Moquillo
Las patologías inflamatorias, como el mquillo, son habituales en la clínica neurológica de los pequeños animales. Aunque pueden afectar a sujetos de cualquier edad, los cachorros y animales jóvenes suelen verse involucrados con mayor frecuencia. En general, estas patologías son de presentación aguda o subaguda, y de curso progresivo en ausencia de terapia. la localización de las lesiones es multifocal o difusa, pues suelen interesar ampliamente a varias regiones del Sn. Este cuadro clínico no está exento de excepciones.
27 de Junio de 2011: Por Valentina Lorenzo Fernández. Marco Bernardini
Introducción
Las patologías inflamatorias, como el mquillo, son habituales en la clínica neurológica de los pequeños animales. Aunque pueden afectar a sujetos de cualquier edad, los cachorros y animales jóvenes suelen verse involucrados con mayor frecuencia. En general, estas patologías son de presentación aguda o subaguda, y de curso progresivo en ausencia de terapia. La localización de las lesiones es multifocal o difusa, pues suelen interesar ampliamente a varias regiones del SN. Este cuadro clínico no está exento de excepciones.
El dolor es probablemente el siglo clínico más evidente y constante, y puede ser tan marcado como para causar cambios repentinos de comportamiento en el animal. En ocasiones, puede incluso ser el único síntoma presente, si no hay afectación directa del parénquima nervioso, como en el caso de meningitis puras o infecciones vertebrales.
La hipertermia febril y las variaciones del hemograma, típicas de las enfermedades inflamatorias, se presentan por lo general cuando el proceso del SN tiene un origen sistémico, pero suelen estar ausentes en las formas puramente nerviosas.
El análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) es fundamental para el diagnóstico, y confirmará la presencia de un estado inflamatorio. Las alteraciones celulares presentes en general no son diagnósticas de una enfermedad en particular, pero ofrecen información sobre el tipo de enfermedad (viral, protozoaria, etc.). El diagnóstico definitivo puede obtenerse mediante pruebas específicas para cada enfermedad en suero y LCR.
Etiología
El agente causante del moquillo es un morbilivirus perteneciente a la familia Paramyxoviridae, que aparentemente fue importado a España desde Perú en el siglo XvII, y se extendió después a otros países europeos. Se trata de un virus ARN, estrechamente relacionado con el del sarampión humano y el de la peste bovina. Se han aislado varias cepas pertenecientes a un solo serotipo.
Epizootiología e incidencia
Entre los animales domésticos, el moquillo afecta sólo al perro; pero también se encuentra en lobos, coyotes, zorros, mapaches, varios mustélidos, delfines, leones, tigres, leopardos y otros animales. Si bien no tiene tanta difusión como antaño, representa la patología inflamatoria del SNC más difundida en el perro y puede considerarse relativamente frecuente en los cachorros, aunque también los adultos pueden verse afectados. Las razas braquicefálicas parecen más resistentes que las dolicocefálicas.
Patogenia
Excepto los raros casos de infección in útero, el virus penetra por vía respiratoria e invade los órganos linfoides, antes de esparcirse por vía hematógena, y provocar generalmente una inflamación catarral de los aparatos respiratorio y/o digestivo.
La fase sistémica se caracteriza por inmunosupresión y con cierta probabilidad compromete desde el inicio al SNC, independientemente de que se desarrollen o no síntomas neurológicos. El virus se encuentra en las células endoteliales de los vasos meníngeos, cerebrales y de los plexos coroideos, y también se ven afectados los astrocitos. Desde aquí interesa progresivamente a las estructuras subpiales y subependimarias, antes de difundirse al resto del SnC por medio de linfocitos infectados. El virus induce de manera temprana una linfopenia, cuyo grado está relacionado con la gravedad de la enfermedad y la persistencia del virus en el tejido linfoide y el SnC; los mecanismos de apoptosis están involucrados en esta depleción linfoide, e influyen en la inmunosupresión. El grado de afectación del SnC depende de la cepa viral y del estado inmunitario del huésped (ligado a edad, estado de vacunación y eventuales enfermedades concomitantes). Aunque de naturaleza infecciosa, el moquillo nervioso es principalmente una enfermedad desmielinizante. no parece infectar de manera directa a los oligodendrocitos productores de mielina en el SnC, sino a los macrófagos y astrocitos. En las fases tempranas de la infección, la desmielinización se asocia a la replicación viral en la sustancia blanca, con lo que se produce una infección restringida de los oligodendrocitos, sin evidencia de necrosis ni apoptosis, y una activación de la microglia, que alteran la producción de mielina. los cuadros francamente inflamatorios se presentan en la fase crónica, en la cual es posible detectar una producción intratecal de inmunoglobulinas, y la desmielinización crónica inflamatoria es consecuencia de la interacción entre los macrófagos y estos anticuerpos antivirales. los mecanismos que inducen la desmielinización son todavía objeto de estudio y de particular interés, pues podrían ayudar a la comprensión de este proceso en la esclerosis múltiple del hombre.
