperanza de modificar el
curso clínico, pero según los datos de nuestro estudio es imposible deducir
una mejoría en el tiempo de sobrevida. Los enfermos deben ser vigilados en
forma periódica con tacto rectal y radiografías torácicas/abdominales para
determinar la recurrencia o metástasis del ACSA. Los propietarios deben ser
advertidos sobre las complicaciones quirúrgicas factibles y el pronóstico
reservado a largo plazo.

LECTURAS SUGERIDAS

Mueten DJ, Cooper BJ, Capen CC, Chew DJ, Kociba GJ. Hypercalcemia associated with an
adenocarcinoma derived from the apocrine glands of the anal sac. Vet Pathol 1981; 18:454-71.

Goldschmidt MH, Zoltowski C. Anal sac gland adenocarcinoma in the dog. J Small Anim Pract
1981;22:119-28.

White RAS, Gorman NT. The clinical diagnosis and management of rectal and pararectal
tumours in the dog. J Small Anim Pract 1987; 28:87-l07

Nielsen SW, Aftosmis J. Canine perineal gland tumors. J Am Vet Med Assoc 1964;144:127-35.

Anderson RK. Anal sac disease and its related dermatoses. Comp Cont Ed 1984; 6:829-37.

Mueten DJ. Hypercalcemia. Vet Clin North Am [Small Anim Pract] 1984; 14:891-910.

Rubin S, Shivaprasad HL. Hypercalcemia associated with an anal sac adenocarcinoma in a
castrated male dog. Comp Cont Ed 1985; 7:348-52.

Hause WR, Stevenson S, Meuten DJ, Capen CC. Pseudohyperparathyroidism associated with
adenocarcinomas of anal sac origin in four dogs. J Am Anim Hosp Assoc 1981; 17:373-9.

Weller RE. Cancer-associated hypercalcemia in companion animals. Comp Cont Ed 1984; 6:639-46.

Meuten DJ, Chew DJ, Capen CC, Kociba GJ. Relationship of serum total calcium to albumin and
total protein in dogs. J Am Vet Med Assoc 1982; l80:63-7

Meuten DJ, Segre GV, Capen CC. et al. Hypercalcemia in dogs with adenocarcinoma derived
from apocrine glands of the anal sac: biochemical and histomorphometric investigations. Lab
Invest 1983; 48:428-35.