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Síntomas
La sintomatología varía en función de la cepa viral, de la edad y del estado de inmunocompetencia del individuo.
En animales muy jóvenes (de pocas semanas o meses) o inmunocomprometidos, generalmente se observan signos inespecífícos, como inapetencia y fiebre, seguidos de síntomas más o menos marcados, relativos a las vías respiratorias y al aparato digestivo, así como descarga ocular mucopurulenta. El virus también puede colonizar y lesionar la epidermis de las almohadillas plantares. los animales infectados precozmente pueden presentar hipoplasia del esmalte dental, mientras que otros pueden desarrollar una osteoesclerosis metafisaria de los huesos largos. la sintomatología nerviosa puede manifestarse 2 o 3 semanas después en un episodio de síntomas respiratorios o digestivos, que la mayor parte de las veces pueden pasar inadvertidos. Así pues, no debe excluirse el moquillo en el diagnóstico diferencial de enfermedades del SNC sólo por ausencia clínica o anamnésica de signos sistémicos. Muchos de estos animales sucumben en pocos días, tras haber manifestado por lo general síntomas vestibulares, cerebelares, ataxia, paresia, convulsiones y déficits visuales. En ocasiones, pueden encontrarse también déficit olfatorio, incontinencia urinaria y fecal y priapismo. Relativamente pocos animales -los dotados de una buena respuesta inmunitaria- manifiestan síntomas neurológicos leves que remiten. En otros, la sintomatología puede tender a cronificar y progresar durante varias semanas, y no tener necesariamente un desarrollo fatal. las formas recidivantes son anecdóticas. En esta fase pueden aparecer también temblores. Aunque no es patognomónico del moquillo, el mioclono se asocia a esta enfermedad muchas veces, y se manifiesta en perros que superan la fase aguda, como episodios continuos de contracción del mismo músculo o grupo muscular, con frecuencia en las extremidades o la cabeza. Su origen parece deberse a lesiones focales en la médula o en los núcleos basales, que inducen hiperexcitabilidad de la MNI.
No es posible establecer qué perros desarrollarán la forma neurológica; según algunos autores, los animales en los cuales aparece hiperqueratosis plantar y nasal son más propensos a manifestarla, al contrario de los que desarrollan una dermatitis pustulosa. Debido a la acción inmunosupresora del virus, se han descrito infecciones concomitantes causadas por Neospora canimum, Toxoplasma gondii, Pneumocystis carinii y Cryptosporidium.
Diagnóstico
A menudo puede originarse una sospecha de infección por moquillo sobre la base de la historia clínica. En el hemograma se suele destacar una linfopenia grave, acompañada en ocasiones de otras alteraciones menos significativas. Rara vez pueden encontrarse cuerpos de inclusión en leucocitos y eritrocitos. la bioquímica hemática no es específica. la presencia en el suero de IgM específicas indica una infección reciente.
El examen del lCR puede ser negativo en las formas de componente inflamatorio escaso o ausente; por ello, no puede excluirse la posibilidad de una infección por virus del moquillo basándose en un lCR normal; incluso, paradójicamente, la ausencia de alteraciones en el LCR en individuos con sospecha fuerte de una forma inflamatoria/infecciosa, tiende a aumentar la presunción de infección por moquillo. En las formas inflamatorias, se observa un aumento del componente proteico y pleocitosis mononuclear de carácter leve (< 50-100 células/μl) (fig. 1). El hallazgo de cuerpos de inclusión intracitoplásmicos y eosinofílicos en las células del LCR es prácticamente diagnóstico, pero ocurre rara vez.
Otro método diagnóstico, no específico para esta infección, consiste en la demostración de una producción intratecal de inmunoglobulinas contra el virus, es decir, de una concentración mayor de IGG en el LCR que en el suero. Este método requiere de un laboratorio experimentado y está sujeto a resultados equívocos por posibles contaminaciones de la muestra. Probablemente, el mejor método para el diagnóstico del moquillo nervioso consiste en demostrar la presencia de virus en las células del LCR mediante métodos de inmunofluorescencia. Esta técnica puede arrojar falsos negativos a causa de una baja celularidad en la muestra o por la presencia de anticuerpos que, ligándose a los antígenos virales, obstaculizan la realización del test. la realización de un electroencefalograma (EEG) puede ayudar en el diagnóstico.
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En conclusión, el diagnóstico antemortem del moquillo puede ser difícil y, en ocasiones, no factible. El empleo de técnicas de PCR y RT-PCR (reacción en cadena de la polimerasa transcriptasa inversa) en el lCR parece ofrecer un método diagnóstico sensible y específico.
El diagnóstico final es anatomopatológico. En la encefalitis aguda se observan alteraciones tanto en la sustancia gris como en la blanca. la invasión de las neuronas de las cortezas cerebral y cerebelar y de los núcleos del tronco encefálico por parte del virus puede causar pocos cambios antes de llegar a la necrosis neuronal y a cuadros de gliosis. En la sustancia blanca se observan una grave desmielinización y degeneración espongiforme, que se contraponen a un escaso componente inflamatorio, que inicialmente afecta en mayor medida al cerebelo, nervio óptico y médula espinal (fig. 2). El cuadro se completa con la presencia de cuerpos de inclusión intracitoplásmicos e intranucleares y gliosis de las sustancias gris y blanca (fig. 3).
Finalmente, en la forma crónica, la sustancia blanca comienza a presentar un cuadro inflamatorio con la presencia de manguitos perivasculares de células mononucleares. los macrófagos y radicales libres colaboran en hacer la desmielinización más marcada.
Tratamiento
El tratamiento es fundamentalmente sintomático y de sostén para las formas respiratorias, digestivas y oculares, y no existe en la práctica para la forma nerviosa. las complicaciones bacterianas deben tratarse con terapia antibiótica, teniendo presentes las indicaciones y contraindicaciones de cada fármaco. las mioclonías no son tratables, mientras que las secuelas convulsivas deben recibir el mismo tratamiento sintomático que la epilepsia idiopática.
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Pronóstico
El moquillo en su forma nerviosa presenta un alto porcentaje de muerte espontánea, por lo cual el pronóstico siempre es reservado. En ocasiones, es aconsejable la eutanasia, si aparecen síntomas imposibles de controlar (por ej., crisis convulsivas), o si las condiciones del animal no son compatibles con una calidad de vida digna. Existen, sin embargo, casos en los cuales las secuelas neurológicas no obstaculizan la posibilidad de llevar una vida aceptable, por lo cual el diagnóstico del moquillo nervioso no debe implicar automáticamente la eutanasia.
Prevención
Desde hace tiempo existen vacunas atenuadas que ofrecen una protección adecuada a los perros y que han inducido una drástica disminución de la patología durante los últimos años. la protección materna no es completa, especialmente contra la forma nerviosa, pues esta última se describe con frecuencia también en individuos vacunados.
En ocasiones, la propia vacuna puede ser causa de enfermedad neurológica. Ésta puede manifestarse en las primeras 2 semanas después de la aplicación o en cachorros de pocos días de vida, si la madre se ha vacunado durante la preñez o a los pocos días del parto. También en estos casos, la sintomatología puede ser variable y depende, como en la forma adquirida, de la localización de las lesiones; asimismo, son frecuentes las crisis convulsivantes. Se ha descrito también un episodio de cataplejía-narcolepsia. El examen del lCR ofrece resultados semejantes en esta forma que en los casos espontáneos de moquillo. Realmente, no es posible verificar si la vacunación es la causa de la enfermedad, sino que se sospecha debido al breve lapso de tiempo transcurrido entre la aplicación y la sintomatología, y a la aparición de síntomas nerviosos sin ningún signo sistémico.
Lecturas sugeridas
Véase la obra de referencia.
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